Llaves, saltos y agarres: el luchador de wrestling que puso a punto a los revolucionarios cubanos


El gran Arsacio «Kid» Vanegas, junto a otro luchador profesional de wrestling, preparó física y mentalmente al Che Guevara y Fidel Castro en México para la Revolución cubana. Castro, además, hizo de misterioso pitcher de béisbol en un equipo local


Amanece en el número 27 de la calle Penitenciaría, en la colonia Morelos, de Ciudad de México y, como cada mañana, el preparador es implacable. Hay que ponerse en marcha muy temprano, justo al amanecer, para empezar con las pruebas físicas, que incluyen caminatas muy pesadas, levantamiento de pesos o pruebas de habilidades. En los cerros de Chiquihuite y el Ajusco se incorporan ejercicios aún más duros. Algunos hasta maldicen a su entrenador, el luchador profesional de wrestling, de lucha libre mexicana, entonces en auge en el país y medio mundo, Arsacio «Kid» Vanegas (1922-2001). El grupo, en muy poco tiempo, debe gozar de una salud de hierro y el forzudo les entrena en los rigores de la montaña y la urbe. Vanegas es un ejemplo de capacidades casi sobrehumanas: llaves, trucos, les enseña a inmovilizar a cualquiera con solo unos movimientos.

Foto promocional de Arsacio «Kid» Venegas

Foto promocional de Arsacio «Kid» Venegas

 

ALIANZA DE LUCHADORES Y GUERRILLEROS

«No paran: prácticas de tiro en Los Gamitos, sesiones en el gimnasio Bucareli, incursiones en el bosque de Chapultepec, en cuyo lago practican remo»

El luchador profesional les habla de su abuelo Antonio Vanegas, que fue impresor de publicaciones y panfletos de los independentistas cubanos y hasta conoció al libertador José Martí. Sus alumnos son casi todos muy jóvenes y pertenecen al Movimiento 26 de julio, que sueña con hacerse con el poder en Cuba y que en julio de 1955 llegan a México, donde se quedan poco más de un año. Lo hacen para prepararse para el gran momento. Entre ellos están Fidel Castro y Ernesto Che Guevara. Vanegas también tenía una imprenta, y Castro aprovecha para imprimir el primer manifiesto que luego envía a Cuba y los bonos para vender en los Estados Unidos. También hicieron buenas migas con Irma y Joaquina, hermanas de Arsacio. No paran: prácticas de tiro en Los Gamitos, sesiones en el gimnasio Bucareli, incursiones en el bosque de Chapultepec, en cuyo lago practican remo. En la avenida Insurgentes, por donde corren cada día, son seguidos por los servicios secretos cubano de Batista, que teme un levantamiento y conoce al extraño grupo. Incluso les dio cobijo en su propia casa.

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Fidel y el Che durante la época en que se preparaban a las órdenes del luchador y dormían en la misma habitación junto al resto de guerrilleros (México, 1955)

Fidel y el Che durante la época en que se preparaban a las órdenes del luchador y dormían en la misma habitación junto al resto de guerrilleros (México, 1955)

También, junto al poderoso Arsacio había otro gran luchador, por entonces muy famoso, Avelino Palomo (aka «Kid Medrano»), al que el Che conoció al revisar su garganta durante una consulta en el Hospital Juárez, donde trabajaba para ganarse la vida. En una ocasión el doctor argentino, y futuro revolucionario, intentó ayudarlo a mejorar su ronca voz, algo muy común entre los luchadores. El Che le entregó una receta que conservaría siempre consigo como recuerdo. Junto con Arsacio, trabajaron duro para ponerlos a punto.

Arsacio, a la izquierda de la imagen, junto a Fidel Castro, en el centro. Fotografía:  El Universal

Arsacio, a la izquierda de la imagen, junto a Fidel Castro, en el centro. Fotografía: El Universal

EL CORONEL REPUBLICANO QUE PERDIÓ ESPAÑA PERO GANÓ CUBA

«La policía mexicana lo detuvo en junio de 1956, acusándolo de preparar un ataque contra otro país. No se equivocaba»

Otro de los entrenadores es un militar, el coronel hispanocubano Alberto Bayo, que ha luchado en nuestra guerra civil. Bayo era un veterano en las artes de la guerra. Había estado en Marruecos, donde fue herido de gravedad en la ingle. Durante la República militó en la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA). Al producirse el golpe de Estado que dio inicio a la guerra civil, aún tenía el grado de capitán de aviación e infantería, con destino en el aeródromo militar de El Prat de Llobregat, Barcelona. Bayo publicó además un folleto, La guerra será... de los guerrilleros, en que defiende la necesidad de la actuación de los guerrilleros, los cuales han sido en las guerras civiles los más valiosos elementos para una victoria. Castro y el Che se lo saben de memoria.

Bayo, a la izquierda, juega al ajedrez con el Che bajo la atenta mirada de Raúl Castro, sentado junto a él

Bayo, a la izquierda, juega al ajedrez con el Che bajo la atenta mirada de Raúl Castro, sentado junto a él

Tras ser derrotado en los choques con los sublevados en las Baleares se integró en la columna de López-Tienda, que salió de Barcelona el 9 o 10 septiembre de 1936 hacia el Tajo. Cuando terminó la guerra se exilió en México, donde dirigía una escuela de aviación. En 1948, continuando con sus actividades guerrilleras, fue nombrado general por los revolucionarios de Nicaragua, en Costa Rica entrenó grupos de guerrilleros y en lo sucesivo permanecería en contacto con todos los grupos izquierdistas formados en Centroamérica. En México publicó varios libros que contaban su experiencia en España. La policía mexicana lo detuvo en junio de 1956, acusándolo de preparar un ataque contra otro país. No se equivocaba. Participaría en la revolución cubana y moriría como un héroe a finales de los sesenta.

Bayo, en el centro y de uniforme negro, durante la Guerra Civil

Bayo, en el centro y de uniforme negro, durante la Guerra Civil

 FIDEL CASTRO, EL MISTERIOSO PITCHER

 «No mostró nada bueno… salvo buen estilo para lanzar y nada más»

Mientras se entrenaban, necesitaban sobrevivir. El Che trabajó como médico, Fidel Castro, bajo el pseudónimo de «Raúl Puig», incluso se presentó como un joven pitcher cubano en la liga profesional de béisbol del sur de Veracruz, concretamente ante el equipo de los Rojos de Minatitlán. Hizo una prueba y parecía tener cualidades: alto, fuerte y gran corredor. Se cuenta que en una ocasión, el entrenador Mario García Domingo fue a ver al nuevo jugador a su habitación del Hotel del Trópico. Entró sin llamar y se dio de bruces con su jugador, que escribía a máquina manifiestos y consignas y, a su alrededor, habían montañas de papeles y periódicos revolucionarios. Puig / Castro se lo confesó todo a su entrenador, que juró secreto absoluto.

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Castro durante un partido de béisbol al frente de Los Barbudos

Castro durante un partido de béisbol al frente de Los Barbudos

No se sabe con absoluta seguridad si llegó a debutar con los Rojos, pero una crónica de un partido librado contra sus rivales, los Azules, habla de un joven cubano recientemente fichado por el equipo, un «blanco» (llega a decir el periódico) alto y muy rápido, pero al que le faltaba técnica. No tuvo un gran día. Lanzó un par de entradas y luego se fue al banquillo: «No mostró nada bueno… salvo buen estilo para lanzar y nada más», añadía la nota.

 

EPITAFIO

Al morir, en septiembre de 2001, Arsacio conservaba con cariño una de las camisas de Fidel y la mochila que utilizaba El Che en sus caminatas por el Volcán Popocatépetl. Donó a Cuba los catres donde durmieron y una máquina de coser donde se bordaron las charreteras de sus uniformes. A su muerte, Fidel Castro envió una carta y un arreglo floral con la leyenda: «Arsacio Vanegas Arroyo, amigo verdadero y leal. Comandante en jefe Fidel Castro Ruz; A Arsacio Vanegas. General del Ejército Raúl Castro Ruz Ministro F.A.R Cuba, y Arsacio Vanegas de sus compañeros del yate Granma». La viuda, al día siguiente de su fallecimiento, recibió esta misiva:

La Carta

República de Cuba, Presidente del Consejo de Estado y de Gobierno.

La Habana, 27 de septiembre de 2001. A los familiares de Arsacio Vanegas Arroyo. México, D. F.

«He conocido con profundo pesar la noticia del fallecimiento de Arsacio Vanegas, y deseo hacerles llegar mi más sincero sentimiento de condolencia. Vanegas fue un firme y leal colaborador del grupo de revolucionarios cubanos que en México nos dimos a la difícil tarea de preparar la etapa definitiva de la lucha por la libertad de nuestra patria. Los múltiples y muy valiosos servicios que, con el más absoluto desinterés y con plena identificación con la causa de la Revolución cubana, prestó durante los largos meses de preparación de la expedición del Granma, lo hicieron acreedor de nuestra perenne gratitud y del reconocimiento de todo el pueblo cubano, que siempre lo consideró como uno de sus hijos y como otro de sus combatientes. Reciban ustedes el testimonio de mi más sentida pena y mi mayor aprecio».