«¡Fuego!». El fusilamiento y la destrucción de Jesús

Para el franquismo y los católicos, el «fusilamiento» y posterior destrucción del Monumento al Sagrado Corazón de Jesús simbolizó «el asesinato de Dios». Para otros, fue arte anarquista performativo y justa venganza del pueblo en armas

Del frente de guerra llegaban noticias que alertaban de la crueldad de las tropas fascistas y moras. También de la alianza entre Iglesia y golpistas. Muchos curas señalaban y delataban a vecinos, que eran inmediatamente fusilados. Se hablaba de fusilamientos masivos, desapariciones, mutilaciones y violaciones allí por donde pasaba el ejército fascista en la táctica guerrera de «tierra quemada» («Vuestros hijos parirán fascistas», se decía a las violadas, por inspiración de Queipo). Corría el mes de agosto de 1936 y un destacamento de milicianos se apostó a los pies del famoso monumento dedicado al sagrado Corazón de Jesús, en Getafe, símbolo indiscutible del catolicismo y construido en 1919. Muchos aristócratas pagaron su indulgencia financiando la gran mole. Sus nombres se inscribieron en la base de piedra. Había sido inaugurado por el rey Alfonso XIII en el supuesto (y falso) centro geográfico de la península ibérica. No era el centro, pero sí para aquellos que vieron el golpe como una señal casi divina: Dios acudía a su rescate.

 Alfonso XIII en la inauguración del monumento

Alfonso XIII en la inauguración del monumento

«Se dice que, cuando finalmente voló por los aires tras introducirle las cargas explosivas, un hombre gritó: “¡Ya cayó el barbudo!”».

Los milicianos decidieron destruirlo. Pero no fue sencillo. Inicialmente, el 6 de agosto, colocaron unos gruesos cables de acero y, con ayuda de un tractor, intentaron que se viniese abajo. No lo lograron, y el cable se partió. Al día siguiente, una muchedumbre acudió desde Getafe portando pesados martillos y cinceles, con los que arremetieron en masa contra el monumento, que quedó deteriorado, pero que al final de la mañana seguía en pie. Entonces alguien propuso el método definitivo: dinamita. Se dice que, cuando finalmente voló por los aires tras introducirle las cargas explosivas, un hombre gritó: «¡Ya cayó el barbudo!».

 Primer intento. Varios hombres colocan cables atados a un tractor

Primer intento. Varios hombres colocan cables atados a un tractor

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 La dinamita logra derrumbarlo

La dinamita logra derrumbarlo

 Milicianos fotografiados por Alfonso en lo alto del monumento ya destruido

Milicianos fotografiados por Alfonso en lo alto del monumento ya destruido

La cabeza decapitada de Jesucristo fue tirada por los suelos y golpeada una y otra vez. Se llamó Cerro Rojo hasta que, meses después, las tropas fascistas llegaron al escenario de la destrucción y levantaron una gran cruz blanca y la bandera española. Desde entonces se convertiría en santuario de la cruzada ultracatólica por la «Reconquista», símbolo de la resistencia de la fe frente a la «barbarie». Lo mismo que los cinco frailes que custodiaban el lugar, asesinados tiempo antes por grupos de milicianos y que fueron convertidos en mártires.

 Toma del Cerro de los Ángeles por los fascistas, que colocan una bandera española en lo alto

Toma del Cerro de los Ángeles por los fascistas, que colocan una bandera española en lo alto

Posteriormente, los restos se trasladaron a otro emplazamiento muy cerca del primero, pero lo único que quedó tras la voladura (la base muy deteriorada) sigue en pie y se muestra al público.

 El monumento original tal y como se conserva y exhibe en la actualidad

El monumento original tal y como se conserva y exhibe en la actualidad

«Pero la imagen que dio la vuelta al mundo y se convirtió para la derecha católica y los franquistas en el más vivo ejemplo o al menos el más ofensivo y brutal de la “crueldad roja”, no fue la voladura o los martillazos, sino el fusilamiento fingido de la estatua de Jesús por parte de un grupo de milicianos [...]»

Pero la imagen que dio la vuelta al mundo y se convirtió para la derecha católica y los franquistas en el más vivo ejemplo, o al menos el más ofensivo y brutal de la «crueldad roja», no fue la voladura o los martillazos, sino el fusilamiento fingido de la estatua de Jesús por parte de un grupo de milicianos, que disparan tras la voz de «¡Fuego!». Una decena de hombres armados apunta al corazón de la estatua y hacen fuego.

 La famosa imagen en su publicación original. Milicianos «disparan» al Sagrado Corazón de Jesús

La famosa imagen en su publicación original. Milicianos «disparan» al Sagrado Corazón de Jesús

 Original de la imagen. Puede distinguirse, a la derecha, la figura de una miliciana

Original de la imagen. Puede distinguirse, a la derecha, la figura de una miliciana

Había sucedido días antes de los primeros intentos de destruir físicamente el monumento, concretamente el 28 de julio, cuando un pelotón de anarquistas venidos de Madrid y provistos de un  equipo cinematográfico realizó la pantomima del fusilamiento del monumento. En total, se filmó una secuencia de 7 segundos, que emitió el noticiario británico British Paramount News el 18 de agosto 1936, aunque durante años se pensó que la película era falsa y fruto de la propaganda fascista. La película, aunque solo fuesen esos seis segundos, se camufló bajo el título de El fantasma de la libertad, la película del director Buñuel, tal y como se encontró hace algunas décadas. Lo que encerraba, el gesto extremo, desafiaba a todo un mundo

El escritor e investigador Pedro G. Romero, tras analizar las fotografías y la secuencia existentes en la diócesis de Getafe, quedó impresionado. La fotografía daría la vuelta al mundo y, en cierta medida, justificaría la represión contra los revolucionarios por parte del mundo católico: «Una agobiante tarde de julio de 2002 el Obispado de Getafe me permitió amablemente investigar en su archivo del Cerro de los Ángeles la documentación fotográfica, casi toda inédita, que allí se guarda sobre la historia del Monumento al Sagrado Corazón, su inauguración en 1919, su sacrílega demolición en 1936 y su reconstrucción posterior. Creo que esta secuencia fotográfica del Cerro es uno de los documentos más desconocidos y estremecedores de la historia de España. Esta secuencia es la clave de la guerra civil española, con inclusión de la Segunda República que fue el origen directo de esa guerra; una guerra de religión en toda la extensión del término. Una guerra motivada esencialmente por la persecución religiosa de la República a la que los perseguidos respondieron con lo que ellos mismos y la propia Iglesia denominó desde entonces Cruzada. En esta secuencia presento, con la decisiva fuerza de las imágenes, uno de los datos más reveladores del conflicto. Es curioso que la magna  Historia de la Cruzada Española de 1940, en cuyo primer tomo se menciona la inauguración del Monumento en 1919, no se refiera a su destrucción al estudiar, con profusión de detalles, las incidencias del Alzamiento Nacional en Madrid. En la Causa General hay una mención breve y un par de fotografías aunque no las esenciales. La secuencia conservada en Getafe se abre con la foto reproducida en la portada de este libro, en la que figura el fusilamiento de la imagen de Cristo por una escuadra de milicianos venidos de Madrid el 28 de julio de 1936 a las órdenes de una virago que dio la voz de fuego. La misma escena se repitió en los días sucesivos, durante los cuales los asaltantes treparon al monumento entre blasfemias soeces y lo embadurnaron con pintarrajos agresivos».

Fue fotografiado por un reportero de Paramount. La impactante imagen salió inicialmente en el londinense Daily Mail con el pie de foto «The “Spanish Reds” war on religion» y, seguidamente, en la prensa republicana que lo describió como la «desaparición de un estorbo».

En 2008, como una recreación de la acción destructora y desacralizadora, una imagen del Sagrado Corazón de Jesús situada en un pedestal de la ermita de San Antonio de la Florida. Se trataba de una reproducción exacta de metro y media y realizada con piedras del monumento original del Cerro de los Ángeles, que apareció decapitada y tirada en el suelo.