Punk antes del punk o la anarquía a las puertas del centro comercial

Navidades de 1968. Selfridges, centro de Londres. De pronto, irrumpe un Santa Claus entre las familias que entran y salen del local. «¡Ho!, ¡ho!, ¡ho!», ríe el hombre vestido de rojo y con barba blanca. Los niños se agolpan a su alrededor cuando comienza a repartir juguetes. La escena es festiva y alegre. Pero entonces llegan más personas. Un grupo formado por más de una veintena de miembros de King Mob, un colectivo formado por anarquistas y situacionistas con base en Notting Hill, reparte panfletos a las puertas del centro comercial.

«Dinamita es libertad», pintada de King Mob

«Dinamita es libertad», pintada de King Mob

Las octavillas culpan a los ingleses por su mala producción, su falta de conciencia con el espíritu de trabajo genuinamente inglés, por su holgazanería, por todos y cada uno de los males que azotan el país. Es un panfleto horrible, cínico, trágico.

La célebre octavilla repartida a las puertas de Selfridges

La célebre octavilla repartida a las puertas de Selfridges

El caos se adueña del lugar, apareciendo varios guardias de seguridad y numerosos policías que no dudan en llevarse detenido a Santa Claus. Hay gritos y empujones. Los niños observan atónitos la escena y algunos incluso lloran. El entrañable Santa Claus camina esposado. Una señora, estupefacta, le grita a Santa Claus: «¡Eres un hippie loco!».

Fachada de Selfridges en Londres

Fachada de Selfridges en Londres

En las décadas siguientes, McLaren aseguró haber estado presente en la acción e incluso haber sido él quien se escondía tras el traje rojo y la barba blanca. Aquel mito pronto se convirtió en una especie de hecho fundacional del punk antes del punk, que será imitado por McLaren durante toda su vida: el Robin Hood dickensiano, el hábil usurpador, el anarquista que conspira desde dentro. Lo que hizo fue distintas versiones de aquel suceso y de todo lo que este encerraba. Una y otra vez, en distintos momentos, mostró reinterpretaciones del mismo, quizás porque aquella acción encerraba todo el sentido de shock y estafa del mismo punk, todas y cada una de sus estrategias de desvío y subversión. 

             McLaren en 1978

             McLaren en 1978

Dave Wise, uno de los fundadores de King Mob, nos cuenta qué había de cierto en las declaraciones de McLaren: «Tras cierta planificación rudimentaria, a principios de diciembre de 1968, informé a McLaren y Vermorel sobre lo que pretendíamos hacer y les pregunté si podrían conseguir que acudiera mucha gente a Oxford Street. La intervención de Selfridges fue realmente un esfuerzo colectivo y dispar. En su momento, nadie pensó realmente que fuera algo que hubiera que reclamar, algo de lo que hubiera que registrar los derechos. Así era el iluminado espíritu de la no propiedad de esos tiempos. Más tarde, McLaren diría que era él quien iba disfrazado de Santa Claus, cosa que no era cierta. ¡Un buen amigo, Peter “Ben” Trueman, colocadísimo de speed, lo hizo!».

McLaren en una escena de The Ghosts of Oxford Street (1991)

McLaren en una escena de The Ghosts of Oxford Street (1991)

Décadas más tarde, la obsesión de McLaren llegó hasta el punto de dirigir una película en la que inmortalizó el falso reparto de juguetes a las puertas de Selfridges. La tituló The Ghosts of Oxford Street, un musical estrenado en 1991 y donde McLaren lee en voz en off el panfleto que se repartió y se simula la detención de aquel Santa Claus que se fue esposado, rodeado de policías, ante el estupor de padres y niños.

La escena sucede a partir del minuto 7: