La «gente del abismo» de Jack London


El escritor durmió al raso o en albergues y realizó una serie de impactantes y conmovedoras fotografías que retrataron la miseria en que vivían los más pobres de Londres, a los que llamó «gente del abismo»

 

Jacob Riis fue uno de los primeros en sumergirse en los bajos fondos con una cámara en la mano, atento a lo que sucediera y viera, al modo en que se desarrollaba la vida en los slums donde casi nadie se adentraba. Llevaba consigo el flash de magnesio, algo novedoso entonces, que le permitía fotografiar en la oscuridad. Muchas de las impactantes imágenes que obtuvo fueron apareciendo en la prensa, pero sobre todo las ofrecía en sus conferencias mientras relataba lo que había visto. En 1890 la serie de imágenes se publicó como libro bajo el título de Cómo vive la otra mitad, que se convirtió en un éxito de ventas.

Bandit’s Roost  de Jacob Riis

Bandit’s Roost de Jacob Riis

La obra y el título impresionó al escritor Jack London. Para él, esa «otra mitad» era la «gente del abismo», como llamó a quienes vivían en casuchas, en descampados o en cualquier rincón de las zonas más pobres del maltratado este de Londres. Habían pasado doce años de la obra de Riis, pero el efecto que provocó en Inglaterra fue el mismo que había provocado en Estados Unidos. Los ingleses, haciendo gala de una falsa conciencia, se dieron golpes en el pecho por el deplorable estado en que vivía esa turba desheredada. También se paseó por Whitechapel, ya célebre por los crímenes de Jack el Destripador, que aún eran recientes. También recorre Hoxton, Spitalfields, Bethnal Green y Wapping hasta los East India Docks. Para retratar todo esto debía ser «uno de ellos»: fiel a su palabra, durmió al raso o en parques, y visitó enormes albergues donde los más pobres se hacinaban sin esperanza alguna.

El escritor, ahora fotógrafo, cifró en medio millón de seres los que vivían en esas condiciones. La expresión «gente del abismo» se hizo habitual, aunque él no la había creado. Desde hacía años se venía usando para hablar de los barrios «tenebrosos». En nuestro país, por ejemplo, más o menos por aquellos años se hablaba de «trogloditismo» para referirse a aquellos pobres que vivían en cuevas a un paso del lujo del centro de las ciudades. Pero su legado visual como fotógrafo, poco conocido, no se limitó a esta serie de imágenes. Entre 1900 y 1916 llegó a realizar más de doce mil fotografías. Todo un legado de lo que escondía el abismo.