Falangistas y mussolinianos, primos hermanos

La colaboración entre los gobiernos de Franco y Mussolini se desarrolló en muy diferentes campos. Uno de ellos, la publicación de Legiones y falanges/Legioni e falangi, una revista con ediciones en italiano y español dedicada a exaltar el fascismo

En 1940, finalizada la Guerra Civil pero recién comenzada la Segunda Mundial, se puso en marcha un peculiar producto editorial. Se trataba de Legiones y falanges o Legioni e falangi, una publicación cuyo subtítulo era «Revista de Italia y España» y que estaba disponible en castellano e italiano.

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El nombre de la cabecera, una referencia a la Falange joseantoniana y a las legiones de Mussolini, dejaba claro el contenido de la revista: exaltación del fascismo a través de sus lugares comunes y sus temas de interés. Por ejemplo, los imperios romano y español, el culto a los líderes, la apología de la violencia, la alabanza de naciones aliadas como Argentina, el desprecio de las enemigas como Gran Bretaña, el folklore y las tradiciones de España e Italia, las loas a la familia, a la maternidad y el interés por las artes, siempre que, por supuesto, estuvieran acordes con los temas anteriores.

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Desde el punto de vista gráfico, Legiones y Falanges era una revista de gran formato y muy buena factura. En una época en la que los alimentos estaban racionados y el papel controlado por el Estado, la publicación contaba con abundantes fotografías y una portada a dos tintas.

La razón para este despliegue técnico residía no solo en su finalidad propagandística –donde no hubiera encajado demasiado bien que las hazañas fascistas se narrasen con medianías y escatimando medios–, sino también en el gran número de inserciones publicitarias con las que contaba la revista. Vinculada a Falange y al bando que había salido vencedor de la guerra civil, anunciarse en ella era casi una obligación y no hacerlo, una temeridad.

De este modo, en ella se podían encontrar módulos del Hipódromo de Madrid, de restaurantes de lujo, de laboratorios farmacéuticos, de Cervezas El Águila, del Circo Price, de cosméticos, estilográficas o prendas de moda. Unos anuncios que prueban que, mientras gran parte de la población pasaba penurias, la oligarquía y los jerarcas del régimen franquista disfrutaban de una vida muelle rodeada de comodidades.

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Entre esos anuncios destacaban especialmente los de productoras cinematográficas. Como había sucedido en la Alemania nazi, España e Italia se habían dado cuenta del poder propagandístico del cine y de su star system. Por esta razón, la revista dedicaba varias páginas en cada número a hablar de los estrenos del momento, hacer crítica cinematográfica y contar anécdotas e sobre actores y actrices italianos y españoles.

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Dado su carácter italoespañol, Legiones y falanges o Legioni e falangi tenía dos directores. Por la parte italiana estaba Giuseppe Lombrassa, periodista vinculado al fascismo desde su adolescencia y que llegó a participar en la Marcha sobre Roma de 1922, en la que más de 25.000 camisas negras liderados por Mussolini llegaron a la capital Italiana para exigir que se les entregase el gobierno del país. Posteriormente, Lombassa abandonó la dirección y y fue destinado al frente griego, donde fue herido. Una vez recuperado, desempeñó cargos de relevancia en el gobierno fascista, como la gobernación de la provincia eslovena de Lubiana y, cuando acabó la guerra, se retiró de la vida pública.

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Por la parte española, el director era Agustín de Foxá. Este aristócrata, diplomático y amigo de José Antonio Primo de Rivera, formaba parte del Servicio Exterior de la Falange y había participado en otras revistas de esa organización, como Jerarquía y Vértice, antes de ponerse al frente de Legiones y falanges, en la que permaneció hasta mediados de 1941.

Además del autor de Madrid de corte a checa, por la versión española de Legiones y falanges pasaron muchos de los escritores que posteriormente formarían parte de le elite cultural y social del franquismo. Entre ellos, Ricardo Giménez Arnau –padre de Jimmy Giménez Arnau– Melchor Fernández Almagro, Vicente Cebrián –padre de Juan Luis Cebrián–, Miguel Gistau Mazzantini –abuelo de David Gistau, lo que tal vez explique la meteórica carrera del periodista recientemente fallecido–, o un joven Camilo José Cela.

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Durante 1940 a 1943, la revista publicó, en sus dos ediciones, 31 números. El último fue el de julio de 1943. Después, desapareció súbitamente. Si bien en esos tres años las ventas habían ido bajando de manera paulatina, pasando de 180.000 ejemplares a tan solo 18.000, la razón de su fin no fue la rentabilidad o la falta de lectores, sino la caída de Mussolini. El 25 de julio de 1943, Il Duce fue despojado de sus poderes como primer ministro y, posteriormente, encarcelado. Dos días más tarde, el partido fascista italiano fue prohibido y el movimiento comenzó a desmantelarse.

Aunque en septiembre de 1943 Mussolini fue rescatado del Gran Sasso por el comando especial liderado por Otto Skorzeny, la publicación de Legioni e falangi no se retomó durante la República Social Italiana, conocida también como República de Saló. Por su parte, Legiones y falanges corrió la misma suerte que su homóloga italiana y, tras el número de julio del 43, dejó de publicarse. Sus responsables debieron pensar que era un buen momento para desmarcarse de esa Italia que, por muy fascista que fuera, estaba perdiendo la guerra.

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