¡Salvajes en las calles! El sonido que hizo temblar las ciudades

Al frente de la turba podía verse a un airado Mike Ness, de Social Distortion, entonces un adolescente punk fanático de la música rápida y el skate, y a sus espaldas edificios de negocios, simulando liderar una gran pandilla en una carretera casi desierta como el día después de un gran Armagedón. Y, en realidad, lo eran, una comunidad punk que por aquellas fechas, marzo de 1982 (aunque el disco se grabó un poco antes, en diciembre del año anterior), avanzaba con música hardcore. Entre las principales bandas de la costa oeste, brillaban Circle Jerks, quienes tras su primer disco, hoy un clásico imbatible titulado Group Sex (la portada planteaba lo mismo, un idéntico sentido de unidad y camaradería, con un grupo numeroso de amigos punks que miran y sonríen, y hacen muecas a una cámara), publicaban Wild in the streets.

Portada de Wild in the streets. Puede verse a Mike Ness a la izquierda, encabezando el grupo, con sombrero negro

Portada de Wild in the streets. Puede verse a Mike Ness a la izquierda, encabezando el grupo, con sombrero negro

Mike Ness durante la época de Wild in the streets

Mike Ness durante la época de Wild in the streets

El disco, en realidad, jugaba al despiste: tras las películas que alertaban de unas ciudades estadounidenses convertidas en junglas, de las que The Warriors, era su mejor ejemplo, ahora ante la metáfora sobre la delincuencia real que había azotado el país durante los setenta, los punks seguían aquel discurso, todos ellos convertidos en objeto de la ira policial (era tristemente célebre la violencia policial antipunk de la policía angelina, habituada a irrumpir en locales de conciertos y provocar reyertas) y con un pánico antiadolescente que ocupaba portadas y noticias. «Tengo una pandilla llamada Los Lobos», confesaba la letra.  

«Al igual que en toda guerra, se firmaban armisticios, los líderes se reunían y debatían sobre fronteras y salvoconductos»

Películas como The Warriors, dirigida por Walter Hill en 1979, encumbraron a las bandas como criaturas espectaculares y también aterradoras surgidas de la subcultura, el final de los sesenta y la supervivencia en las duras ciudades del país. Las primeras pandillas eran visualmente menos espectaculares. Como los Egyptian Kings, formada por decenas de afroamericanos que controlaban la calle 135 hasta la 155 del Harlem y cuyos enemigos eran los Jesters. Al igual que en toda guerra, se firmaban armisticios, los líderes se reunían y debatían sobre fronteras y salvoconductos. Estaban organizados siguiendo el modelo de la mafia y poseían sus propios rituales de admisión. Al principio estaban más divididos por la raza, pero la propia realidad de Nueva York los hizo más multirraciales. El territorio se convirtió en algo definitivo. Desde entonces, lucharían a muerte por controlarlo.

Circle Jerks en directo, early years

Circle Jerks en directo, early years

«"Salvaje, salvaje, salvaje, salvaje / Salvaje en las calles", las frases con las que comenzaba la canción, se convirtieron en un himno, algo que comenzó muchos años antes con una película hoy de culto y con el mismo título»

Mike Ness era uno más. En el fondo, todos se conocían (Keith Morris, su cantante, un poco antes había hecho las voces en la otra gran banda californiana, Black Flag) y «Wild in the streets» venía a explicar unos años y una época: «Salvaje, salvaje, salvaje, salvaje / Salvaje en las calles», las frases con las que comenzaba la canción, se convirtieron en un himno, algo que comenzó muchos años antes con una película hoy de culto y con el mismo título, que sin embargo arrojaba una aterradora sospecha: si los jóvenes toman el poder, producirán monstruos.

Fotogramas de Wild in the streets (1968)

Fotogramas de Wild in the streets (1968)

En España se conoció con el título de El Presidente (aunque en Latinoamérica se acercó más a un título coherente: Un salvaje en las calles). Se estrenó justo en el año en que la juventud «asaltó» el mundo, 1968, con los jóvenes convertida en el azote del adulto y que muchos filósofos vieron como el nuevo sujeto revolucionario. Sobre la película sobrevolaba aquella famosa frase de la contracultura estadounidense que advertía que al llegar a la treintena te convertías (casi) en el «enemigo». Robert Thom había escrito para Esquire un relato corto, posteriormente publicado como novela, titulado «El día que todo ocurrió, ¡baby!», a partir del cual se creó toda una película. Su argumento era completamente delirante, pero expresaba muchos de los discursos de la época, algo que explica que en un primer momento a Phil Ochs, uno de los grandes cantantes de la nueva izquierda, se le ofreciera el papel de protagonista principal, lo que rechazó. Si el poder estaba en manos de la juventud, para el autor del relato y los guionistas, se podía expresar en algo un tanto absurdo como el ampliar la edad para votar hasta los 14 años. En la cinta, esta lucha degeneraba poco a poco en algaradas y disturbios por todo el país. Los jóvenes se hacen con el control de las calles y no dudan en utilizar la violencia para conseguir sus objetivos. Max Frost, su protagonista y líder de los sublevados, es también una estrella de rock, un protopunk que ante la sorpresa de todos alcanza la presidencia de los Estados Unidos, una especie de Donald Trump a la inversa aunque igual de alocado. El sueño psicodélico se cumplía: hay drogas gratis para todos y una libertad que avanza hacia el totalitarismo. En un momento dado, Frost proclama encabezar «la sociedad hedonista más auténtica que el mundo haya conocido», lo cual es cierto. Cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad.

A su vez, la canción «Wild in the streets» no era de Circle Jerks sino de Garland Jeffreys, un cantante con conexiones con el mundo de la Velvet Underground (fue amigo íntimo de Lou Reed, a quién había conocido en 1961 en el comedor de la universidad de Syracuse, los únicos dos chicos excéntricos y marginales, una pareja predestinada a conocerse) y con John Cale, con quien colaboró en un disco de título maravilloso, Vintage Violence.

Lou Reed junto a Garland Jeffreys

Lou Reed junto a Garland Jeffreys

La canción, aunque no salió publicada durante la década de los sesenta sino en 1973, servía de puente entre los esa década y los primeros setenta. La letra era parte de su tiempo. Jeffreys la escribió tras leer sobre un caso real de una chica raptada, violada y asesinada por pandilleros del Bronx, pero más allá de ese caso concreto se basaba en los terrores hacia las bandas que en los setenta dominaban ciudades como Nueva York o Los Ángeles, entre otras. Su mención a la banda de «Shady» era como decir Los Vampiros, que sí existieron por aquellas fechas y eran igual de peligrosos. Cuando la canción pasó a manos de Circle Jerks, parte de la letra cambió, se hizo más siniestra. «Shady» se convirtió en «Los Lobos».

Cartel de Circle Jerks junto a 7 Seconds y otras bandas clásicas

Cartel de Circle Jerks junto a 7 Seconds y otras bandas clásicas

«En Wild in the streets (el disco) aparecen no de forma explícita pero sí en parte muy claramente, algunos héroes de aquellos punks, como en el octavo corte, "Letter bomb", inspirada en un caso real que había sacudido el país: las cartas bombas del anarquista y activista contra la sociedad industrial conocido como Unabomber»

La película y el disco parecen hablar un mismo lenguaje aunque con más de una década de diferencia. Y con unos tiempos que eran muy distintos. Sin embargo, lo que emparenta una y otra obra es el papel de la juventud como energía movilizadora y el nihilismo de gran parte de aquel primer hardcore. En Wild in the streets (el disco) aparecen, no de forma explícita pero sí en parte muy claramente, algunos héroes de aquellos punks, como en la canción «Letter bomb», inspirada en un caso real que había sacudido el país: las cartas bombas del anarquista y activista contra la sociedad industrial conocido como Unabomber. Sin embargo, muchos punks y hardcore kids de todo el mundo convirtieron la versión de Circle Jerks en un clásico no al salir aquel, sino un poco más tarde, cuando apareció en el clásico Thrashin, una película sobre el por entonces famoso mundo del skateboard que estaba tomado por punks y hardcores. Lo realmente sorprendente es que en esa ocasión las dos canciones, la original y la versión, se unen: al principio de la escena es la canción de Garland, pero al momento irrumpe la rabia de Circle Jerks. Se superponen, funcionan para un mismo objetivo: las bandas de skaters se persiguen en mitad de la noche. El relato es el mismo. La violencia como amenaza en una ciudad fantasma.