Un sepulturero llamado Joe Strummer


Antes de convertirse en una estrella del rock and roll, trabajó como enterrador local en una imagen que es un cruce perfecto entre Dickens y los primeros punks

 

Parece una historia hecha a medida de Malcolm McLaren, Julian Temple y toda la generación de artistas ingleses que quiso unir el pasado de su país, particularmente el más tenebroso, casi como un cruce entre los personajes dickensianos y devoradores de la literatura true crime de la época (Newgate Novels), con la primera oleada punk que reivindicó a muchos de estos criminales, bandidos e infames asesinos. Pero Newcastle, a comienzos de los setenta, distaba mucho de ser el Whitechapel de 1888, el año en que Jack el Destripador inició su carnicería y que lo encumbró como el rostro más siniestro de Inglaterra. En aquella ciudad, un joven Joe Strummer, que aún no había tomado aquel nombre y todos lo conocían como John (su nombre completo era John Graham Mellor), trabajó durante un tiempo como enterrador. No fue el único de aquellos primeros punks que se dedicó a este oficio. Dave Vanian, de The Damned, también lo hizo, pero en su caso aquel hecho se adapta magistralmente a la imagen que exhibió, casi como una réplica en clave pop de Nosferatu.

 Joe Strummer como sepulturero (1973)

Joe Strummer como sepulturero (1973)

La fotografía está tomada en 1973. No había dinero. Las salidas eran pocas, muy pocas, y eso fue lo que posiblemente hizo que aquel joven (que por entonces no sospechaba que sería uno de los iconos más reconocibles de un fenómeno cultural que lo cambiaría todo en poco más de tres años, cuando empezaron a publicarse los primeros singles de bandas punks, y que además se sumaría a la cruzada hasta liderarla) aceptase el trabajo de enterrador local. Se trataba del viejo cementerio de St. Woolos, en la parte alta de Stow Hill y que Otis Gibbs ha fotografiado. También era el lugar donde vivía por entonces (en el barrio de Pentonville), y tocaba en un mediocre grupo llamado The Vultures.

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 El cementerio de St. Woolos, donde Strummer trabajó como sepulturero. Fotografías: Otis Gibbs

El cementerio de St. Woolos, donde Strummer trabajó como sepulturero. Fotografías: Otis Gibbs

El ayuntamiento de la ciudad fue quien le ofreció el empleo, por el que cobraba unas quince libras semanales y en el que estuvo unos meses hasta que lo dejó, ya con la vista puesta en Londres, adonde viajaría al año siguiente. Al terminar su jornada como enterrador, solía bajar Bassaleg Rd. y tomarse una cerveza en The Hand Post Hotel, en Risca Road, una enorme casa que hacía de pensión y, en su parte baja, de pub. Luego se instalaría en Londres, en una casa okupa, y pasaría a cantar y tocar la guitarra en los 101 ers, la banda de pub rock con la que inició seriamente su carrera musical.

 La casa en la que vivió Strummer en Newcastle. Fotografía: Otis Gibbs

La casa en la que vivió Strummer en Newcastle. Fotografía: Otis Gibbs

Pero el retrato es perfecto. Strummer, pala en mano, recuerda a los resurreccionistas que inspiraron aquella primeriza literatura prepulp y folletinesca. Es alguien que parecer haber llegado del futuro para hacer realidad la ficción de Dickens / McLaren: punks de carne y hueso enterrando cadáveres.