Nosotros destruimos la Navidad

«Cortylandia es napalm». Durante estos días, muchos de vosotros y vosotras nos habéis pedido rescatar la acción que hace años hicimos contra Cortylandia. «No a todo el mundo le gusta Cortylandia. Hace unos años un grupo antisistema repartió un CD entre el público con el mensaje “Cortylandia es napalm” escondido en un villancico que desvelaba quiénes son los Reyes y animaba a los niños a huir del consumismo». Esto fue lo que dijo el periódico El País, hace unos años, en un artículo que analizaba la fama del espectáculo que cada año al llegar las Navidades organiza El Corte Inglés, y que hablaba de la acción que hicimos hace ya mucho tiempo: «Hoy Cortylandia es un hito que atrae a miles de turistas», afirmaba el diario. La calle repleta, una gigantesca estructura frente a la fachada de los grandes almacenes, cientos de familias agolpadas y dispuestas a presenciar un derroche de música, colorido y mensajes navideños.

Hay que aclarar que sucedió en los años (concretamente en 2008) en los que esta Sociedad Secreta se dedicada a otros menesteres, como los propios de la guerrilla cultural. Así que ¡aquí lo tenéis! Este fue el comunicado que difundimos al día siguiente, en el que adjuntábamos la grabación. La hicimos en casa de un buen amigo y uno de nuestros ilustradores favoritos, y aquella mañana, cuando se inauguró Cortylandia, repartimos medio centenar de CDs con esta atrocidad.

 Carátula del villancico que repartimos

Carátula del villancico que repartimos

«El pasado jueves 20 de diciembre, un grupo de personas llevaron a cabo una acción en uno de los centros neurálgicos del consumismo navideño, El Corte Inglés, y efectuaron su plan introduciéndose entre el gentío atónito ante uno de los más llamativos espectáculos de estas fechas, el mísero escaparate lúdico navideño: Cortylandia.

A pesar de la lluvia, varios centenares de personas se agolpaban viendo a los populares y ridículos muñecos cantar el tema navideño que hace honor a esos grandes almacenes. Todo de cara a los más pequeños, desde los primeros años, y todo dirigido al disfrute del consumidor satisfecho.

Muchos de ellos llevaban ya sus bolsas de regalos; otros esperaban a que terminase el espectáculo para comenzar sus compras. Mientras los autómatas cantaban su canción y aquellos que a menudo se comportan como tales los contemplaban absortos, emprendimos nuestra acción, consistente en repartir gratuitamente entre los presentes un CD de villancicos muy especial: solo contenía un villancico que, tras un minuto, se interrumpía para dar paso a la voz de una compañera que leía un comunicado, “Cortylandia es napalm”. Varias decenas de personas se fueron a su casa felices, con su CD de regalo. Esperemos que estas Navidades, cuando se dispongan a escucharlo en familia, a más de uno se le atraganten los deliciosos polvorones. Pensarán quizá que hemos usurpado la rutina habitual de cada año y el dulce ambiente mononucleósico familiar. Así es. Nuestro mensaje no es nuevo, no diremos nada que no haya sido dicho con anterioridad, más justamente, ante el escenario del engaño, nuestro pesar toma aliento y escogemos las formas en que podamos ser escuchados para introducirnos en sus hogares, romper la hipocresía, exponer aquello que es raíz de todo cuanto nos es brutalmente dañino y bien lo saben y aún así no admiten, pues ya sabemos que la aceptación es transitoriamente dolorosa...

Es probable, pues no somos optimistas, que esto no vaya a cambiar nada. Escucharán atónitos y después seguirán cenando como si nada. Pero quizá algún tímido oído ande despierto esa noche y al ensancharse quiera decirle a los ojos que observen y a la mente que pregunte y averigüe... Hoy nada puede ser tan fácilmente alegre y despreocupado y ansiamos que lo sepan. Cortylandia es napalm. La Sociedad de la Abundancia es napalm y algún día la lluvia llegará también hasta sus hogares y no podrán refugiarse en ningún lugar».