Cuando GRAPO alimentó al pueblo

«Solo queremos darle de comer al pueblo, que está hambriento», fue lo que le dijo al asustado conductor uno de los cuatro jóvenes que, a cara descubierta y visiblemente armados, abrieron la puerta de su camión de reparto de embutidos para la empresa Industrias Cárnicas Roig. Eran cerca de las nueve y media de la mañana del jueves 8 de septiembre de 1977 y, al caer la tarde, mediante varias llamadas a diversos medios de comunicación, la acción fue reivindicada por GRAPO (Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre).

 Símbolo utilizado por GRAPO

Símbolo utilizado por GRAPO

Sucedió en la calle Acera Tomás de San Martín, en la barriada de la Huerta de la Reina, Córdoba, mientras el camión de reparto se disponía a hacer su ruta por los pueblos de Lucena. Previamente, habían robado un coche, que aparcaron junto al camión y donde introdujeron al repartidor mientras distribuían la mercancía. Posteriormente, y siempre a cara descubierta, fueron juntos (atracadores y conductor) a un bar cercano, donde le invitaron a un café. Pagaron y se fueron.

 La noticia publicada en  ABC  (9 de septiembre de 1977)

La noticia publicada en ABC (9 de septiembre de 1977)

El camión, cargado con cientos de kilos de embutidos de toda clase, entre ellos decenas de jamones, chorizos y salchichas, fue desvalijado a plena luz del día. En total, tres mil kilos. Una multitud se arremolinó a las puertas del camión, mientras los miembros del grupo iban entregando a todo el que quisiera el botín. El valor de la carga ascendió a medio millón de pesetas y ninguno de los autores de la acción fue detenido. Durante la llamada telefónica al periódico Córdoba que reivindicó el robo, afirmaron saber que «de esta forma no se soluciona el problema del hambre. Es una manera de luchar contra el sistema capitalista, concretamente contra los grandes almacenes». GRAPO eligió esta zona por ser eminentemente proletaria. La mayoría de los vecinos, muy precarios, trabajaban para la industria ferroviaria.

Meses más tarde lo volvieron a hacer, esta vez en Sevilla. El 10 de enero de 1978, tras encañonar al conductor de un camión de productos Revilla, condujeron el vehículo hasta el mercado de La Candelaria y, una vez allí, abrieron las puertas y comenzaron a repartir gratuitamente la carga. Luego huyeron en un coche. El valor de la mercancía (sobre todo jamones) ascendió a 430.000 pesetas. Horas más tarde, una llamada al diario Sur / Oeste reinvindicó la acción a nombre de GRAPO. Sin embargo, en esta ocasión posteriormente fue detenido e imputado Juan José Miños Formoso, miembro del grupo, junto con más de una veintena de atracos y atentados.

 Atraco y reparto de embutidos en Sevilla ( ABC , 11 de enero de 1978)

Atraco y reparto de embutidos en Sevilla (ABC, 11 de enero de 1978)

Años más tarde, uno de sus históricos miembros, Francisco Brotons, narró lo sucedido en su autobiografía Memoria antifascista. Recuerdos en medio del camino: «Se inició también otro tipo de acciones. Se trataba de expropiar grandes cantidades de alimentos y distribuirlos entre los parados, en los barrios obreros de las grandes ciudades. La primera operación de este tipo se llevó a cabo en Córdoba y resultó un éxito: cuando se estaba distribuyendo un camión cargado de embutidos y quesos, se dio un mitin explicando los motivos de aquella acción a la larga cola de vecinos del barrio que se había formado inmediatamente. No se trataba, con ese reparto, de resolver un problema, el de la miseria, el del hambre, el del paro que aquellos compañeros sufrían en sus carnes: ese problema no se solucionaría ni con mil camiones que pudiéramos expropiar y repartir. De lo que se trataba era de hacer comprender la necesidad de luchar contra las condiciones de miseria en que estaban los trabajadores en el Estado español, y de que esa lucha no podía ser solo la obra de unos cuantos militantes organizados, sino que eran ellos mismos, los trabajadores que en esos momentos estaban escuchando, quienes debían tomar el problema en sus manos y hallar su solución. Lo que pretendíamos era que cundiera el ejemplo, que los trabajadores dieran solución a sus propios problemas de forma directa, sin confiar en la “benevolencia” de “los de arriba”, que eran los verdaderos culpables de la situación. Eso era lo que buscábamos con ese tipo de acciones y lo que, en buena parte, conseguimos: al poco tiempo, en Cádiz, una manifestación de parados entró a la fuerza en el muelle, pasando por encima de los picoletos que custodiaban la entrada, y asaltaron un barco cargados de alimentos, que distribuyeron ellos mismos entre la gente necesitada de aquella ciudad».