Aquellas superheroínas del franquismo

Sus nombres recordaban a heroínas de papel satinado, personajes de cómic, guerreras del mundo antiguo. Durante el franquismo, en medio de la vida anodina y el machismo recalcitrante, una generación de mujeres forzudas se abrió paso en el mundo del espectáculo. Eran mujeres que despertaban el asombro. Sus nombres: la Mujer del Hierro o la Sansona del siglo XX. Angelita Villa (alias «Linda Baker»), una de ellas, realizaba prodigiosas demostraciones ante un público boquiabierto: con una cuerda que sujetaba con los dientes conseguía tirar de pesados camiones. Sus shows llenaban plazas de toros o campos de fútbol. No había truco alguno. También doblegaba las fuerzas de la naturaleza; el duro metal no se le resistía.

 La Sansona del siglo XX

La Sansona del siglo XX

La historia de Linda Baker comienza con un marido, Paco Blay, un antiguo novillero sin éxito y metido en el mundo del espectáculo, que es quien la ayuda a introducirse entre bastidores. Luego inventa un personaje, un nombre. Sueña con un reinado absoluto. Angelita nació en Cenizate (Albacete) y cuando tenía 13 años emigró con sus padres a Valencia en busca de trabajo. Se establecieron en Quart de Poblet. Su padre encontró empleo y ella misma se ocupó un tiempo de una panadería al lado de casa. A los 17 años conoció a Paco Blay, con quien se casó a los 24.

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 Linda Baker

Linda Baker

Linda Baker dio con sus «poderes» casi por casualidad, cuando llegó a su pueblo el autoproclamado «Sansón del siglo XX» (pronto tendría su competidora en una prodigiosa mujer del mismo nombre) y este se dejó unas pesas olvidadas. Linda, todavía siendo Angelita, levantó aquellos pesas y, como si nada, las guardó en su casa para evitar robos. Luego, tras años de fama, tuvo que dejarlo. Sin embargo, Espectáculos Blay, su empresa convertida en feria, hoy continúa una tradición ya familiar.

Pero no fue la única. Surgieron más estrellas, memorables nombres en un firmamento de hombres, de masculinidad y dictadura. Virginia, alias «La Sansona del siglo XX», arrebató el cetro a su antecesor hombre. Su aparición en las noticias las terminó por encumbrar. Las mujeres forzudas brillaban como nunca, pero poco a poco se fueron extinguiendo. Desaparecían las superheroínas.