Valerie Solanas, Marilyn Monroe y la desesperación

Pauline Oliveros compuso el más hermoso tributo sonoro a SCUM, algo muy distinto de su contraria, «I believe» de Lou Reed y John Cale

Aún resonaban los ecos de unos de los intentos de asesinato a una estrella pop más famosos. Andy Warhol se recuperaba de los disparos y mostraba al mundo su abdomen con las cicatrices bien visibles y un corsé que debería llevar siempre. Su ejecutora confesa, Valerie Solanas, autora de SCUM, un iracundo manifiesto feminista que profetizaba una sociedad en que los hombres habrían prácticamente desaparecido (salvo Ben Morea, el que fuese líder de los Motherfuckers y amigo personal suyo, a quien confesó que él sería «el último hombre vivo sobre la tierra»), estaba en prisión. Inmediatamente, para un sector del movimiento feminista y la contracultura, una amalgama de activistas y radicales que vieron en sus palabras un pensamiento y una visión brillantes sobre la condición humana (de la mujer en relación al hombre, o puede que viceversa), el libro se convirtió en una especie de catecismo revolucionario. El rostro contraído, entre rabioso y juguetón, de Valerie dio la vuelta al mundo. Miraba desafiante a la cámara mientras entraba en el coche policial y, voz en cuello, gritaba que toda la verdad estaba en su libro.

 Solanas, con el  Daily News  (que lleva en portada su intento de asesinato) grita: «¡Leed SCUM! Toda la verdad está ahí»

Solanas, con el Daily News (que lleva en portada su intento de asesinato) grita: «¡Leed SCUM! Toda la verdad está ahí»

Solanas, sin embargo, desde su reclusión enviaba amenazas a Maurice Girodias, quien según ella la había «engañado», lo mismo que a Warhol. El editor y fundador de Olympia Press pagó 500 dólares por los derechos de un libro del que vendió miles y miles de ejemplares y concedió decenas de licencias para su explotación en idiomas de medio mundo, sin que Valerie o su familia percibieran un dolar.

 Varios instantes de la detención de Solanas

Varios instantes de la detención de Solanas

No sabemos si Pauline Oliveros, compositora, acordeonista estadounidense y figura central en el desarrollo de la experimentación y de la música electrónica de posguerra, vio en aquellas páginas, que devoró al instante, una «verdad», pero lo cierto es que quedó profundamente afectada por su lectura. Toda la vida y la obra de Valerie eran un mayúsculo drama o un constante cruce de caminos. En 1970, cuando aún nadie había olvidado el intento de asesinato, compuso la pieza «To Valerie Solanas and Marilyn Monroe in recognition of their desperation» («Para Valerie Solanas y Marilyn Monroe en reconocimiento de su desesperación»).

 Pauline Oliveros

Pauline Oliveros

«Marilyn Monroe tuvo su propia vida. Valerie Solanas quiso tomar la vida de Andy Warhol [...]. Monroe necesitaba el reconocimiento de su talento como actriz. Solanas deseaba apoyo para su trabajo creativo»

Posiblemente, a Solanas no le agradó su comparación con Marilyn, pero en cierta medida no dejaba de ser cierto. Ambas fueron mujeres estigmatizadas por el hombre o la cultura patriarcal. Las dos vivieron en un drama del que no podían escapar, sabiendo que el futuro, todo aquello que podía suceder alrededor suyo, sería realizado y construido por la mano del hombre. Para la compositora, la obra giraba en torno al poder y el control sobre la propia vida y la de los demás: «Marilyn Monroe tuvo su propia vida. Valerie Solanas quiso tomar la vida de Andy Warhol [...]. Monroe necesitaba el reconocimiento de su talento como actriz. Solanas deseaba apoyo para su trabajo creativo», declaró años más tarde.

«To Valerie Solanas and Marilyn Monroe in recognition of their desperation» no tiene letra. Tampoco hay voz. Quizás la reflexión deba ser más íntima y vital, sin estridencias. Puede que Pauline, al componerla, pensase en dos conceptos que definieron su trabajo en relación con la música experimental, la «escucha profunda» y «conciencia sónica». El silencio tras los disparos.