Los Panteras Negras contra Shaft


Lejos de lo que pueda parecer, las películas blaxploitation fueron atacadas por los activistas negros, que las calificaron de racistas y a sus directores de explotadores. Los Panteras Negras se manifestaron ante los cines e intentaron boicotear el estreno de Shaft

Shaft, dirigida en 1971 por Gordon Parks es, posiblemente, la película más famosa del género blaxploitation, el cine pretendidamente negro al cien por cien, un medio supuestamente nacido de la misma comunidad negra que retrataba. Pero, en realidad, Shaft fue escrita por un guionista blanco, John Donald Francis Black, que se había hecho famoso con la serie para televisión de Star Trek (The Original Series, 1966). Tras los reportajes y las noticias en que se veían auténticos ejércitos negros uniformados, choques contra la policía o provocadoras declaraciones (Huey P. Newton, uno de sus líderes, aseguró que enviarían panteras a luchar al lado del Vietcong), la industria cinematográfica intentó hacer suyo aquel empuje. Varios productores, conocedores de la popularidad del movimiento black power y su estética rompedora (alianza con el lumpen, gangsterismo, armas, violencia, ajustes de cuentas entre facciones), crearon Shaft como el producto ideal para el nuevo circuito comercial. Tenía, eso sí, todo a su favor para ser lo que fue, un gran éxito comercial, incluida su célebre banda sonora a cargo de Isaac Hayes, cuyo hit «Theme from Shaft» ganó el Óscar a la mejor canción original. Shaft cuenta la historia de un detective privado negro, John Shaft, que recorre Harlem y los barrios de la mafia italiana para encontrar a una mujer que puede testificar contra el hijo de un importante empresario blanco, acusado de haber matado a un hombre negro.

El personaje de Shaft

El personaje de Shaft

«Activistas negros, nada más estrenarse Shaft, se opusieron a la nueva moda. Incluso se manifestaron en piquetes ante los cines en ciudades como Oakland, Nueva York o San Francisco, entre otras, bajo el lema “La comunidad negra no será explotada nunca más”».

Lo que sucedió a continuación ya lo sabemos: la proliferación de decenas de películas que seguían esa estética y temática y que lograron que el género se popularizase dos décadas más tarde, durante los noventa, cuando el director Quentin Tarantino, admirador del género, lo volvió a poner de moda. Sin embargo, a pesar de que se ha ofrecido una imagen black power y de orgullo negro del cine blaxploitation, los activistas negros, nada más estrenarse Shaft y comenzarse a hablar de este, se opusieron a la nueva moda. Incluso se manifestaron en piquetes ante los cines en ciudades como Oakland, Nueva York o San Francisco, entre otras, bajo el lema «La comunidad negra no será explotada nunca más».

En septiembre de 1972, el líder pantera Bobby Seale pronunció un discurso ante las puertas de uno de estos cines, afirmando que se estaban difundiendo estereotipos racistas sobre los negros, siempre vinculados en las películas blaxploitation a la mafia, las drogas y los asesinatos. Además, reclamaba que en cualquier caso el dinero que estaba generando este tipo de películas no llegaba a las comunidades negras de las que se servía aparentemente de inspiración. Propuso que los directores donasen un porcentaje de sus ingresos para el Black Panthers’ Survival Programs, el programa que gratuitamente servía desayunos y daba protección a las comunidades pobres de ciudades como Oakland, donde había comenzado unos años antes.

«El dinero no iba a parar a los negros, sino a empresarios blancos, algo así como un juego de palabras casi imposible: la explotación del blaxploitation»

Protesta organizada por los Panteras Negras frente a un cine 

La protesta salió publicada en el número 8 de The Black Panther, el periódico de los Panteras Negras (7 de octubre de 1972), con el título de «Blaxploitation». El artículo denunciaba, además, que los extras (por supuesto, negros) eran sistemáticamente explotados: «Les pagan diez dólares por todo un día de rodaje», aseguraba. Las películas proliferaban y producían buenas taquillas. Blacula, Super Fly o Stepin’ Fetchit se convirtieron en cintas de culto de un circuito underground que gozaba de muy buena salud. The Mack, filmada en el corazón de Oakland y obsesionada con el hiperrealismo, era la punta del iceberg. Fue una «estafa» para los activistas negros, una «basura racista». Hollywood rentabilizaba la rabia negra y su emergente cultura. Diariamente salían pesudoproductos cinematográficos en los que aparecían negros armados que, en palabras de Bobby Seale, casi siempre eran caracterizados como «locos» y «drogadictos». El dinero no iba a parar a los negros, sino a empresarios blancos, algo así como un juego de palabras casi imposible: la explotación del blaxploitation.

Imágenes de la protesta:

https://diva.sfsu.edu/collections/sfbatv