El enano que deslumbró al fotógrafo Bruce Davidson

«Me atrajo y a la vez me repelió con su cuerpo deforme, su cabeza de tamaño normal y sus piernas pequeñas». El «pequeño-gran» enano más famoso que deslumbró al fotógrafo

 

Bruce Davidson retrató la América profunda, las bandas callejeras o la gente corriente, otorgándoles una dignidad bella y una sensibilidad que ha perdurado hasta nuestros días. En Circus, donde recoge sus fotografías en compañía de artistas de circo, narra su encuentro con Jimmy Armstrong, el enano que conoció en 1958 en el circo Clyde Beaty-Cole Bros., en una de sus paradas en Palisades, Nueva Jersey. Clyde Beatty fue un domador, actor cinematográfico y empresario circense de nacionalidad estadounidense. Propietario de un espectáculo propio, acabó fusionándose con el Circo Cole Bros., para formar el Circo Clyde Beatty-Cole Bros. Davidson, durante varias semanas, acompañó al circo, retratando su vida cotidiana. El «pequeño-gran» Jimmy tenía amistad con otros grandes enanos de circo como Frankie Saluto o Shorty Hinkle. La cita está tomada del estupendo blog La Piedra Filosofal, que seguimos con devoción todos y cada uno de los agentes provocadores. 

 Jimmy en medio de Frankie Saluto y Shorty Hinkle

Jimmy en medio de Frankie Saluto y Shorty Hinkle

 Jimmy junto a otro de sus colegas enanos

Jimmy junto a otro de sus colegas enanos

Davidson no fue el único gran fotógrafo que lo retrató. Otro caso fue el de Sverre Braathen, que también quedó maravillado por la personalidad y presencia de Jimmy.

 Jimmy, a la derecha, fotografiado por Sverre Braathen

Jimmy, a la derecha, fotografiado por Sverre Braathen

 Una fotografía rara de Jimmy en los tiempos en que trabajaba para el circo Ringlig Bros. Lo vemos a abajo, en primera fila, junto a unas maletas y una mujer vestida de blanco

Una fotografía rara de Jimmy en los tiempos en que trabajaba para el circo Ringlig Bros. Lo vemos a abajo, en primera fila, junto a unas maletas y una mujer vestida de blanco

«Fue una tarde brumosa, cuando vi al enano por primera vez. Estaba solo, delante de la carpa, fumando un cigarrillo. Me atrajo y a la vez me repelió con su cuerpo deforme, su cabeza de tamaño normal y sus piernas pequeñas. Llevaba un chaqué y un sombrero de copa y sostenía un ramo de flores de papel. Estaba allí, solo, de pie, en la intimidad de sus pensamientos. Me acerqué y el notó mi presencia aunque el ruido de mi cámara de fotos no pareció molestarle. Como si supiese que lo que me cautivaba era su ensimismamiento y no el maquillaje de payaso o su apariencia física. Me hubiese gustado que permaneciese allí, fuera de la carpa, en su mismidad y no actuando de payaso. Cuando empezó su número musical desapareció en el interior de la carpa y percibí su soledad y al tiempo un cierto poder que surgía de un hombre que tenía la mitad de mi tamaño».