La guerrilla urbana de Lemmy

Londres vivía una terrible campaña de bombas a manos del IRA. Todo el país se hallaba preso del pánico antirrepublicano. Las revueltas de 1968, aunque desde aquello habían transcurrido tan solo cinco años, parecían pertenecer a un pasado periclitado, algo que provenía de un lugar muy remoto. Así que un single como «Urban Guerrilla», publicado por una banda como Hawkwind, abrasiva y extrema, intensamente poderosa y mano derecha del underground inglés (uno de los grupos de rock favoritos de publicaciones como International Times o la más política Frendz), no sentó nada bien en la BBC.

Hawkwind con Lemmy, el segundo por la derecha

Hawkwind con Lemmy, el segundo por la derecha

La canción fue automáticamente «baneada». Muchos la interpretaron como un canto en defensa del combate callejero y el cóctel molotov. Su letra podía servir de epitafio a la generación del amor: «No me hables de amor, flores y otras cosas que no explotan. Nosotros usamos y llevamos hacia arriba nuestros poderes mágicos». A pesar de ello, la canción, que vio la luz en julio de 1973 y que sonaba como una pieza realmente comercial, alcanzó el puesto número 39 de las listas nacionales de singles. Era pegadiza, alejada de las largas, extrañas e hipnóticas composiciones de Hawkwind, y casi pensada para que sonase en la radio.

Single original de Urban Guerrilla (1973)

Single original de Urban Guerrilla (1973)

 

Pero los atentados se sucedían. El propio letrista, el cantante Robert Calvert, reconoció que la canción se convirtió en un problema para Hawkwind y, durante varios años, desapareció de los shows del grupo. Calvert y los miembros de la banda intentaron defenderse de las acusaciones, afirmando que la canción era «irónica» y que no tenía nada que ver con el IRA ni el independentismo irlandés. Fue Lemmy, entonces bajista del grupo (sería expulsado poco después por su conducta desestabilizadora y extrema con el uso de las drogas), quien explicó de qué trataba «Urban Guerrilla»: «Hicimos un concierto benéfico para los 8 de Stoke Newington. Eran anarquistas pertenecientes a la Angry Brigade, que fueron detenidos mientras hacían bombas en su apartamento. La canción trataba de ellos», afirmó en el libro de Carol Clerk, The Saga of Hawkwind.

Hawkwind

Hawkwind

Entre 1970 y 1972, un fantasmal grupo de activistas ingleses, conocidos como la Angry Brigade, atacó con explosivos y armas edificios del gobierno, residencias de diputados, y amenazó directamente al entonces Primer Ministro Edward Heath, a quien le enviaron una escueta nota que advertía: «Nos estamos acercando». El final del grupo, tras una gran campaña de atentados en los que evitaron cualquier daño a personas, llegó cuando varios de ellos fueron detenidos en la comuna en la que vivían en posesión de explosivos y armas. Los detenidos eran ocho y fueron llamados «los 8 de Stoke Newington». El juicio contra los miembros del grupo armado, una mezcla de anarquismo con ideas situacionistas, había comenzado un año antes, en mayo de 1972, y numerosos grupos de rock, como Pink Fairies o Edgar Broughton Band, entre otros, se involucraron en actos de solidaridad para cubrir los gastos de la defensa legal.

Armas y explosivos encontrados en la comuna de la Angry Brigade

Armas y explosivos encontrados en la comuna de la Angry Brigade

La canción fue el principio de una serie de problemas de Hawkwind con la policía. La casa de Nik Turner, saxofonista del grupo, fue registrada por los agentes, aunque al parecer se debió a sus supuestas conexiones con el capítulo inglés de los Ángeles del Infierno que por entonces ya se deslizaba por la pendiente del crimen (asesinatos y tráfico de drogas). Tanto a Nik como a Lemmy le gustaban las grandes motos y las broncas, y los problemas solían sucederse.

La casa de Ministro de Trabajo Robert Carr tras el atentado de la Angry Brigade

La casa de Ministro de Trabajo Robert Carr tras el atentado de la Angry Brigade

Lemmy tenía claro que formaban parte de un movimiento con una gran carga política. Sus performances, en las que combinaban juegos de luces, psicodelia y un sonido atroz, representaban el final de las negociaciones y de los veranos del amor: «Definitivamente, sabíamos que formábamos parte de un movimiento revolucionario. No algo hippie ni nada de eso, sino de algo mucho más inmediato», afirmó. Nada hippie.