Cuando Kiss tocaban cumbia

Los argentinos Caú, creadores de la «cumbia metálica», hacían música tropical, pero se vestían y pintaban como Kiss. Gene Simmons y Paul Stanley jamás vieron nada tan bizarro. ¡Caú!

La sensación es extraña. Kiss se encuentran con un póster de los otros Kiss, pero los que tienen frente a ellos (casi parecía ponerse en duda cuéles de los dos eran los originales y cuáles la imitación) no eran rockeros ni una banda heavy. Se llamaban Los Caú, hacían folclore guaraní, ritmos tropicales y cumbia y a sus espaldas tenían más de una decenas de discos, tantos que eran toda una leyenda en Argentina y muchos adultos los reconocían como figuras emblemáticas de su infancia y adolescencia, cuando salían casi todo los días en televisión caracterizados como Kiss. Gene Simmons y el resto no podían créerselo, bailando y riendo con el tema «Salten todos» de Los Caú.

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Era el año 1997 y la banda actuaba en Argentina para presentar su nuevo disco, que era como todos los demás, pero ahora habían vuelto a usar toneladas de maquillaje. Los Caú (los otros Kiss, un nombre que significa «borracho» en guaraní) les regalaron un disco suyo firmado en el que, al igual que en el resto, aparecían como si fuesen sus alter egos, y que hoy se exhibe como una rareza e incunable en el museo de Kiss. El presentador del programa El Rayo, tras verse las imágenes, lanza a Los Caú una pregunta genial, con una respuesta más genial aún: «Entonces, ¿quién vino primero?», y los miembros del grupo respondieron con un sonoro: «¡Los Cauuuuú!».

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«El sello MH los describió como “Los diablos de la cumbia”. Aseguraba que aquellos chicos habían sido los creadores de la “cumbia metálica”».

La banda se formó a finales de los setenta, cuando medio mundo se rendía ante el hard rock, un estilo que jamás hicieron sino más bien al contrario, a pesar de usar esa imagen e incluir algunos arreglos rockeros en sus canciones bailables y folclóricas. Aunque no fueron una banda prefabricada por una compañía, tras ellos estaba el conocido productor y manager Américo Cardinale, que hizo de Malcolm McLaren argentino. Lo tuvo claro: un grupo tropicalero pero caracterizado como los populares Kiss. La idea, lejos de parecerles una locura, les gustó desde un comienzo. Todos ellos, provenientes de grupos de rock, amaban a Kiss. La banda alcanzó de inmediato una gran popularidad en Latinoamérica. No había nada igual (lo cual se entiende perfectamente), ni tampoco lo habría después. Eran raros entre los raros, pero con un gran sentido del humor. Aceptaban las propuestas más alocadas y poco a poco contaron con un fondo de armario enorme para sus memorables portadas de sus discos. Sonríen o gruñen, levantan sus muñecas con sus pulseras de cuero y tachuelas, posan en medio de ruinas o donde sea, hasta el punto de que a mediados de los ochenta, mientras Metallica o Judas Priest alcanzaban un público masivo y el heavy metal vendían millones de discos, el sello MH los describió como «Los diablos de la cumbia». Aseguraba que aquellos chicos habían sido los creadores de la «cumbia metálica».