La artista que entró en un cine porno armada con una ametralladora

La artista feminista Valie Export fue la protagonista de «Pánico genital», una performance que simbolizaba la violencia masculina y que logró vaciar un cine

 Valie Export en 1968 en el número 3 de  Identity Transfer

Valie Export en 1968 en el número 3 de Identity Transfer

Su aparición deambulando lentamente por los pasillos de un cine porno de Múnich, hizo que los pocos espectadores se aterrorizasen. No solamente por la irrupción en la oscura sala, sino por su imagen. Aquella mujer iba vestida de cuero negro, llevaba una ametralladora (de juguete) y, tras recortar un trozo de pantalón, tenía descubierto el pubis mostrando sus genitales. No sabían qué hacer ni qué pensar, pero jamás lo olvidarían. Se acercó a algunos y con gesto glacial los invitó a tener sexo con ella, la mujer armada. «Pasé de fila en fila, lentamente, mirándoles a la cara. No me movía de modo sensual. Cuando avanzaba de fila, la metralleta que llevaba colgada del hombro apuntaba a la cabeza de las personas sentadas en la fila anterior. Tenía miedo y no tenía ni idea de qué podían hacer. A medida que iba descendiendo por la platea, las personas que ocupaban las filas anteriores se levantaban y salían del cine. Fuera del contexto de la película, les resultaba totalmente distinto establecer una conexión con ese símbolo erótico». La sala se vació al momento. La artista era Valie Export (aunque su nombre legal era el de Waltraud Lehner y, tras casarse, Waltraud Höllinger, algo que había cambiado un par de años antes) y aquella acción, de lo que entonces comenzaba a ser conocido como como «arte de guerrilla» feminista, Aktionshose: Genitalpanik (Acciones de pantalón: Pánico genital). La violencia, tradicionalmente en manos del hombre, y la imagen de la guerrillera, eran suficientemente impactantes. Ponía en evidencia la realidad de la violencia y la opresión, y la devolvía al revés, en otro contexto. Ahora ella se convertía en una amenaza (eran los años de los grupos armados y los espectadores desconocían que el arma fuese una mera imitación). Y estaba en lo cierto: pánico, mucho pánico.

 Valie Export,  Aktionshose: Genitalpanik  (1969)

Valie Export, Aktionshose: Genitalpanik (1969)

«Brujería, mujeres militando en grupos armados y creando células autónomas en estos, boicots a concursos de bellezas o, en Londres, al Miss Mundo. Autodefensa»

Tenía 29 años y era 1969, año clave en el movimiento feminista, que vivía una intensa segunda ola en la que colectivos como W.I.T.C.H. o Redstockings, o la escritora y fundadora de SCUM Valerie Solanas, eran algunos de sus nombres más radicalizados. Brujería, mujeres militando en grupos armados y creando células autónomas en estos, boicots a concursos de bellezas o, en Londres, al Miss Mundo. Autodefensa. Valie fue una de las primeras artistas en adoptar un nombre artístico y, desde entonces, hacer como si esa doble identidad fuese su propia y real identidad (inspirada en una marca de cigarrillos). «Lo decidí cuando comencé con mi labor artística, hacia 1967. Pensé sobre mi nombre, y pensé que no quería tener el nombre de mi padre, que no quería tener el nombre de mi marido, quería tener mi propio nombre. Así que elegí “Export” porque quería exportar mis ideas, salir de mi misma, y “Valie” era un mote. Así que con mi mote y con “Export” (de exportar mis ideas) me inventé mi nombre», confesó en una entrevista. Con aquel gesto decidía cómo presentarse ante el mundo, en una decisión que había sido y sería suya, su nombre, su decisión de aparecer aquí y allá en acciones llamativas que hicieron que este fuese muy conocido.

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«El accionismo vienés, como tantos otros movimientos de vanguardia, era un ejemplo más de la dominación masculina»

Sabía lo que hacía. Había participado en grupos del accionismo vienés, una de las corrientes más activas en aquellos sesenta y que experimentaba con lo desagradable, el propio cuerpo llevado al límite y con una fuerte carga psicoanalítica. Los principales nombres fueron los de Günter Brus, Otto Mühl y Herman Nitsch. Vísceras, sangre, violencia. Austria tenía mucho que decir sobre su propio pasado, sobre lo que había pasado hacía un par de décadas: el totalitarismo, la complicidad, la indiferencia. Sin embargo, Valie era consciente de pertenecer a un movimiento de hombres y con un discurso de hombres. El accionismo vienés, como tantos otros movimientos de vanguardia, era un ejemplo más de la dominación masculina. Para protestar por ello, decidió desligarse del movimiento con una acción pública en la que caminaba por el centro de Viena llevando a su compañero, Peter Weibel, atado con una correa al cuello y avanzando a su lado a cuatro patas como si fuera un perro. En 1972 publicó incluso un manifiesto sobre el papel de la mujer en el arte: «La posición del arte en el movimiento de liberación de las mujeres es la posición de la mujer en el movimiento artístico. La historia de la mujer es la historia del hombre, porque el hombre ha definido la imagen de la mujer para ambos, hombre y mujer; el hombre crea y controla los medios sociales y de comunicación, así como la ciencia y el arte, la palabra y la imagen, la moda y la arquitectura, el transporte social y la división del trabajo. Los hombres han proyectado su imagen de la mujer en dichos medios, y en consecuencia con esos patrones han hecho sombra a la mujer» (Women’s Art: A Manifesto, marzo de 1972).

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La acción en el cine porno y esa impresionante fotografía suya que dejó para la posteridad, obra del fotógrafo Peter Hassman (Valie la imprimió en enormes carteles que fijó por las calles), fueron la continuación a otra acción donde también reflexionaba sobre el género y la violencia. En Tapp und Tastkino (Cine de tacto), Peter Weibel, invitaba a los transeúntes a tocar los pechos de Valie, ocultos tras una caja con una cortinilla, entre una gran aglomeración de transeúntes. Sucedió durante tres años en una decena de ciudades europeas y, durante su realización, se formaban pequeños tumultos de curiosos y voyeurs. Muchos pensaban que era prostituta. La caja, a través de la cual se podían ver y tocar sus pechos, eran como una sala de cine en miniatura, aunque esta vez sin armas y sin pánico.

 Valie Export,  Tapp und Tastkino

Valie Export, Tapp und Tastkino