Carnaby Street en Barcelona: así fue la calle más yeyé de la Barcelona franquista

Considerada el epicentro de la «gauche divine barcelonesa», en 1967 la calle Tuset imitó a su manera la estética y cultura pop de la londinense Carnaby Street en una extraña mezcla de publicistas, cineastas, yeyés e intelectuales. Triunfo le dedicó un extenso reportaje

«Tuset Street. Un enclave “in” en Barcelona» salió publicado a todo color y de forma extenso como reportaje en el número 281 de la revista Triunfo. La fecha, octubre de 1967, mientras en San Francisco se celebraban los días tardíos y decadentes de lo que una vez fue el «verano del amor», no tenía mucho significado en España. En aquel entonces, muy pocos podían conocer personalmente algo de lo que estaba sucediendo con la explosión pop, la cultura mod o la ya recuperada revuelta hippie. Algunos viajaban a Londres, de donde regresaban cambiados, pero en general aquel mundo era un coto reservado. España vivía bajo el duro franquismo, pero en Barcelona se imitó el estilo y la imagen de Carnaby Street, concretamente con la aparición de una nueva cultura formada por yeyés, amantes de lo moderno y el arte de vanguardia, publicistas e intelectuales que frecuentaron, y en ocasiones habitaron, la calle Tuset, en pleno centro, donde según Triunfo «se reúne, al atardecer, una pequeña multitud neocapitalista atraída por el ambiente de ciencia ficción, descoco escatológico y un sí es no de nuevo romanticismo». Definitivamente, Tuset se convertía así en el epicentro de la «gauche divine barcelonesa».

Pero antes del reportaje en Triunfo, Francesc de Carreras, escribiría sobre lo que sucedía en la calle Tuset, de aquella extraña mezcla de color e ideas nuevas. Lo hizo en la reaccionaria revista Destino: «Antes, los trajes de Christian Dior eran absolutamente gratuitos. Hoy la minifalda responde a profundos cambios  sociales e ideológicos y no puede ser considerada en absoluto un capricho pasajero de la juventud o de determinadas casas de modas; la juventud se ha constituido, estos últimos años, en una verdadera clase social, y, en determinados países —no en el nuestro—, tiene un poder muy considerable. En España, el “problema juventud” está todavía en su prehistoria. Sin embargo, en Barcelona, Madrid y algún otro centro industrial, se dan ciertas características de las sociedades de consumo europeas, y la juventud ha alcanzado una cierta autonomía económica y moral dentro incluso de las clases  medias,  bajas  y  proletarias.  Ya  podemos  hablar  de  los  “yeyés” barceloneses, pues no se trata de casos aislados. Los “yeyés” de la burguesía se localizan principalmente en la calle Tuset. Los de la clase media en las salas de fiesta de Gracia. En las zonas suburbiales están los “yeyés” obreros, que también tienen sus locales propios».

El artículo lo firmó Joan de Serrallonga, y venía acompañado de un estupendo reportaje fotográfico de Xavier Miserachs.

«No, no. No se alarmen ustedes. Todo es aún modesto, incipiente. No estamos en Londres. ni en ParÍs, ni en Nueva York. Pero en un país que, como el nuestro, conocía solamente hasta hace poco las almendras garrapiñadas y las tortitas de aceite, en un país que tiene una clara propensión al luto y donde los novios se pasan toda la tarde sentados en un bar, tomando un vermut corriente con aceitunas, la calle Tuset, con todas sus insuficiencias, es necesariamente noticia. Por la calle Tuset, entre la Travesera de Gracia de las familias decentes y la Diagonal de las oligarquías, pasa una bocanada de aire fresco.

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La cosa ha ido surgiendo lentamente, sin ningún plan establecido. Pero lo que hace unos años era poco más que un descampado, empieza a ser ahora un centro comercial y de consumo de primera importancia. Barcelona, ciudad eminentemente comercial e industrial, cuenta en su tradición con algunos antecedentes de este tipo. La asociación de vecinos de la famosa calle Petitxol, situada a la izquierda de las Ramblas, lo­gró también crear un centro comercial donde hay confiterías, tiendas ce antigüe­dades, galerías de arte y otros comercios que conservan aún su vigencia y tienen una clientela antigua y moderna. El comercio de la calle Salmerón, hoy Mayor de Gracia, tiene una brillante tradición. La calle Tuset se Inscribe dentro de es­ta tradición barcelonesa de agrupar una serie de actividades comerciales en una sola calle o grupo de calles. El crite­rio que inspira esta tendencia de aso­ciación es bien sencillo. Una tienda o un bar situados en una calle donde no existen otros bares ni tiendas, tie­ne muchas menos posibilidades de sa­lir adelante que si se encuentra en el mis­ino centro de la competencia. Pero es condición esencial para el éxito de este tipo de empresas la de que haya surgido poco a poco, como una necesidad expe­rimentada por el desarrollo de la ciudad o de una determinada zona de la ciudad. No caben aquí las improvisaciones. Son los consumidores mismos los que, en un momento dado, suscitan la creación de un centro de este tipo.

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«Un Marlon Brando motorizado, decora las paredes sofisticadas de uno de los bares mis famosos de la calle Tuset. Estamos en la cultura de la Imagen. Lo pop impera por doquier»

La calle Tuset era un solar sin cons­truir hace todavía muy pocos años. La cla­se alta barcelonesa, que siempre había vi­vido en el Ensanche y que a principias de siglo veraneaba en San Gervasio, empezó después de la guerra a construir sus viviendas en el barrio del Turó Park y de La Vía Augusta. Entre la zona residencial y la Diagonal quedaba un claro cons­tituido por la calle Aribau, la de Tuset e Incluso la zona intermedia de Balmes y Vía Augusta. Esta zona no empezó a desarrollarse hasta hace aproximadamente ocho años. Fue entonces cuando se cons­truyó el edificio Monitor, dedicado a ofi­cinas y locales comerciales. Posteriormente surgieron en la acera derecha de Tuset otros edificios comerciales. En la acera izquierda, subiendo hacia la Travesera, hay ahora varios edificios en construcción. Desde que empezó a construirse en la calle Tuset se establecieron allí muchos negocios nuevos que no existían todavía en los años cincuenta, y que fueron con­figurando el carácter de lo que hoy cono­cemos por Tuset Street. En la esquina de la Diagonal existía ya el Salón de té Bagatela, que reunió en su terriza y en sus inicios a la primera generación de niños bien de la postguerra, indudable­mente entroncada con los “yeyés” que ahora encontramos en Tuset Street. Uno de los primeros que se estableció en Tuset fue el peluquero Iranzo, que ha obte­nido grandes éxitos internacionales y que en la actualidad tinte a su cargo los pes­cuezos y las barbas mis ilustres de la ciudad. Otro de los pioneros fue Joaquín Pujol Balaguer, propietario del bar Stork, situado dentro de las galerías Arcadia, que unen la calle Tuset con la calle Balotes. El Stork fue uno de los primeros centros de reunión de cierto interés de Barcelo­na después de la guerra. Allí se reunieron durante mucho tiempo los escritores y poetas barceloneses de lengua castellana. A la entrada de las galerías se encuentra el cine Arcadia, de Arte y Ensayo.

«Uno no puede dejar de pensar lo bien que lo pa­saría Godard en una calle como esta. Jor­ge Grau, el gran director español, prepara al parecer una película que titula Tuset Street».

Un paso decisivo en la creación de la calle Tuset fue la apertura de un ca­baret dedicado exclusivamente a la canción catalana: la Cova del Drae. Es curioso que uno de les elementos funda­mentales en el renacimiento de la cultura catalana haya sido una cosa un trivial como un cabaret. Se trata, claro está, de un cabaret muy especial, donde puede oírse cantar un poema de Espriu o de Josep Carner y por donde han pisado todos los grandes de la nova canció. Su principal promotor ha sido, y es, el gran novelista Josep Maria Espinós, el autor de Combat de Nir, que aparece a menudo en la Cova del Drae como presentador del espectáculo.

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Por las tardes, la Cova del Drae cam­bia totalmente de cara. En la sala en que por la noche se oyen canciones de protesta, puede verse por la tarde a los llamados “yeyés” —término inexacto se­gún los entendidos, ya que lo palabra yeyé precede de la época de Elvis Presley—, bailando en un ambiente que parece londinense. Los alumnos del Liceo Francés, que antes se encontraba en la ca­lle Tuset, en el edificio del actual Instítu Francais, han tenido probablemente una buena participación

Imagen: El Adán de Miguel Ángel, con ilustraciones publicitarias sobre un Marlon Brando motorizado, decora las paredes sofisticadas de uno de los bares mis famosos de la callo Tuset. Estamos en la cultura de la Imagen. Lo “pop” impera por doquier.

Junto a la Cova del Drac hay en la calle Tuset una serie de bares y “whiskys” del máximo interés dentro de esta línea renovadora. The Pub Tusa es tal vez el más moderno y el más original de todos ellos. Está decorado por Joaquín Gallardo, un andaluz establecido en Barcelona, que ha decorado también algunas de las boutiques de Tuset, y que no hace mucho montó la célebre boité de Salou, en que la pista de baile está metida en una jaula de leones, a la que se entra por el clásico pasadizo enrejado por el que entran las fieras en el circo. La decora­ción de The Pub ha superado el modern style y se acera, un poco a la ciencia fic­ción, con toques de erotismo y recuerdos románticos. Las paredes están llenas de graba­dos y reproducciones de tebeos y cómics en inglés, de fotografías antiguas que ha­rían las delicias de los señores con barba de principios de siglo y de carteles ligera­mente descocados. Frecuentan The Pub las nuevas oleadas de jóvenes elegantes y la modelos publicitarias de las agencias vecinas. Anahuac, junto a The Pub, es de estilo más clásico. Ischia, el más anti­guo de los tres, conserva el aire de la época en que se puso de moda poner nom­bres italianos a los bares y cafeterías. En Anahuac y en Ischin se reúnen los publi­citarios y puede decirse que estos dos bares son el mentidero de los negocios de pu­blicidad. En la calle Tuset y en las adya­centes se encuentran gran parte de las más importantes agencias de publicidad de Barcelona, que están entre las más im­portantes de España [...]. Los publicitarios han tenido, por tanto, una influencia decisiva en la creación del centro comercial de Tuset. Tiene tanta importancia allí la publicidad, que mientras los directivos de las empresas, todos muy bien puestos y fardados, están tomando un whisky en los bares de la calle Tuset, se les acercan jóvenes “yeyés” y les ofrecen ideas publicitarias ta­les como un extraño globo cautivo o un caramelo muy largo que su inventor llama cien mil sorbetes de amor y que tiene una particularidad de que, al morderlo, sale el nombre de la casa de galletas o de la casa de bebidas gaseosas que se trata de anunciar. Muchos de los spots de publici­dad se hacen en la calle Tuset y siempre se ven por allí fotógrafos y modelos publicitarias y con los extraños objetos que aparecen en los anuncios. Uno no puede dejar de pensar lo bien que lo pa­saría Godard en una calle como esta. Jor­ge Grau, el gran director español, prepara al parecer una película que titula Tuset Street».