«Juntos destruiremos el cristianismo»: la carta que Aleister Crowley envió a León Trotski


Crowley escribió al líder soviético ofreciéndose a liderar una cruzada mundial que liquidaría al cristianismo imponiendo la religión de Thelema

Había sido expulsado de Cefalú, Sicilia, por orden del mismo Mussolini, que estaba decidido a acabar con las sociedades secretas y, con más razón, si sus actividades se desarrollaban en medio de rituales que incluían «sangre, orgías y depravación». Esto al menos fue lo que dijo a las autoridades italianas una seguidora de Aleister Crowley, el mago ocultista más célebre del siglo XX (apodado por él mismo como «La Bestia» y «Mega Therion») y a quien el periodista sensacionalista y ultraconservador británico John Bull definió como «El rey de la depravación», «Una bestia humana» o «Un hombre al que nos gustaría colgar». Allí, a los pies de la roca de Cefalú, había edificado la abadía de Thelema, un reflejo de un pasado mítico narrado por Rabelais cuyo lema era «Haz lo que quieras» como única ley. No se fue solo. El 1 de mayo de 1923, Crowley, en compañía de Leah Hirsig, su por entonces compañera y Mujer Escarlata, fueron acompañados por un agente de policía hasta el puerto, dejando atrás las tierras italianas.

 Retrato de Aleister Crowley

Retrato de Aleister Crowley

 Crowley en el norte de África

Crowley en el norte de África

Su destino fue Túnez. Tras casi dos décadas de recibir el decisivo mensaje transmitido por Aiwass, un ser sobrenatural que era su especie de ángel de la guarda y que se le apareció en 1904 en El Cairo, dictándole el fundamental Libro de la Ley, el texto revelado que fundaría la religión de Thelema, no tenía fortuna económica ni literaria. Tampoco el mundo se había rendido a sus pies. Ahora, tras el sueño de Cefalú, estaba sin blanca en un hotel barato tunecino. Leah estaba hambrienta y flaca, casi siempre enferma y débil. Bebían y se drogaban. Crowley comenzaba a darse cuenta de lo terrible de su adicción e intentó dejar la heroína con ayuda del éter, pero fue en vano, salvo unos días de tregua en los que se mostró exultante y optimista.

«Los soviets habían triunfado, pero el mundo se debatía en intrigas y sospechas de espionaje. Mega Therion tomaría los mandos, dirigiría el mundo con mano de hierro»

Pero el dinero llegó gracias a uno de sus seguidores, que cada cierto tiempo aparecían en el momento adecuado para mantenerlo y retornar a una vida no exenta de lujos. Sin embargo, antes de abandonar la ciudad escribió a León Trotski. Detestaba el fascismo, pero también el bolchevismo. Su difuso anarquismo era resbaladizo e inestable. Rechazar la autoridad no era suficiente para abrazar un protoanarquismo que, llegado el momento, posiblemente se evaporaría con un soplo y que siempre era propicio para una especie de «fascismo místico» que inauguraría una nueva era, la del Eón de Horus revelado en El Libro de la Ley. El tiempo pasaba y el cristianismo parecía no estar en retroceso. Los soviets habían triunfado, pero el mundo se debatía en intrigas y sospechas de espionaje. Mega Therion tomaría los mandos, dirigiría el mundo con mano de hierro. En la carta que envió a Trotski le pedía encarecidamente ponerlo al cargo de una empresa de esa magnitud. Según Gerald Yorke, uno de sus biógrafos, quiso que este se sumase a Thelema. Hay varias menciones a Trotski por parte de Crowley en su obra Magick without tears. Valora la potencia del acto revolucionario, el gesto que es capaz de cambiar el mundo con un movimiento de mano, pero desconfía. Le parecen timoratos. Crowley y Trotski tenían un amigo en común, el irlandés Frank Harris, quien precisamente ayudó económicamente tanto a La Bestia como a Trotski durante su breve estancia en Nueva York en 1917. Harris era un periodista que dirigía el Pearson’s Magazine, por entonces uno de los periódicos más populares de Nueva York. Además, era un empresario aventurero y bien posicionado que había sido amigo de Oscar Wilde o George Bernard Shaw. Uno de sus negocios fueron unas célebres postales pornográficas llamadas Dirty Banshees, tras pasar por varios trabajos de distinto tipo, desde cowboy hasta obrero de la construcción. Publicó un libro que relata sus encuentros sexuales y varios relatos de ficción.

 Frank Harris

Frank Harris

«En el ambiente bohemio del famoso barrio, se presentaba a sí mismo como un “impresionista del subconsciente”»

La fijación de Crowley por Trotski se remontaba como mínimo a 1919, cuando realizó una exposición de sus pinturas en el Greenwich Village de Nueva York y que recogió The Jackson Citizen Patriot. Una de las obras expuestas se titulaba Young bolshevik with wart looking at Trotsky. En el ambiente bohemio del famoso barrio, se presentaba a sí mismo como un «impresionista del subconsciente».

 Crowley en la portada de la revista francesa  Détective  (1929)

Crowley en la portada de la revista francesa Détective (1929)

 Aleister Crowley,  The Sun  (1920)

Aleister Crowley, The Sun (1920)

 Retratos de Crowley en la noticia de  The Jackson Citizen Patriot

Retratos de Crowley en la noticia de The Jackson Citizen Patriot

Derrocar el imperante cristianismo era un trabajo arduo y, posiblemente, el antiguo líder soviético tenía otras cosas en qué pensar. Intentaba mantener a flote una revolución que sufría toda clase de convulsiones e intrigas. No sabemos si llegó a recibir la misiva. No contestó. Crowley, por su parte, marchó a París, pero meses más tarde le confesó a Leah, que seguía muy débil y en la miseria, que los «Jefes Secretos» le habían ordenado un retiro mágico en el norte de África, adonde marchó para edificar la Nueva Jerusalén.