Cuando España entera soñó con tener la navaja de Curro Jiménez

La espectacular navaja del famoso bandido fue el objeto codiciado de los niños españoles. Una empresa vendió millares de réplicas en kioscos por todo el país

Durante años, Curro Jiménez (Sancho Gracia) junto a su inseparable Algarrobo (Álvaro de Luna) reinó en el imaginario de los niños y adolescentes españoles. Su partida de forajidos campaba a sus anchas, socorriendo a los débiles y enfrentándose a terratenientes y guardias civiles que habían puesto precio a sus cabezas. Eran héroes de leyenda, y el incomparable Curro Jiménez su heraldo. Aún pervivía esa imagen del mítico bandolero español, un Robin Hood ibérico, fornido y valiente hasta la temeridad, sin patria y sin ley. La famosa serie Curro Jiménez, que comenzó a emitirse en las navidades de 1976, en cuarenta episodios, contó las hazañas de Curro Jiménez, el forajido inspirado en un personaje real, el fuera de la ley Andrés López, el «barquero de Cantillana», personaje del siglo XIX. En realidad, solamente el arranque del guión tenía alguna semejanza con su historia. López, al igual que Curro Jiménez, por culpa de unos pleitos con la justicia perdió su oficio de barquero y tuvo que abandonar su pueblo (Cantillana, en la provincia de Sevilla) para echarse al monte. Lo hizo armado con su trabuco y navaja.

 Curro Jiménez navaja en mano

Curro Jiménez navaja en mano

«A finales de los setenta, en los kioscos de todo el país podía conseguirse una copia de plástico de la faca bandolera, convirtiéndose en el objeto fetiche de los niños»

Fue un éxito absoluto en la televisión española y aún hoy son pocos los que no se rinden al encanto del eterno bandolero. Sus duelos navaja en mano se hicieron célebres. En un país sembrado de injusticia y con el franquismo en la retina, el justiciero armado hasta los dientes sacaba a relucir cuestiones más profundas, tanto políticas como sociales. La navaja, en los sesenta y setenta, era un objeto inseparable para los trabajadores, la chavalería y las pandillas. Los jóvenes la mostraban sin tapujos en los bolsillos traseros de sus vaqueros o escondida en el interior de la chaqueta, exhibiendo el arrojo de un forajido o al menos como algo vanidoso y disuasorio. No tuvimos a Fantômas pero sí a Curro Jiménez, hasta el punto de que su imagen se convirtió en un símbolo, comercializándose y vendiéndose con igual éxito una réplica de su famosa y pavorosa navaja bandolera, el cotú andaluz, una enorme navaja bien resistente, de hoja ancha y siempre afilada. Eso sí, se advertía que el objeto no dañaba. Pero lo que resulta sorprendente es que iba destinada a los niños españoles.

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 La navaja de Curro Jiménez que se comercializó a finales de los setenta

La navaja de Curro Jiménez que se comercializó a finales de los setenta

A finales de los setenta, en los kioscos de todo el país podía conseguirse una copia de plástico de la faca bandolera, convirtiéndose en el objeto fetiche de los niños, que en el recreo simulaban emboscadas y ajusticiamientos a las fuerzas del orden. Las fabricó la casa Juguetes y Baratijas Domingo y la llamó «La navaja de...» , junto a una ilustración en que se veía a Curro Jiménez y la palabra «inofensiva». Posiblemente se omitía el nombre del famoso personaje por cuestiones legales, pero era evidente que se trataba de él. En otros formatos puede leerse «Navaja bandolero».

«Durante una visita a la prisión provincial de Huelva, Sancho Gracia respondió a las preguntas de los presos, que le preguntaron dónde había comprado sus navajas»

En el 2005 aún se mantenía el halo rebelde y navajero del eterno bandolero televisivo. Durante una visita a la prisión provincial de Huelva, Sancho Gracia respondió a las preguntas de los presos, que le preguntaron dónde había comprado sus navajas: «Efectivamente, la mayoría de las navajas que usamos en la serie las compramos en Albacete», respondió. Quizás muchos de aquellos hombres, en su niñez, empuñaron la réplica en formato baratija vendida en los kioscos del país.