«Si toleráis esto, vuestros hijos serán los siguientes»: Manic Street Preachers y una niña llamada María Santiago


 

Se llamaba María Santiago y su cadáver dio la vuelta al mundo hasta que, décadas después, ocupó la portada de un single de Manic Street Preachers

 

El bombardeo sobre civiles casi lo inventamos nosotros. En 1911, en la guerra que enfrentaba a Italia contra Turquía, un aviador llamado Giulio Gavotti tuvo la idea de cargarse de bombas que luego dejó caer en un vuelo de reconocimiento sobre posiciones enemigas. Sujetaba los mandos del avión con una mano mientras que con la otra lanzaba las bombas de mano. Nadie murió pero a sus mandos militares el «arrojo» de Gavotti les gustó tanto que lo felicitaron. El efecto fue devastador: nacían los bombardeos sobre civiles, que perfeccionaríamos en la sanguinaria guerra de Marruecos solo dos años más tarde. Inauguramos la práctica de arrojar bombas, no ya contra militares sino poblaciones civiles, en lo que se conoció como «vuelo a la española», un vuelo a baja altura, arriesgado porque podía ser derribado el avión, pero mortífero por su precisión.

BOMBAS SOBRE LA CAPITAL

Esta vez no pudieron engañarlos. Las numerosas esculturas y monumentos en los tejados y azoteas del centro de Madrid habían sido pintados de negro (incluso hoy en día algunas de las cuadrigas que todavía existen conservan ese color), sustituyendo al intenso oro que facilitaba la localización de objetivos a la aviación fascista. La ciudad vivía a oscuras, no tanto por los continuos apagones sino para precisamente «cegar» a los aviadores que portaban la muerte. Nadie pensó que se llegaría a ese nivel de barbarie. Las bombas fueron constantes y el 30 de octubre de 1936, en medio de una noche irreal y extraña (los edificios del centro ardían y el cielo parecía cubierto por un extraño fenómeno celeste que lo volvía brillante), se alcanzó un nivel de carnicería casi sin paragón. A pesar de que el ejército franquista, con apoyo de los pilotos alemanes, tenían planos de los lugares de refugio, hospitales o centros de atención, se bombardeaba indiscriminadamente. Las zonas de la ciudad marcadas como libres de fuego, aunque sufrieron algunas modificaciones, correspondían a barrios ricos de Goya y las inmediaciones de la Castellana, así como ciertas casas y edificios de financiadores de la guerra o dirigentes fascistas. Por un bando, el republicano, inicialmente se intentó minimizar los daños para no desmoralizar a una ciudad en pie de guerra. Por otro, desde posiciones fascistas, lo que buscaba el asesinato en masa era la rendición absoluta, el pavor absoluto, el saber por medio de un reguero de muertos que cualquier resistencia era inútil.

Esta táctica salvaje de aniquilación para forzar la rendición fue confirmada por uno de los suyos. En 1945, Alfredo Kindelán, Jefe de la aviación franquista durante la guerra, confesó que «Franco ordenó un ensayo de actuación desmoralizadora de la población mediante bombardeos aéreos. Hubo que desistir de ellos al comprobar que para los dirigentes extranjeros la destrucción de Madrid, más bien les alegraba que les disgustaba. A nosotros bien nos dolía en cambio, ya que operábamos en nuestra propia carne. Por ello Franco renunció a este medio, que nos hubiera conducido a la conquista de Madrid, pero de un Madrid en ruinas».

Kindelán se refiere a la imagen nefasta de las fotografías y pequeñas películas que reflejaban lo que padecían los madrileños. Las imágenes del resultado de los bombardeos dieron la vuelta al mundo y fue el acicate para la movilización internacional de brigadistas de numerosos países. Los titulares no dejaban lugar a dudas: «Los asesinos vuelan sobre Madrid», afirmaba uno. La fotografía más impactante fue la tomada en el depósito de cadáveres a un grupo de niños muertos durante el bombardeo de la calle Espada, en el céntrico y castizo barrio de Lavapiés. El edificio era célebre por servir de socorro y ayuda a los más necesitados y recibía el nombre de la Gota de Leche, también conocido como «Consultorio de lactantes». Fue inaugurado en 1913, tras su anterior ubicación en la calle San Bernardo y Augusto Figueroa, para atender la desnutrición de numerosos niños y niñas y, al local de Madrid, pronto le siguieron muchos otros en Gijón, Sevilla, Logroño o Melilla. Se consolidó durante la República y estaba formado por una sala de espera, cuarto de pesar a los niños, sala de consulta y lugar para entrega de biberones, así como una sala de máquinas en donde se esterilizaba y almacenaba la leche. El 30 de octubre de 1936, durante el día, una bomba cayó justo en este lugar, provocando una carnicería entre los niños y sus familias que esperaban en la cola. Entonces, el portero del edificio era el padre de Gloria Fuertes, que vivía muy cerca de allí.

Imágenes de los daños por el bombardeo en el edificio de la Gota de Leche de la calle Espada (30 de octubre de 1936). Fotografías: BNE

LA VÍCTIMA Nº35

La niña, la víctima nº 35 (4-21) en el informe de heridos y fallecidos, fue fotografiada junto a otros muchos de las decenas de muertos en aquel día. Tenía, lógicamente, nombre: María Santiago y, a su lado, en la esquina superior izquierda, estaba otro menor identificado como Blas Fort, según el estupendo blog http://madridbajoelfuego.blogspot.com/2017/02/se-llamaba-maria.html

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 María Santiago arriba a la derecha. A su izquierda, el niño Blas Fort. Fotografía tomada en el depósito de cadáveres tras el ataque del 30 de octubre de 1936. Imágenes reproducidas en http://madridbajoelfuego.blogspot.com/2017/02/se-llamaba-maria.html

María Santiago arriba a la derecha. A su izquierda, el niño Blas Fort. Fotografía tomada en el depósito de cadáveres tras el ataque del 30 de octubre de 1936. Imágenes reproducidas en http://madridbajoelfuego.blogspot.com/2017/02/se-llamaba-maria.html

La imagen se incluyó en periódicos de todo el mundo y en carteles propagandísticos que escenificaron el tipo de guerra desarrollada por el ejército fascista. Fue difundida por el Ministerio de Propaganda como litografía en 1938 en el cartel antifascista The «military» practice of the rebels, que se usó para alentar el apoyo internacional y el reclutamiento de brigadistas, sobre todo en Inglaterra, Gales o Escocia.

 Cartel propagandístico publicado en 1938 por el Ministerio de Propaganda

Cartel propagandístico publicado en 1938 por el Ministerio de Propaganda

Décadas más tarde, los ingleses Manic Street Preachers la incluyeron como portada de su single «If You Tolerate This Your Children Will Be Next» («Si toleráis esto, vuestros hijos serán los siguientes») perteneciente a su disco This Is My Truth Tell Me Yours, publicado en agosto de 1998. No habían sido los primeros pero sí los más conocidos. El edificio sigue en pie exactamente igual, al menos su fachada, a como era entonces. Es un testigo mudo de lo que una vez sucedió en nuestro país, particularmente en Madrid. No hay placa que lo indique, a pesar de que varias asociaciones han solicitado un recordatorio visual en recuerdo de los fallecidos y de la pequeña María Santiago. Recientemente el diseño del cartel se reutilizó para denunciar una tragedia tan contemporánea como la masacre y los bombardeos indiscriminados sobre Alepo.

 El diseño del cartel y su versión de Alepo

El diseño del cartel y su versión de Alepo

En cualquier caso la misma violencia atroz, esa que tan bien retrató Pablo Neruda en Explico algunas cosas: «Bandidos con aviones y con moros / bandidos con sortijas y duquesas / bandidos con frailes negros bendiciendo / venían por el cielo a matar niños / y por las calles la sangre de los niños / corría simplemente, como sangre de niños».