Una guerra entre clanes ultras: Porrazos y disturbios bajo el saludo fascista

Sabemos que es una frase digna de la patafísica, pero fue pronunciada por un dirigente falangista: «Por la república sindical comunal, ¡Arriba el hombre!». Porque no era tan sencillo diferenciar a unos y a otros. La prensa y el público en general, durante la transición y en la época en que distintas facciones de la extrema derecha española se disputaban el liderazgo político, no lograban ver las diferencias entre unos y otros. Pero las había, tanto que en decenas de ocasiones se golpearon unos a otros, asaltaron sus sedes o derribaron sus tenderetes de propaganda. Era el delirio de Ubú Rey. 

 Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, observa como es bendecido uno de sus locales en 1979. Imagen: archivo RTVE

Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, observa como es bendecido uno de sus locales en 1979. Imagen: archivo RTVE

«Varios falangistas, en la calle de Preciados de Madrid, soltaron un cerdo que en el lomo llevaba escrito el nombre del entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa (en realidad se leía “Martín V”), entonces ministro de Administración Territorial»

Aunque es mucho más conocido Blas Piñar al frente de Fuerza Nueva, la Falange Auténtica, tal vez la facción más polémica y singular de entre las familias falangistas, protagonizó momentos hilarantes, como el sucedido en enero de 1979 cuando Pedro Conde Soladana, ex jefe nacional de Falange Española de las JONS (Auténtica), fue procesado por delito de desacato que se le imputaba por la publicación en El Imparcial de 27 de enero de aquel año de un artículo titulado «Un cerdo paseante en Cortes». Daba cuenta de un hecho real, similar al famoso «Pegasus», el cerdo que los Yippies americanos quisieron presentar a las elecciones a finales de los sesenta y que llevaron en manifestación y hasta fue detenido por la policía. Varios falangistas, en la calle de Preciados de Madrid, soltaron un cerdo que en el lomo llevaba escrito el nombre del por entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa (en realidad se leía «Martín V»), que cuando se presentó la denuncia ya era ministro de Administración Territorial. El animal corrió despavorido hasta que, al igual que en el caso de los Yippies, fue reducido por agentes de policía. Soladana fue absuelto, pero este fue un ejemplo, entre muchos otros, de lo confuso, estrambótico e hilarante de las titánicas y violentas luchas entre extremistas.

 Piñar, junto a otros dirigentes ultraderechistas, durante un homenaje en Paracuellos. Gtres

Piñar, junto a otros dirigentes ultraderechistas, durante un homenaje en Paracuellos. Gtres

«Los militantes de Fuerza Nueva amenazaron con guantes negros, porras y cadenas, mientras los reunidos emprendían carreras y gritaban “¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!” y “¡Asesinos!”»

El País, el 6 de noviembre de 1977, narraba los choques entre militantes de Falange Auténtica y Fuerza Nueva. Estos últimos se reconocían en el fascismo italiano y el nacionalsocialismo. Sin embargo, los «verdaderos» falangistas renegaban de ellos y se autoproclamaban «anticapitalistas» e incluso «antifascistas», en este desquiciante escenario del quién es quién de la ultraderecha de aquellos días: «Militantes de Fuerza Nueva golpearon en la noche del viernes a varios jóvenes de Falange Auténtica que se acercaron a aquellos para preguntarles si efectivamente se consideraban falangistas. Un numeroso grupo de personas que se encontraba en la plaza Mayor de Salamanca rodeó sin acercarse el tenderete que Fuerza Nueva había instalado bajo el medallón de Franco, e increpó a los agresores. Los militantes de Fuerza Nueva amenazaron con guantes negros, porras y cadenas, mientras los reunidos emprendían carreras y gritaban “¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!” y “Asesinos!”. Aunque se presentaron algunos miembros de las fuerzas de orden no llegaron a intervenir. Cuando los militantes de Fuerza Nueva abandonaban la plaza volvieron sobre sus pasos y entonaron el Cara al sol en medio de los abucheos y silbidos de los transeúntes». Meses más tarde, los incidentes se repetían, aunque en esta ocasión en Valladolid: «Varios falangistas, heridos en la conmemoración de la fusión de Falange con la JONS».

 Mitin de la Falange, en Zaragoza (1936)

Mitin de la Falange, en Zaragoza (1936)

«Se enfrentaron dos grupos rivales. Varios heridos, la mayoría de ellos con contusiones, fue el resultado del enfrentamiento producido ayer en el teatro Valladolid entre fracciones de Falange Española y de las JONS, Falange Independiente, Círculos José Antonio y Fuerza Nueva. A los diez minutos de haberse iniciado el acto conmemorativo de la fusión de la Falange con las JONS, al que asistían unas 800 personas de todas las provincias españolas, entre ellas Pilar Primo de Rivera, y cuando correspondía el turno de oradores a Fernández Cuesta, un militante de Falange Independiente gritó “¡Traidor, Falange sí, fascismo no!”. Inmediatamente intervino el servicio de orden, algunos de cuyos componentes esgrimían pistolas, pero los asistentes, divididos en bandos, se enfrentaron entre sí, mientras por su parte, militantes de Fuerza Nueva trataban de poner orden en el caos organizado en la sala. Al cabo de un cuarto de hora y a los gritos de “¡Unidad, Unidad!”, se volvió a restablecer la calma, no sin antes haber sido expulsados del teatro diversos miembros de Falange Independiente. Seguidamente se volvió a reanudar el mitin, durante el cual los distintos oradores lanzaron duras críticas al Gobierno, al que calificaron de traidor y acusaron de destruir España, llegando uno de los oradores, representante del distrito universitario de Oviedo, a invocar la unidad para conseguir un orden nuevo según la consigna del grupo fascista italiano del mismo nombre».

  ABC  dedica su portada a los incidentes en el aniversario de Falange (octubre, 1976)

ABC dedica su portada a los incidentes en el aniversario de Falange (octubre, 1976)

 Algunas escenas de los incidentes. Golpes y cordones de seguridad entre falangistas. Revista  Triunfo

Algunas escenas de los incidentes. Golpes y cordones de seguridad entre falangistas. Revista Triunfo

Las discrepancias, afortunadamente, evitaron, y aún lo hacen, la unidad entre las distintas facciones de la ultraderecha española. Falange Auténtica, una y otra vez, afirmaba no tener nada que ver con los que, según ellos, habían «manipulado» sus símbolos e ideología. La Falange de José Antonio (proclamada como la «Auténtica») dejó de existir el 19 de abril de 1937 con el Decreto de Unificación, que eliminaba a las distintas facciones que habían apoyado el golpe de Estado. Manuel Hedilla, líder falangista, se opuso a este y fue condenado a muerte. Nazis alemanes y fascistas italianos le ofrecieron salvoconductos para que huyese y evitase así su muerte, pero los rechazó. Desde entonces, los seguidores de José Antonio, agrupados alrededor de la Falange Auténtica, no olvidarían la actitud de Franco y, en los años que siguieron a la muerte del dictador, llegaron a las manos con otras «familias» que se proclamaban falangistas.

 Manuel Hedilla

Manuel Hedilla

Posiblemente, la escalada de tensión entre falangistas alcanzó su punto más álgido en octubre de 1976 cuando se celebró el aniversario de La Falange y, en el Palacio de Congresos donde se realizó el acto, se dieron cita todas las familias. Los abucheos aumentaron hasta que estalló la violencia. El País lo describió así: «En medio de un cierto silencio, Sigfredo Hillers reanudó su discurso con la siguiente frase: “Para estos cuarenta años no basta decir que hemos vivido mejor que nunca...”. Un grupo de personas, hasta entonces situadas en las butacas, se levantaron de sus asientos y saltaron al estrado, corriendo hacia Sigfredo Hillers en actitud hostil; otro grupo rodeó al orador, pretendiendo protegerle, y hubo un fuerte intercambio de golpes e insultos entre las dos facciones mientras los partidarios de unos y otros en la sala prorrumpían en gritos —se oyó el himno Viva la Revolución, entre otros—, siendo totalmente desoídos los que solicitaran silencio. Un muchacho rodó por los suelos en medio del tumulto; otro grupo rodeó a Pilar Primo de Rivera, que quería marcharse, pidiéndole, que no se fuera, mientras surgían algunos gritos hostiles contra ella. La hermana del fundador de la Falange decía: “Esto es una vergüenza, una vergüenza”, al igual que Mónica Plaza, sentada cerca de ella.

 José Antonio Primo de Rivera durante un mítin

José Antonio Primo de Rivera durante un mítin

Había mucha competencia electoral entre los falangistas españoles: Falange Española de las JONS, de Raimundo Fernández-Cuesta, la Falange Española Independiente, de Sigfrido Hillers de Luque, los Circuitos José Antonio, de Diego Márquez Horrillo, y la Falange de las JONS (Auténtica), hedillista. Y también un quinto partido, Fuerza Nueva, de Blas Pinar, implicada en actos de violencia ultra y terrorismo negro. A su alredededor, en este ecosistema ultra, se multiplicaban los atentados y los grupos paramilitares.

 Mítin de Fuerza Nueva en Bilbao (1977). Fotografía de Leonard Freed

Mítin de Fuerza Nueva en Bilbao (1977). Fotografía de Leonard Freed

«No somos marxistas, pero tampoco somos antimarxistas»
 

El mismo Blas Piñar se quejaba de la hostilidad de los miembros de la «Auténtica»: «Fuerza Nueva tiene unos ideales, y sigue la doctrina de Falange, aunque no es estrictamente falangista. En general, tenemos relaciones aceptables con otros grupos falangistas, pero la llamada Falange Auténtica tiene poco de auténtica, aunque reconocemos que en ella militan algunos falangistas, pero el partido está totalmente desviado hacia la izquierda. Reiteradamente sus militantes nos atacan, por ejemplo, como lo sucedido en Salamanca, donde un grupo de Falange Auténtica, con miembros del PC, se lanzó contra FN. Nosotros siempre hemos tenido respeto por la figura de Hedilla, que incluso ocupó portadas en nuestra revista. Pero su actitud actual nos resulta absolutamente inentendible, admitiendo como admiten tantísimas cosas que no tienen nada de falangistas». Fuerza Nueva denunció una supuesta infiltración comunista en Falange Auténtica y estos, a su vez, ofrecían declaraciones como las de «No somos marxistas, pero tampoco somos antimarxistas». Ubú Rey, amigos. Delirios ultras.