«Lucifer es mi pastor, nada me faltará»

Aseguran que el demonio habita dentro. Sus enemigos (cristianos encolerizados que una y otra vez claman al cielo por semejante «atrocidad») han intentado, a través de mil formas y artimañas, demoler el templo satánico. Han dicho que está edificada irregularmente, careciendo de licencia, o que incita al pecado y la violencia. Se han manifestado y realizado concentraciones de protesta. La primera Iglesia satánica de Colombia y, posiblemente, el más espectacular templo dedicado a Satán en todo el mundo, está edificada en Carlarcá, Quindío.

La polémica recordó a otra, esta vez en Detroit, donde se levantó una estatua de Satanás en bronce de tonelada y media de peso y 2,59 metros de alto, que generó protestas dentro de la comunidad católica de esa ciudad. La iglesia, de 260 metros cuadrados, recibe el nombre de Semillas de Luz y su líder es Víctor Damián Rozo, un supuestamente rico hombre de negocios que no duda en aparecer escoltado con una docena de chicas armadas hasta los dientes. Es un predicador adicto a la fama, a medio camino entre el telepredicador americano y la estrella de rock. 

 Víctor Damian Rozo

Víctor Damian Rozo

 Rozo y su docena de escoltas armadas

Rozo y su docena de escoltas armadas

El periódico colombiano Las 2 orillas, alarmado, describió el interior del templo del siguiente modo: «En el centro del recinto se extiende una estrella de cinco puntas. Frente a los fieles se erige, imponente, un Belcebú de tres metros. En las paredes salen misteriosas manos de bronce que cargan antorchas eléctricas. La ostentación kitsch de la que hace gala el templo no ha hecho otra cosa que exacerbar los rumores y la curiosidad popular. Del 29 de diciembre al 3 de enero, un grupo de oración de Calarcá, compuesto por 37 mujeres, hizo un plantón frente a la edificación tratando de exorcizar el mal que, según ellas, desde allí se irradia. Para evitar la entrada de fisgones, Rozo le pondrá, en la piel de sus feligreses, un código de barras que será detectado por una máquina instalada en la entrada. La policía pasa constantemente por el templo para comprobar que no haya orgías ni sacrificios humanos. Rozo los deja entrar sin problema, nada teme, “Lucifer es mi pastor, nada me faltará”, piensa en voz alta». 

 Adeptos a la iglesia satánica de Rizo en pleno ritual

Adeptos a la iglesia satánica de Rizo en pleno ritual