La importancia del caos: el concierto de Sex Pistols en una prisión


El legendario concierto en una prisión de máxima seguridad fue posteriormente manipulado por su productor, que incluyó gritos, incitaciones de Lydon a la revuelta carcelaria y hasta sirenas

 

«No era tan importante la música como el caos», confesó tiempo después el guitarrista de la banda Steve Jones sobre aquellos primeros tiempos. Habían comenzado con mucha fuerza y como todo un acontecimiento. Las bandas de pub rock eran relegadas a un segundo plano por una nueva ola de ruido y anarquía. Sus fans eran estudiantes de arte y jóvenes delincuentes que seguían a pioneros como The Damned o los mismos Sex Pistols. Estos últimos, entre febrero y septiembre de 1976, habían conquistado Londres e incluso tocado en París en el Club Du Chalet Du Lac el 3 de septiembre.

 Sex Pistols visitan París (3 de septiembre de 1976)

Sex Pistols visitan París (3 de septiembre de 1976)

Se escuchan gritos y alaridos. Sonidos de muchedumbres exaltadas y destrozos. Pero era mentira… El disco que se publicó del concierto que los Sex Pistols ofrecieron el 17 de septiembre de 1976 en la prisión de máxima seguridad de Chelmsford, Essex, que también cuenta con módulo para jóvenes delincuentes, fue publicado en 1990 por Steve Goodman, un por entonces ya veterano productor y culpable de sus grabaciones, que por razones que desconocemos decidió incluir sonidos de revuelta mientras la banda descargaba sus memorables canciones.

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 Exterior e interior de la prisión de Chelmsford

Exterior e interior de la prisión de Chelmsford

«Entre tema y tema se escuchan las voces de una multitud de presos, el medio millar que abarrotaba la sala cultural de la prisión»

Sid Vicious no estuvo aquel día. Era la primera gran gira por el Reino Unido, y aún estaba al bajo Glen Matlock, que comenzó el set con el clásico «Satellite», aunque apenas es audible (Goodman, además, añadió pistas de bajo hechas años después), y donde no faltaron «Anarchy in the UK», «Submission» o la versión de The Who «Substitute», entre muchas otras. Paul Cook salió al escenario totalmente borracho y llegó a caerse del sillín de la batería.

Entre tema y tema se escuchan las voces de una multitud de presos, el medio millar que abarrotaba la sala cultural de la prisión, pero la realidad fue muy distinta: no se trató de un evento caótico (llegan a escucharse hasta ¡sirenas!), sino una correcta actuación en un lugar insólito.

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La manipulación de Goodman, que sugería que John Lydon instigaba a que los presos se amotinasen, intentaba engordar innecesariamente una leyenda, hasta el punto de convertir al documento sonoro de aquellas 14 canciones en una pantomima poco divertida. Sin embargo, en cierta medida se sumaba tardíamente a los hábiles esfuerzos de Malcolm McLaren, manager del grupo, por convertir a la banda en la más provocadora del mundo. Aquella primera gira parecía una locura. McLaren decidió llevar a tocar a los Sex Pistols a lugares poco habituales y fuera del circuito rock. Pero funcionó.

Tan solo tres semanas después del show, el 9 de octubre, los Sex Pistols firmaban con EMI por 40.000 libras y anunciaban un single que lo cambiaría todo, «Anarchy in the UK», grabado por el mismo Goodman, aquel que manipularía la grabación de los Pistols carcelarios.