Aquellos «indeseables» que quisieron destruir Occidente

La llegada de los primeros hippies a Ibiza fue calificada por la prensa de «invasión» que convertiría la isla en un «pudridero» de suicidios, drogas y locura

Ibiza, a los ojos del reportero, se había convertido en un «perfecto pudridero  de juventud». Alfredo Semprún, autor del artículo convertido en manifiesto antihippie que publicó ABC en agosto de 1969, describía el efecto creado en la isla como de «invasión» y hasta advertía de la formación de una especie de patrullas ciudadanas antihippies: «Seis años atrás,  aproximadamente, arribaron los primeros “hippies”. Y con ellos la suciedad, el abandono y la amoralidad más absoluta... Ya no era lo mismo. Hasta el punto de que tanto en Formentera como en Ibiza se han formado grupos   de   jóvenes   y viejos   isleños que tratan de contrarrestar los efectos del “pacífico”  e impasible “modus vivendi”  de quienes atentan continuamente contra aquella moral que fue siempre patrimonio de la mujer y la familia isleña. No exageramos. Sobre la existencia de estos grupos de represión que actúan en la clandestinidad de la noche hemos tenido confirmación,  sino oficial,  sí  oficiosa... [...]. Proceden de los más diversos rincones del mundo,  aunque en su mayoría,  y según se nos afirma, se trata de jóvenes desertores norteamericanos, hijos de familias   adinerada,   que huyen   del   Vietnam».

 Titulares del periódico  Pueblo  sobre la llegada de hippies a Ibiza

Titulares del periódico Pueblo sobre la llegada de hippies a Ibiza

Los medios del franquismo, escandalizados, no escatimaron en adjetivos: invasión, perversión, suciedad... en una isla que ya era conocida en los ambientes hippies y psicodélicos de toda Europa y Estados Unidos como un territorio aún sin masificar, libre y asequible, hasta el punto de que el mismo año en que se publicó el reportaje el director Barbet Schroder la inmortalizó como El Dorado hippie en la película More con banda sonora de Pink Floyd. El argumento es sencillo, casi un clásico en la producción cultural hip: un joven alemán, al acabar la carrera de matemáticas, conoce a una chica hippie con la que se marcha a Ibiza, probando toda clase de drogas y viviendo numerosos viajes.

 

«¿Es acaso una nueva forma de destrucción en masa del mundo occidental?»

El año en que comenzaron a verse los primeros hippies en Estados Unidos, alrededor de 1963, aparecieron los primeros de ellos en Baleares, concretamente en Ibiza y Formentera, donde crearon varias comunas que disgustaron a los redactores del Diario de Ibiza: Así les recibió este periódico en 1963: «Esta grey desgalichada y amoral llega con demasiada frecuencia a la isla. Puro deshecho social, pura escoria de inadaptados, que la más indispensable higiene moral de la isla no tiene por qué tolerar... Sucia grey, deshonesta grey, ruin grey... A esta isla europea no le interesa esta suerte de vómito y de detritus que, con demasiada facilidad, coge pasaje para Ibiza». Al año siguiente, será Triunfo la que publicará un reportaje sobre Ibiza titulado «Ibiza, Babel del Mediterráneo», que ya predispone al lector: «Melenas, barbas, tipos ambiguos e indefinibles... Todo un sector de la población flotante de Ibiza está compuesto por ejemplares humanos que hasta hace muy poco debían resultar tremendamente insólitos para los habitantes de la isla, acostumbrados a la modorra de la vida cotidiana...», aunque en la imagen que servía a este pie de foto aparecían dos chicos con pinta más de beatniks que de hippies, entonces casi en formación.

 Ibiza y los hippies segín  Triunfo

Ibiza y los hippies segín Triunfo

Pero la reacción antihippie desatada por periódicos como el Diario de Ibiza, el siempre reaccionario Pueblo (que levantó una bandera contra los primeros ye-yés españoles) o ABC alcanzó magnitudes insospechadas, puro deliro que casi parecía traer a la isla las peores visiones de horror y muerte del Valle de la Muerte de Charles Manson y los suyos. Se hablaba de multitudinarias orgías, suicidios por malos viajes, desmesurada tráfico de drogas y violencia. El final del artículo de Semprún así lo demuestra. Ya no se estaba ante un fenómeno contracultural, sino ante algo mucho mayor, tanto como lo que encerrada esta pregunta: «¿Es acaso una nueva forma de destrucción en masa del mundo occidental?». Casi nada.