De Madrid a Toledo... en barco

Un increíble proyecto quitó el sueño a varios monarcas que quisieron hacer navegable el exiguo Manzanares para tomar un barco en su orilla y llegar hasta Toledo o Lisboa

Un barco te estaría esperando a los pies del río Manzanares, el río que vertebra Madrid y que, durante siglos, fue objeto de mofa. De este se decía que era un hilillo de agua. Su caudal era muy pequeño, tanto que daba lugar a chistes. Un arroyo, un pequeño manantial impropio de una gran capital. Pero lo cierto es que el Manzanares es parte de la ciudad. Sus evocaciones pasan por la música, la memoria oral o la literatura. Entre los sueños utópicos de la antiquísima Villa está uno que parece propio de Alfred Jarry y su patafísica, pero que durante años estuvo sobre la mesa de los gerifaltes: convertir a aquel rió en navegable para que uniera la ciudad con Toledo e incluso alcanzase… un ¡puerto de mar! que llegase hasta Portugal.

El río Manzanares en el siglo XIX


BON VOYAGE!

El proyecto data de 1580, durante el reinado del astuto Felipe II. Su creador fue un ingeniero italiano llamado Juan Bautista Antonelli. El ingeniero era hombre de confianza del rey, que le había encargado la construcción de fortificaciones militares en Cartagena, entre otros proyectos. Primero habría que ensanchar artificialmente el Manzanares y también el Tajo para que sirviera de navegación cómoda, una especie de tobogán acuático que (imaginamos) tras una larguísima travesía desembarcases frente a las murallas toledanas. El único problema era, según Antonelli, el dinero. Se oponía una Junta de sabios que acudió a la divinidad, afirmando que Dios no había querido que el Manzanares fuera navegable. Aseguró que él lo había demostrado tras montarse en una precaria canoa, aprovechando el aumento del caudal del Manzanares, para aparecer en Toledo. Felipe II, en 1584, organizó una suntuosa expedición fluvial entre Madrid y Aranjuez. Dos lujosas chalanas reales parece que alcanzaron el destino. León Pinelo escribió en 1582: «El viernes 19 de enero llegó a la ribera del Tajo por la vega de Toledo una chalupa que el rey había enviado desde Lisboa para dar principio a la navegación que deseaba hacer. El 17 de marzo de 1584 Felipe II acompañado de sus hijos fue desde Vaciamadrid a Aranjuez en barca dirigida por Antonelli y ponderó el descanso de la navegación frente al polvo y tropezones de los coches. Muerto Antonelli en Toledo el 7 de marzo de 1588, se hizo cargo de su misión un aparejador llamado Andrés García Udías, que anteriormente había conseguido la navegación por el Pisuerga».

 Plano del proyecto del Real Canal del Manzanares de los coroneles Grünenberg (1668)

Plano del proyecto del Real Canal del Manzanares de los coroneles Grünenberg (1668)

«Portugal había sido anexionado y la Corte soñaba con un Támesis, un Danubio o un Sena»

Nadie comprobó la historia del italiano, pero el proyecto interesó a la Corte, aunque a los pocos años, tras una expedición de Antonelli rumbo a Toledo por el Manzanares falleció. No fue por las peripecias del viaje, sino por causas al parecer naturales. Portugal había sido anexionado y la Corte soñaba con un Támesis, un Danubio o un Sena.

Incluso se acometieron los primeros pasos, con ensanchamientos y trabajos entre Abrantes y Alcántara. Todo iba viento en popa, al menos para Antonelli y su sueño, pero de pronto sucedió la construcción de la Armada Invencible inglesa, y sus amenazas de destrucción del imperio español. Se cortó el caudal, no de agua (que ya era escasa) sino de dinero. Y el proyecto entró en barrena hasta olvidarse.

LOS EMPRESARIOS PRIVADOS SIGUEN SOÑANDO

Sin embargo, aquella aparente locura resurgió un par de siglos después. Carlos III, en 1770, a partir de la iniciativa de Pedro Martiengo, un empresario privado, retomó el proyecto de Antonelli y llegó incluso a habilitar un canal navegable desde el Puente de Toledo hasta el río Jarama. En total, 10 kilómetros. El monarca estaba entusiasmado: «No debía desatenderse la expresada propuesta, antes sí, examinarse con cuidado, a este fin la mandé remitir a mi Consejo para que por lo respectivo a las gracias, privilegios y condiciones que solicitaba esta compañía me expusiese su dictamen […] Don Pedro Martinengo y Compañia ofrecen a su costa y expensar un Canal Nabegable en el Rio Manzanares desde la Puente de Toledo, hasta el Rio Jarama y desde alli seguir la nabegacion adonde mejor combiniese, a eleccion de esta compañia, sea sobre las riberas del mismo Jarama de Henares, o de Tajo, pues en qualquiera parte que siga resultaran las bentajas y vien publico que semejantes obras han producido en otros reinos». Y el dictamen llegó. Una infinitud le separaba aún de Toledo y más aún de Lisboa. El nieto de Carlos III, Fernando VII, extendió el canal 4 kilómetros más hasta Vaciamadrid, con obras de ensanchamiento e infraestructuras para la hipotética navegación, pero el proyecto una vez más se paralizó por lo costoso e impracticable que era. El sueño se esfumó. Montarte en tu barquito y poner rumbo a las siempre hermosas e imperiales tierras toledanas.