La navaja en la liga

Las calles se han vuelto peligrosas. En las esquinas acechan grandes terrores y amenazas: grupos de pandilleros, matones, gamberros. Hay que armarse. En París, justo con el cambio de siglo, surgió un fenómeno criminal que tuvo en jaque a las fuerzas del orden: los temidos apaches, a quienes llamaban el «Ejército del Crimen». Fabricaron sus propias armas (el zarín, aquel pavoroso cuchillo/pistola/puño americano), crearon sus particulares métodos de lucha y siguieron cometiendo andanzas en el submundo hasta que llegó la Primera Guerra Mundial: aquella gigantesca carnicería los fue exterminando y superó en violencia.

Representación de un apache en la prensa francesa

Representación de un apache en la prensa francesa

En España, poco a poco comenzaron a llegar algunos apaches que huían de las garras de la policía. Hoy sabemos que cometieron algunos atracos y agresiones y que incluso ciertos periodistas salieron en su defensa («no podemos detenerles solamente por lucir tatuajes», afirmó uno ante el característico tatuaje apache). La moda del cuchillo y la navaja se impuso.

El «zarín», la temida arma apache

El «zarín», la temida arma apache

En este caso hablamos de las mujeres de España, quienes se defendieron ante esta amenaza. En su edición correspondiente al 29 de diciembre de 1910, el periódico Nuevo Mundo, con sede en Madrid, da cuenta de una nueva moda (defensiva) entre las mujeres ante los ataques de los temidos apaches: la navaja oculta en la liga.

  Ilustración del artículo «La navaja en la liga» publicado en Nuevo Mundo

  Ilustración del artículo «La navaja en la liga» publicado en Nuevo Mundo

El periódico resucitó viejas historias de legendarias bandoleras que, por supuesto, también existieron, pero que fueron relegadas a apéndices en los libros de historia sobre bandolerismo. También rescata la mayúscula resistencia, cuchillo en mano, de las españolas en su combate contra las tropas francesas en ciudades como Madrid, casi como un eco de los gritos que se escucharon entre los resistentes de Zaragoza: «¡Guerra a cuchillo!». Así que Nuevo Mundo da cuenta de un curioso fenómeno, la proliferación de la mujer armada.

«Sabido es que en París y Nueva York los apaches atacan no solo a los hombres sino también a las mujeres. Estas, indefensas hasta ahora, han tomado tácitamente el acuerdo de defenderse contra aquellas inopinadas agresiones, y van provistas de un arma mortal: un puñalito, un estilete, que llevan sujeto a la pantorrilla, en una liga especial, en la forma que aparece en nuestra fotografía, y que, según los medios de fortuna que goza la propietaria, es un sencillo medio de defensa o va adornado con metales y piedras preciosas, sin que por este alarde de lujo sirva menos para precaverse y dar castigo merecido a los ataques de los criminales. Ahora les toca a las francesas y a las yankees usar la navaja en la liga, por cuya circunstancia tanto tuvieron que decir y que reír de la mujer española, sin comprender que cuando esta llevaba aquellas hojas, un acero en las pantorrillas, no fue precisamente por adornar esa parte del cuerpo que nunca pusieron empeño en mostrar, ni menos tuvieron gusto en ello nuestras abuelas, sino para defender su honor y su vida contra las brutales agresiones de los invasores napoleónicos».

La moda de la navaja en la liga debió durar en el tiempo. Cuatro años más tarde, se representó con gran éxito una zarzuela estrenada el 10 de abril de 1914 en el Teatro Apolo de Madrid. La obra se titulaba Las Musas Latinas y hablaba de mujeres armadas con navajas en ligas: «Pues atención, que ya llegan / con su navaja en la liga / las valientes percheleras [...] Con mi navaja en la liga / no le tengo miedo a ná / porque soy la perchelera / más valiente y más templá [...] ¡Ay, qué rica, qué rica navaja / la que todo lo puede cortar! / ¡Ay, que corta, que pincha y que raja! / ¡Ay, qué bien que la sé manejar! / Todos ¡Ay, qué rica, qué rica navaja / la que todo lo puede cortar! / ¡Ay, qué bien que la sé manejar! / Cortar y partir; rajar y pinchar / Con esta navaja / no hay hombre seguro / La meto, la saco / y empiezo a cortar».

Cartel original de la obra Las Musas Latinas

Cartel original de la obra Las Musas Latinas