El mago que le declaró la guerra mágica a Hitler y a la guerra de Las Malvinas

Alex Sanders era aún muy joven pero ya empezaba a labrarse su vertiginosa trayectoria que lo llevaría a convertirse en una de las principales figuras de la moderna brujería, junto a otros magos como Gerald Gardner. Por aquellos años, la guerra no marchaba bien. Adolf Hitler, con sus tropas de asalto y un ejército que parecía imparable, ganaba una y otra vez los combates que destrozaban Europa. Así que, a comienzos de 1940, Sanders, que entonces tenía veinticuatro años, junto a su colega Derek Taylor, en New Forest, se embarcó en unas intensas sesiones de guerra mágica. Su enemigo, Hitler, durante semanas, según los magos, fue castigado psíquicamente con sus «trabajos astrales» y sus «devastadoras» acciones mágicas. Aunque a juzgar por los resultados, Hitler no pareció, al menos en aquellos meses, sufrir por la energía mágica dirigida contra él.

 Sanders, a la derecha, durante uno de sus rituales

Sanders, a la derecha, durante uno de sus rituales

No fue la única ocasión en que hizo algo parecido. Décadas más tarde, en pleno thatcherismo, lo repitió. Esta vez sus destinatarios fueron los combatientes en la guerra de Las Malvinas. Pero para entonces, Sanders había pasado por distintas fases. Había dirigido su culto por el «sendero de la mano izquierda», la magia negra: «Hice un error espantoso y usé la magia negra en un intento de conseguir dinero y éxito sexual. Estaba trabajando a través de Manchester y fui abordado por una pareja de mediana edad, quienes me dijeron que yo era el doble exacto de su único hijo, fallecido algunos años antes. Ellos me acogieron en su hogar, me alimentaron y vistieron, y me trataron como uno de su familia. Eran extremadamente ricos, y en 1952, cuando les pregunté por una casa para mí, con una asignación de dinero, estaban completamente felices de conceder mis deseos. Celebré fiestas, compré ropa cara y fui promiscuo sexualmente; pero esto fue después de un tiempo en que me di cuenta que tenía una terrible deuda que pagar».

 Alex Sanders con un cuchillo en medio de un ritual. Al fondo, su compañera Maxine

Alex Sanders con un cuchillo en medio de un ritual. Al fondo, su compañera Maxine

En los primeros ochenta, todo eso parecía haber quedado atrás. Sanders, supuestamente, era ya un hombre (y también un mago) renovado.  En 1965, declaró haber iniciado a 1.623 personas en cien covens. Sus seguidores le dieron el título de «rey de los brujos».

En 1979 Sanders comenzó a colaboración mágicamente con Derek Taylor, un psíquico y médium. Juntos desarrollaron el trabajo mágico de la Orden de Sanders, la Ordine della Luna in Constantinople.

Ambos registraron todo lo que hicieron en muchos diarios y alertaron sobre una tercera guerra mundial apocalíptica. Sanders aseguró después que gracias a ellos fueron desviados varios misiles Exocet de sus objetivos, y que su implacable guerra mágica afectó al curso de varias importantes batallas durante la contienda en Las Malvinas.

También se comunicaron con algunos de los soldados caídos en combate, como Bob Wilson, que durante años habló a través de él en sus sesiones mediumnímicas. Tanto él como Derek tomaban todos los mensajes que el «veterano» soldado les dictaba. Para Sanders era relativamente sencillo; durante años había entrado en contacto con un espíritu llamado «Azteca», asegurando una y otra vez que aquel era su particular «gobierno del Fuego». Tanto «Azteca» como Wilson eran entidades sobrenaturales y él solamente su mensajero. No le quedaban muchos años. Sanders falleció a finales de los ochenta, pero de haber vivido a la Guerra del Golfo quizás también la podría haber detenido.