En el Valle de la Muerte: un pionero del fotoperiodismo en la Guerra de Crimea (1853-1856)

Un fotógrafo victoriano, famoso hasta entonces por sus bodegones y escenas campestres, viajó a Sebastopol para registrar con su cámara el primer conflicto bélico moderno. Sin proponérselo, inventó el fotoperiodismo y anticipó los efectos de las dos grandes guerras del Novecientos.


Cuando Vladimir Putin firmó la anexión de Crimea en 2014, asegurando que la península "es una parte inalienable" de Rusia, los historiadores se llevaron las manos a la cabeza. En 1853, el imperio de los Romanov que descansaba sobre la cabeza de Nicolás I, quiso aprovechar la agonía del Imperio otomano de los sultanes para crecer territorialmente y ampliar mercados. Con la disputa religiosa entre católicos y ortodoxos de por medio, los rusos se enfrentaron a la flota turca en el Danubio y acabaron invadiendo de Moldavia y Valaquia (en la actual Rumania). Los paralelismos actuales son más que evidentes. Y algo similar ocurrió con su cobertura mediática.

Antes incluso de que Francia y Gran Bretaña tomaran partido en la guerra, la prestigiosa publicación inglesa The Practical Mechanics Journal alentaba que la fotografía se utilizara para "obtener registros innegablemente precisos de las realidades de la guerra y su escenario contingente, sus luchas, sus fracasos y triunfos". Así fue como la pericia técnica de Robert Fenton fue puesta a prueba en un entorno hostil y mortífero; pero ni el clima extremo ni las limitaciones de su equipo portátil consiguieron doblegarle. Trabajó con cámaras gran formato que requerían largos tiempos de exposición, y cada placa debía revelarse inmediatamente después de la exposición para evitar que la emulsión se secara. En semejantes circunstancias, hubiera sido imposible capturar instantáneas reales de la contienda. Cuesta imaginárselo manteniendo el pulso firme, mientras manipulaba líquidos altamente inflamables en el interior de su cuarto oscuro portátil, a escasas millas de la línea del frente. Sin ir más lejos. el carromato en el que viajaba con su ayudante no se diferenciaba a simple vista del de un viajante de bebidas espirituosas, convirtiéndolo en un objetivo especialmente tentador para la artillería rusa.

La furgoneta fotográfica de Roger Fenton (1855,) Colección de la Royal Photographic Society..

Existe cierto consenso entre los historiadores que señalan al abuso del alcohol como uno de los factores que determinaron la derrota de Rusia. El comercio de vodka se había convertido en la principal fuente de ingresos del zar Nicolás I y no tardaría en derrocarlo. Los reclutas, en su mayoría campesinos indisciplinados y desencantados con la vida castrense, protagonizaron penosas desbandadas ante la ineptitud de un alto mando corrupto y ebrio. El propio Fenton recogió en uno de sus diarios el testimonio de un soldado que luchó en la batalla del río Alma: «Durante las cinco horas que duró la batalla no vimos ni recibimos orden alguna de nuestros superiores, ni para avanzar ni para retirarnos; y cuando por fin lo hicimos, nadie sabía si debíamos hacerlo hacia la derecha o a hacia la izquierda».

Si bien es cierto que las imágenes de Fenton carecen del dramatismo visceral del fotoperiodismo de guerra actual, su vida quedó quedó marcada para siempre por lo que tuvo que presenciar en el frente. En otra entrada de su diario relata el encuentro con el cadáver de un ruso «que yacía en una zanja con todo el peso de su cuero levantado sobre su codo, y el cráneo desnudo sobresaliendo con la carne suficiente en los músculos para evitar que se le desprendiera de los hombros». Técnicamente, no existe ninguna razón por la que Fenton no hubiera podido fotografiarlo. Sin embargo, la Guerra de Crimea ya era extremadamente impopular entre la ciudadanía y la prensa británicas, y el gobierno esperaba que sus fotografías contrarrestaran las críticas sobre la pésima gestión militar. Teniendo en cuenta las preocupaciones de los mecenas reales de Fenton, junto con la necesidad de crear imágenes que tuvieran cierto potencial comercial, no sorprende que evitara capturar aquel horror de manera frontal y cruenta, y prefiriese plasmarlo de manera poética.

De entre todas sus fotos, Valle de la Sombra de Muerte es sin duda la más famosa. No solo constata las lúgubres secuelas de la guerra, sino que subraya el sinsentido de la escalada bélica: «Al llegar a un barranco llamado el Valle de la Muerte, la vista sobrepasó toda imaginación: balas de cañón y obuses yacían formaban un arroyo en el fondo —escribe Fenton— Tantos que no se podía caminar sin pisarlos». El título escogido alude al Salmo 23 de la Biblia, que también fue evocado en el famoso poema La Carga de la Brigada Ligera de Lord Tennyson («En el valle de la Muerte/ cabalgaron los seiscientos»). Sin embargo, el objetivo de Fenton no estaba para licencias románticas ni imperialismos nostálgicos. Basta con observar la selección de instantáneas que reproducimos a continuación.