«Querido Caudillo»: una carta a los Reyes Magos del franquismo

noche de reyes magos en madrid, 5 de enero de 1935 (archivo biblioteca nacional).

«Pido a Dios que todos los niños del mundo no conozcan los sufrimientos y las tristezas que tienen los niños que aún están en poder de los enemigos de mi patria, a los que yo envío un beso fraternal. ¡Viva España!» Mensaje de María del Carmen Franco y Polo, por boca de su padre, en 1937.


En vísperas de la noche de Reyes de 1935, el diario Ahora publicaba esta carta del pequeño Antoñito del Río dirigida al rey Baltasar:

«Querido Rey Negro:

Mucho te agradeceré que me traigas este año un tren y una caja de soldados con cañones y todo, y una bicicleta, y un rompecabezas, y un caballo de cartón, y un auto de bomberos, y un camión de guardias de asalto, y unos libros de cuentos del Gato Félix y de Pipo y Pipa, y de la Caperucita y de Pulgarcito. Pero que no se te olvide, ¿sabes? Muchas gracias, y yo te prometo ser muy bueno, no dar guerra a mis papás, saberme siempre las lecciones y no pegar a mi hermanito».

Lo primero que nos llama la atención es que Antoñito se refiera a Su Majestad Baltasar sin mentarlo por su nombre y aludiendo simplemente al color de su piel. La fórmula más frecuente era dirigirse a los tres Reyes Magos sin distinción, en un principio porque el evangelio de San Mateo no especificaba ni sus nombres ni sus orígenes étnicos. Ni tan siquiera dejaba suficientemente claro cuántos eran. Lo importante, claro, era el mensaje del que eran portadores y que la iconografía católica se encargó de perfilar con el paso de los siglos. Para el caso que nos ocupa, lo importante es que Melchor, Gaspar y Baltasar sumaban tres: una cifra muy apropiada para relacionarla con la Trinidad, con las tres Edades del hombre y con las tres partes del mundo que se conocían en la Edad Media: Asia, África y Europa.

Una certeza que comenzó a tambalearse tras las primeras expediciones portuguesas al norte de África y la posterior conquista de América a manos de los españoles, y que la mentalidad colonial (e imperialista) buscó conciliar la diversidad de la humanidad y la universalidad del mensaje de Cristo. Así fue como, a finales del gótico, Baltasar pasó a ser de raza negra, quizá de procedencia etíope, a juzgar por su ofrenda de mirra, una especia de resina que se extraía de determinados arboles del norte de África y Oriente Medio y que se utilizaba para embalsamar a los muertos. Entonces, ¿más que un mago era un nigromante? Algunos historiadores concuerdan que su presente forma parte ineludible de la alegoría cristiana: es una alusión al carácter mortal de Jesús y, a su vez, al mensaje de que algún día resucitará.

en el s.XVI, Vasco Fernandes incluyó en el retablo que hizo para la catedral de Viseu (portugal) a un cacique con plumas y jabalina de Brasil.

Pero volviendo al caso que nos ocupa, con Sevilla y Lisboa rivalizando por controlar el mercado de mano de obra barata de la península ibérica a finales del siglo XV, muchos de aquellos esclavos acabaron convertidos al cristianismo, al igual que los hijos recién nacidos de esclavas. Gracias a las partidas contenidas en los libros sacramentales de bautismo de la época sabemos que adoptaron el nombre de Baltasar cuando eran «de color negro» o Gaspar «que de antes era moro y se tornó cristiano». En otra carta, publicada por la revista Crónica en 1932, Rosita Fernández escribió: «Excelentísimo Rey Gaspar: Te pido con mucha necesidad una muñeca que llore, un fregadero y un cocodrilo de trapo que he visto en la calle del Arenal... No dejes de traérmelo todo, y te prometo que seré buena».

Recordemos que cerca de cien mil marroquíes de entre 16 y 50 años lucharon en la Guerra Civil española. Fueron reclutados por el Ejército de Franco en las cabilas del Protectorado del norte y en los miserables poblados de Ifni, y trasladados a la Península en barcos y en aviones alemanes. «Todos los musulmanes de nuestro Protectorado en Marruecos, impregnados del amor y la cultura que en ellos ha sembrado España, acuden en socorro inmediato al escuchar los clarines de la llamada de Occidente bramaba en tono triunfal el locutor del No-Do Ni levas ni propaganda. Voluntarios nada más. Por mandato del corazón». Pero además de como fuerza de choque, les utilizaron como arma psicológica. Alentados por los oficiales, pusieron en práctica todo lo que habían aprendido pocos años antes luchando contra los españoles en las guerras de África: destripamientos, decapitaciones y mutilaciones de orejas, narices y testículos. Desde la radio de Sevilla, el general Queipo de Llano prometía a los "milicianos castrados" que sus mujeres pronto conocerían la virilidad a manos de aquellas tropas.

Transportando una imagen religiosa en Maqueda (Toledo). FOTOGRAFÍA: ERICH ANDRES (circa 1938)

Un país, un pueblo, en el que solo cabía la gente de orden, y al rey mago se le pintaba la cara de betún para un desfile que ayudó a normalizar la esclavitud y el racismo como algo inofensivo e intrascendente

Una imagen brutal que contrastaba con la imperiosa necesidad de mostrar su lado más humano como parte de la propaganda del bando nacional. Ya fuera posando junto a unos chiquillos sorprendidos por la novedad de los soldados marroquíes en las inmediaciones del Cuartel General de Franco, en Salamanca, o transportando cuidadosamente los restos de las imágenes religiosas que se encontraban apiladas en la Iglesia de Maqueda (Toledo). «¡Volveréis a vuestros pueblos con babuchas de oro!», les había prometido Franco como pago a sus servicios. Pero cuando terminó la contienda los echó a patadas, licenciados y repatriados a la fuerza. Sólo conservó al puñado de integrantes de su Guardia Mora, que durante décadas actuaron como vistosa escolta ecuestre en torno al Rolls Royce (regalo de Hitler) en el que el dictador se desplazaba para los actos oficiales.

con unos niños en Salamanca. FOTOGRAFÍA: ERICH ANDRES (1938)

En Galicia, durante las navidades de 1938, apenas unas semanas antes de que se constituyese en España el primer Gobierno de la España franquista, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS organizó una campaña benéfica de recogida de juguetes. «Nos comunican los emisarios de los Reyes Magos que traerán juguetes en suficiente cantidad, para que todos los niños de La Coruña reciban su regalo. Todos los niños de la España Nacional son merecedores de atención y cariño», comunicó el 4 de enero el ya caudillo Francisco Franco, que además invitó a sus majestades a darse un paseo por «la España liberada». Hasta el ABC de Sevilla informó de la cabalgata que transcurría por las calles de la ciudad herculina, resaltando la «apariencia venerable» de Melchor, el «semblante risueño» de Gaspar y «la negra tez portadora de carbón de Baltasar, que este año convirtió el castigo para los niños malos en juguetes».

«Nos comunican los emisarios de los Reyes Magos que traerán juguetes en suficiente cantidad, para que todos los niños de La Coruña reciban su regalo. Todos los niños de la España Nacional son merecedores de atención y cariño»

Se cumplía un año de los bombardeos indiscriminados como el que se produjo precisamente en la noche de Reyes de 1937 sobre Almería para desestabilizar la retaguardia republicana. A la mañana siguiente, el diario Adelante, controlado por UGT, publicaba la siguiente crónica:

«Un nuevo crimen de los aviadores fascistas: Esta madrugada, próximo a las dos, ha hecho su aparición en nuestra ciudad un pajarraco fascista, el que, como siempre suelen hacerlo estos desalmados, arrojó tres bombas sobre la ciudad indefensa, donde sólo pueden caer víctimas inocentes, ajenas a los fragores de la lucha. El miserable y mal nacido que se posara sobre esta noble y hospitalaria ciudad con el propósito de sembrar la muerte entre una población que se viene destacando por su ecuanimidad con los malhechores que tanto luto nos ha traído a la República, porque no supieron ganar en las urnas un triunfo que tampoco supieron conquistar, hizo su aparición sobre la ciudad cuando se hallaban sus habitantes confiados al reposo, como las hienas, para cebarse más en el número de víctimas. Una primera y potente detonación que hizo romper gran cantidad de cristales, algunos en nuestros talleres y Redacción, sembró la alarma en el pacífico vecindario, y al escrutar la bóveda, a esa hora tachonada de estrellas y con una gran oscuridad, otra segunda detonación nos volvió a la realidad…

El pánico empezó a correrse entre las mujeres que salían de sus viviendas, agarradas de la mano de multitud de inocentes criaturas, en busca de los refugios donde guarecerse, cuando una tercera y potente bomba, acompañada de una rara iluminación descendió en el espacio, viniendo a caer en la casa de dos pisos que se hallaba enclavada en la calle de Braulio Moreno, número 14, donde cuatro familias, ajenas a la tragedia que les deparaban esos viles traidores, descansaban tranquilamente. El edificio en cuestión quedó hecho añicos y sus moradores prisioneros de los escombros. Personadas las autoridades se empezaron los trabajos de retirar los escombros, donde pronto se empezaron a oír los lamentos que daban las víctimas de este execrable atentado contra el derecho de gentes y de lesa humanidad. Primeramente se encontró a una mujer, después a otra, luego a un niño y así sucesivamente se fueron retirando los cuerpos de tres muertos y ocho heridos».

Foto de tres combatientes de la facción nacional español comiendo y bebiendo detrás de las líneas del frente de Teruel, (Aragón), en el día de los Reyes Magos (6 de enero de 1938). El General Franco ordenó que los soldados en la parte delantera debe ser dado una ración festiva, que sería distribuido por organizaciones de ayuda nacional española. (archivo: Scherl / Süddeutsche Zeitung Photo)

El éxito de la cabalgata fue amortizado rápidamente por las élites franquistas como vehículo de transmisión de sus valores políticos. La figura de Franco salía doblemente reforzada, legitimado a través de la retórica de la justicia social y, sobre todo, como la autoridad que intercede con los Magos para asegurarse de que ningún niño sin recursos se quede sin alegría en una fecha tan entrañable. En ese sentido, la cabalgata sevillana de 1939 resulto especialmente premonitoria: tres meses del final de la guerra, incluyó una carroza de la Ilusión, «montando el caballo alado bellísima señorita, vestida de hada, representando la Victoria a que nos conducirá la templada espada del caudillo Franco». Tal y como pronosticó el redactor de ABC, la exaltación de Franco como líder indiscutible del imaginario nacionalista se consumaría al entrar sus tropas en Madrid en marzo de ese mismo año.

Otra víspera de reyes, pero de 1941, el mismo cronista dará cuenta del acto organizado por la Casa de Socorro de Chamberí, que «entregará trece mil pesetas a familiares de militares caídos por Dios y por la Patria». Así se reconocía a una parte de España, quedando huérfana aquella derrotada en la contienda. Un país, un pueblo, en el que solo cabía la gente de orden, y al rey mago se le pintaba la cara de betún para un desfile que ayudó a normalizar la esclavitud y el racismo como algo inofensivo e intrascendente. No muy lejos de allí, en la embajada de Alemania, situada en el número 4 del Paseo de la Castellana, un representante de Hitler obsequiaba con juguetes a los niños de España. Posiblemente, la portada de la edición nacional de ABC del 6 de enero de 1941 sea la que mejor ilustre el sentido que el franquismo le dio a la festividad de la Epifanía del Señor. Con esvásticas, yugos y flechas a sus espaldas, los hijos de la guerra abren sonrientes los regalos traídos desde (dicen) el lejano Oriente. El titular reza así: «Los Magos depositaron sus presentes para el niño rico y para el niño pobre, unidos en el amor a España». Oro, incienso y mirra. Cuarenta años de paz os esperan.

REPRESENTANTES DE HITLER REPARTEN JUGUETES A LOS NIÑOS ESPAÑOLES EN LA EMBAJADA ALEMANA (LEGIONES Y FALANGES, ENERO DE 1941)

ACTUALIZACIÓN 05/01/24: Negándose a poner punto y final a este artículo, ayer mismo el Ayuntamiento de Madrid envío felicitaciones personalizadas a los niños del distrito de Chamartín con un rey mago con el rostro pintado. Desde el consistorio aseguran que contrataron a varios actores para interpretar a Baltasar pero por falta de disponibilidad han tenido que recurrir a «uno que no es negro». La controversia sobre el blackface tiene su origen en el minstrel, un género musical y teatral de finales del siglo XIX en el que personas blancas se disfrazaban de esclavos negros para ridiculizarlos en espectáculos que excluían a la población negra y la representaban mediante prácticas racistas de suplantación. No es solo que la caracterización del actor resulte racista y estereotipada, sino que su imitación del acento árabe cae en la caricatura grotesca.