Las navidades que «inauguraron» el punk


El hecho fundacional del punk «antes del punk» fue la invasión, durante las navidades de 1968, de un centro comercial por un grupo de anarquistas liderados un salvaje Santa Claus

Navidades de 1968. Selfridges, centro de Londres. De pronto, irrumpe un Santa Claus entre las familias que entran y salen del local. «¡Ho!, ¡ho!, ¡ho!», ríe el hombre vestido de rojo y con barba blanca. Los niños se agolpan a su alrededor cuando comienza a repartir juguetes. La escena es festiva y alegre. Pero entonces llegan más personas. Un grupo formado por más de una veintena de miembros de King Mob, un colectivo formado por anarquistas y situacionistas con base en Notting Hill, reparte panfletos a las puertas del centro comercial. La acción ha sido preparada poco antes, mediante unos panfletos en los que sin embargo no se anunciaba el día o la hora de la invasión.

«Dinamita es libertad», pintada de King Mob (circa 1969)

«Dinamita es libertad», pintada de King Mob (circa 1969)

Las octavillas culpan a los ingleses por su mala producción, su falta de conciencia con el espíritu de trabajo genuinamente inglés, por su holgazanería, por todos y cada uno de los males que azotan el país. Es un panfleto horrible, cínico, trágico: «No más neón de medianoche. No más brillo para que los turistas compulsivos se queden boquiabiertos ante las maravillas del capitalismo... Este año la navidad ni siquiera puede pretender ser divertida... Derribemos todo el gran engaño. Ocupen el palacio de la diversión... Iluminen la calle Oxford. Baila alrededor del fuego», puede leerse.

El caos se adueña del lugar, apareciendo varios guardias de seguridad y numerosos policías que no dudan en llevarse detenido a Santa Claus. Hay gritos y empujones. Los niños observan atónitos la escena y algunos incluso lloran. El entrañable Santa Claus camina esposado. Una señora, estupefacta, le grita a Santa Claus: «¡Eres un hippie loco!».

Pero sucedió algo más. El (falso) Santa Claus habían llegado hasta la sección de juguetes. Instantes antes de que la seguridad se abalanzase sobre este y su séquito de hippies, pudo repartir juguetes y dulces a los numerosos niños que estaban por allí. La algarabía era enorme. Los niños, encantados, tomaban sus juguetes y se marchaban. Cuando la policía controló la situación, la dirección de los almacenes no sabía qué hacer con los juguetes entregados a los niños, que ya abandonaban el lugar. La dirección del Selfridges solo tenía dos opciones: dejar que los niños se quedaran con los juguetes y esperar algo de buena publicidad, o exigir a la seguridad de la tienda y a la policía que cogieran los juguetes y los volvieran a colocar en los estantes. No había fotógrafos, por lo que no podían temer una nefasta imagen de polis arrebatando juguetes a los niños, así que finalemente, tras perseguir a la chiquillería, devolvieron los juguetes a las estanterías.

La célebre octavilla repartida a las puertas de Selfridges (King Mob, 1968)

La célebre octavilla repartida a las puertas de Selfridges (King Mob, 1968)

Fachada de Selfridges en Londres

Fachada de Selfridges en Londres

El gesto, muchos años antes de la aparición de las primeras bandas punk londinenses (Damned, Stranglers, The Clash o Sex Pistols) o estadounidenses (Ramones, Dictators…) tiene todo aquello de malsano, contradictorio y ofensivo del punk. Es como una imagen convertida en un manifiesto de futuras intenciones. En las décadas siguientes, McLaren aseguró haber estado presente en la acción e incluso haber sido él quien se escondía tras el traje rojo y la barba blanca. Aquel mito pronto se convirtió en una especie de hecho fundacional del punk antes del punk, que será imitado por McLaren durante toda su vida: el Robin Hood dickensiano, el hábil usurpador, el anarquista que conspira desde dentro. Lo que hizo fue distintas versiones de aquel suceso y de todo lo que este encerraba. Una y otra vez, en distintos momentos, mostró reinterpretaciones del mismo, quizás porque aquella acción encerraba todo el sentido de shock y estafa del mismo punk, todas y cada una de sus estrategias de desvío y subversión. 

McLaren, con su camiseta CASH FROM CHAOS, creada inicialmente por Seditionaries

McLaren, con su camiseta CASH FROM CHAOS, creada inicialmente por Seditionaries

«La letra de “Anarchy in the UK” no fue escrita por Johnny Rotten, sino por un antiguo miembro de la Angry Brigade».

King Mob, los autores de la acción, llevaban aterrorizando Londres desde un año antes con acciones sorprendentes e imaginativas: ocupaban parques, marchaban junto a los primeros hard mods (futuros skinheads), se mofaban de los universitarios y estudiantes de bellas artes, imprimían sus propios carteles que estéticamente anticiparían los de Jamie Reid, muy cercano al grupo, futuro diseñador de Sex Pistols. Aunque no usaban la violencia, no la despreciaban, conectando la realidad inglesa con su pasado heroico, algo así como las huestes de los primeros hooligans con un cuadro de William Blake (de hecho, realizaron pintadas con citas de Blake por Notting Hill). No solamente inspiraron la aparición del punk, sino también de la lucha armada con la Angry Brigade, anarquistas e inspirados en muchas de sus acciones y, sobre todo, su discurso, muy alejado del izquierdismo bienintencionado. Hasta Mick Farren, el ideólogo contracultural en el Londres de finales de los sesenta, se espantaría de hasta donde habían llegado los herederos de King Mob cuando volaron por los aires una tienda de BIBA en mayo de 1971.

En una entrevista, Jordan, uno de los grandes icónos de aquellos días, lanzó esta afirmación: «La letra de “Anarchy in the UK” no fue escrita por Johnny Rotten, sino por un antiguo miembro de la Angry Brigade». Cierto o no, su declaración abre una puerta o la mantiene abierta para que entremos. Es suficientemente inspiradora, aunque quizá lo que quiso decir no fue que realmente la hubiese escrito un antiguo miembro de la Angry Brigade. Jordan / Amyl Nitrite (en el cine) habla de esta gran corriente eléctrica, de las sucesivas olas que acaban aterrizando en una playa. Nos dice que ese lugar es nuestro presente. Jordan / Amyl Nitrite habla del legado oculto del pop.

Comunicado nº8 de Angry Briga, en el que reivindican el atentado contra BIBA, publicado en International Times

Comunicado nº8 de Angry Briga, en el que reivindican el atentado contra BIBA, publicado en International Times

Dave Wise, uno de los fundadores de King Mob, nos cuenta qué había de cierto en las declaraciones de McLaren: «Tras cierta planificación rudimentaria, a principios de diciembre de 1968, informé a McLaren y Vermorel sobre lo que pretendíamos hacer y les pregunté si podrían conseguir que acudiera mucha gente a Oxford Street. La intervención de Selfridges fue realmente un esfuerzo colectivo y dispar. En su momento, nadie pensó realmente que fuera algo que hubiera que reclamar, algo de lo que hubiera que registrar los derechos. Así era el iluminado espíritu de la no propiedad de esos tiempos. Más tarde, McLaren diría que era él quien iba disfrazado de Santa Claus, cosa que no era cierta. ¡Un buen amigo, Peter “Ben” Trueman, colocadísimo de speed, lo hizo!».

McLaren en una escena de The Ghosts of Oxford Street (1991)

McLaren en una escena de The Ghosts of Oxford Street (1991)

McLaren mintió y hasta recreó lo que pasó. Salvo por un detalle: él no estaba. Incluso creó un panfleto inspirado en la acción en 1977, cuando los Sex Pistols eran ya todo un acontecimiento. Lo llamó Anarchy in the UK Christmas Day. Décadas más tarde, la obsesión de McLaren llegó hasta el punto de dirigir una película en la que inmortalizó el falso reparto de juguetes a las puertas de Selfridges. La tituló The Ghosts of Oxford Street, un musical estrenado en 1991 y donde McLaren lee en voz en off el panfleto que se repartió y se simula la detención de aquel Santa Claus que se fue esposado, rodeado de policías, ante el estupor de padres y niños.

La escena sucede a partir del minuto 7: