El presidente español de la «República Espacial»

El granadino Emilio Linares, Presidente de la República Española en el exilio, fue precursor de los viajes aeroespaciales e inventor del traje espacial

Suena a steampunk, a protociencia ficción o a esas aventuras protagonizadas por algunos de los principales miembros de las vanguardias europeas durante el periodo de entreguerras, como los futuristas italianos, que pasaron a formar parte de los Batallones Cicilistas italianos. Sin embargo, todo apunta a que Emilio Herrera Linares (Granada, 13 de febrero de 1879 - Ginebra, 13 de septiembre de 1967) fue sin duda un hombre serio, un científico en el sentido más recto de la palabra, por lo que su dirección al frente de la Sección de Globos Aerostáticos del ejército o su idea (que recuerda a Marcus Garvey, el líder panafricanista cuando ideó una compañía de buques, la Black Star, para repatriar a los suyos desde Estados Unidos a África, su lugar «natural») de crear una línea aérea transoceánica, la (atención al nombre) Transaéra Colón, que uniera Europa y América para el transporte de pasajeros, suena a algo patafísico.

 Emilio y su prototraje espacial

Emilio y su prototraje espacial

Era un hombre serio, sí, pero un soñador: «Toda mi preferencia ha sido siempre por los viajes en dirección normal [perpendicular] a la superficie terrestre, bien elevándome a las nubes, bien descendiendo a las entrañas de la Tierra o bajo el agua de los mares», confesó en su famoso discurso de entrada en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1933. Tuvo la suerte de ver a los hermanos Wright en las primeras demostraciones de aviación, pero Emilio ya soñaba con llegar a las alturas: al espacio interestelar. También fue amigo de Albert Einstein a partir de una visita que este hizo a España.

Durante una ascensión en globo en 1905 observó el eclipse solar de Burgos, a bordo del mayor dirigible de su tiempo (una mole llamada Graf Zeppelin LZ 127) cruzó el océano Atlántico y, casi una década más tarde, apareció en todos los periódicos como héroe nacional en una gesta entonces inaudita, al atravesar el estrecho de Gibraltar junto a un amigo militar a bordo de un precario globo. Pero todo eso se le quedaba pequeño, así que se dedicó a diseñar trajes para los futuros astronautas. Fue Emilio quien creó la «escafandra estratonáutica», antecedente de los trajes espaciales, tal y como los conocemos actualmente. Aunque frágil, ya incorporaba un sistema de micrófonos para comunicarse, termómetros, distintos aparatos para mediciones y recepción de muestras, etc.

 Portada del  Berliner Ilustrarte Zeitung  dedicada a él y su invento (1935)

Portada del Berliner Ilustrarte Zeitung dedicada a él y su invento (1935)

«El mundo sin duda hubiera ido mucho mejor si algunos hubieran hecho caso al artículo que escribió días antes del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima»

Pero la llegada de la República y el posterior golpe de Estado fascista lo llevaría al exilio, donde sería nombrado Presidente de la República en el exilio. La guerra, igualmente, echó por tierra algunos de sus proyectos, como su vuelo de prueba con su ya famoso traje espacial, previsto para semanas después de julio de 1936, la fecha fatídica.

 Emilio, en el centro y con sombrero, en el madrileño aeródromo de Cuatro Vientos en 1935

Emilio, en el centro y con sombrero, en el madrileño aeródromo de Cuatro Vientos en 1935

El mundo sin duda hubiera ido mucho mejor si algunos hubieran hecho caso al artículo que escribió días antes del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima. Emilio advirtió que aquello sería el principio del fin, y no se equivocó. Vivió para ver su sueño cumplido. Cuando el astronauta estadounidense Neil Armstrong pisó la superficie lunar, sintió aquello como un triunfo propio. El mismo Armstrong le confesó algo con lo que falleció satisfecho: «Me dijo que de no ser por el invento de mi maestro nunca habría llegado a la Luna», afirmó Emilio antes de morir. Sin duda.