Wild Boys, la banda de pandilleros gays que inspiró a William S. Burroughs

No lograron destruir el mundo, pero el imaginario que crearon fue devastador: bandas juveniles de chicos gays y rebeldes, expertos en desaparecer y destruir, y en técnicas de guerrilla urbana. Emboscadas a la policía o encuentros furtivos en sucios baños, en sótanos o en cualquier lugar oscuro y apartado. Y drogas, muchas drogas. Cuando en 1971 la editorial Grove Press de Nueva York publicó The Wild Boys: A Book of the Dead, una de las más célebres y mejores obras de William S. Burroughs, el propio autor advirtió que ni más ni menos se trataba de destruir la civilización occidental. En una ocasión, tras describir todas y cada una de las acciones de guerra absoluta en que se embarcaban sus protagonistas, un periodista le hizo la siguiente pregunta: «¿Podría considerar deseables hechos similares a los que describe en Los chicos salvajes, y la respuesta llegó fulminante: «Sí, deseables al menos para mí».

 Primera edición de  The Wild Boys  (Grove Press, 1971)

Primera edición de The Wild Boys (Grove Press, 1971)

Los Wild Boys de la novela, inmediatamente, aparecieron en la cultura pop, en la música y en la literatura, como en algunos discos de David Bowie de los primeros setenta o en el hit de Duran Duran «Wild Boys».

 Single  Wild Boys  de Duran Duran (Capitol-EMI, 1984)

Single Wild Boys de Duran Duran (Capitol-EMI, 1984)

La relación era clara y evidente. Sus mismos protagonistas la reconocieron, pero no así la fuente primera, la de Burroughs: bandas de chicos de la calle, los mismos que vio por vez primera en sus días de visitante por las calles de Tánger, sobreviviendo entre la prostitución y la mendicidad, el pillaje y la obscenidad deliberada. Sin embargo, hubo unos años y una ciudad que se acercaron al imaginario de la novela de Burroughs: Alemania, en los años de la siempre convulsa, ambigua y subterránea república de Weimar, y la ciudad de Berlín como uno de sus epicentros.

 Los Wild Boys de Berlín en un parque del centro

Los Wild Boys de Berlín en un parque del centro

Hasta allí fue Daniel Guerin, un conocido escritor anarquista que entonces debía rondar la veintena y que, en septiembre de 1932, viajó hasta Berlín y, sin preverlo, conoció a una banda callejera llamada precisamente Wild Boys. Guerin, quién más tarde sería uno de los principales defensores de la unidad entre comunistas y anarquistas, publicando numerosos libros sobre el tema, quedó fascinando con los Wild Boys e incluso llegó a entrevistar a su líder Winnetou. El resultado fue un artículo titulado «A return to barbarism», publicado un poco más tarde, en marzo de 1933, con los nazis a punto de hacerse con el control del país e iniciar su cruzada criminal.

 Winnetou, líder de los Wild Boys

Winnetou, líder de los Wild Boys

Winnetou le contó la historia de los Wild Boys. La banda estaba formado por adolescentes gays que practicaban rituales esotéricos de iniciación y poseían un fuerte código de lealtad. Los aspirantes debían pasar terribles pruebas para ser aceptados, incluida la violencia física y la violación en grupo. Algunos eran considerados «reinonas» y «novias» de los más fuertes del grupo y todos tenían apodos tomados de pequeñas novelas, del pulp alemán de entonces, una mezcla entre cultura tribal, sadomasoquismo e intrigas. Usaban sombreros, a veces decorados con plumas, grandes pendientes, extravagantes pañuelos y camisetas, símbolos cosidos a la ropa, ojos pintados, pero también navajas y armas caseras. Los Wild Boys, cuya media de edad era entre los 14 a los 18 años, estaban formados por varios pequeños grupos conectados entre sí y solían reunirse y establecerse en los parques de la ciudad o en edificios abandonados.

 Ritual iniciático de los Wild Boys

Ritual iniciático de los Wild Boys

El grupo resistió el paso del tiempo, ganándose la vida prostituyéndose o metidos de lleno en la pequeña delincuencia. La mayoría eran carteristas a los que, llegado el caso, no les importaba buscar pelea. Más tarde, algunos, como el que fue su líder Winnetou, entraron en grupos nazis o bien se enfrentaron físicamente a ellos. Pasaban por la cárcel y, al salir, volvían al grupo, a aquel Berlín dividido territorialmente en zonas tribales. Numerosas bandas de Wandervogel, el movimiento que desde algunas décadas antes sirvió de catalizador de una nueva juventud a medio camino entre el boy scout, el naturismo, el vegetarianismo o el romanticismo pero también el progresivo acercamiento al nacionalsocialismo, controlaban el norte de la ciudad y tenían sus propios códigos tribales. Algunos de estos otros grupos eran aliados; otros, en cambio, no, declarándoles la guerra a muerte. Surgían grandes batallas y rivalidades entre líderes.

 La «reinona» de Winnetou

La «reinona» de Winnetou

Toda esa ambigüedad también estaba presente en los Wild Boys de Burroughs, que controlan media ciudad, conocían sus secretos, y podían ser una fuerza peligrosa. Todo esto sucedía en la misma ciudad en que unos meses más tarde sugirían otros grupos, esta vez formados por batallones de asalto y nazis convencidos, y que patrullarían e impondrían su particular terror, y donde los Wild Boys se convirtieron en un objetivo a exterminar.

 Los Wild Boys en otro momento de sus rituales de iniciación

Los Wild Boys en otro momento de sus rituales de iniciación