¡El horror! Los soviets y el amor

La llegada de los soviets al poder, en 1917, supuso el derribo de todas las represiones contra los gays soviéticos. La situación se mantuvo durante varios años, pero poco a poco, coincidiendo con la llegada de Stalin, se fue extendiendo una idea que curiosamente iban a compartir sus teóricos enemigos, los nazis: los gays, según estas ideas, eran «reaccionarios» y «burgueses». En este clima, un poeta y músico ruso llamado Mijaíl Kuzmín visibilizó el pensamiento de los gays en un libro suyo, Cuadros envueltos, ilustrado con dibujos homoeróticos a cargo de su colega Vladimir Milashevski. Kuzmín fue uno de los primeros escritores rusos que convirtió el amor entre hombres en uno de sus temas centrales. Pero la situación cambió: a comienzos de los años treinta, en medio de purgas antigays que contaron con el respaldo de muchos estalinistas como Máximo Gorki, fue ejecutado la pareja de Kuzmín, mientras este último falleció en 1936, cuando esperaba ser igualmente ejecutado o encarcelado.

Mijaíl Kuzmín

Mijaíl Kuzmín

En enero de 1934, en ciudades como Leningrado y Odesa, entre muchas otras, se realizaron detenciones masivas de gays, a quienes se acusaba de participar en «orgías homosexuales» (la ley había sido reformada y ahora se castigaba a los gays con hasta ocho años de prisión). Sin proceso alguno, acabaron en prisión, en terribles lugares como Siberia. Muchos otros, acosados por el bolchevismo, se suicidaron. Los nazis describían la Unión Soviética como «bolchevismo sexual», y estos, a su vez, equiparaban la persecución contra los judíos con los actos homosexuales. Ambos, enemigos irreconciliables, estaban de acuerdo. Los gays eran el chivo expiatorio.

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Gorki rozaba el esperpento: «Uno se rebela ante la mención de los horrores (antisemitismo y homosexualidad) que el fascismo hace proliferar con tal esplendor. En los países fascistas, la homosexualidad, azote de la juventud, florece sin el menor castigo; en el país donde el proletariado ha alcanzado el poder social, la homosexualidad ha sido declarada un delito social y es severamente castigada». André Gide, comunista declarado, visitó por estas fechas la Unión Soviética. Lo que vio, con respecto al trato que sufrían los gays, le dejó horrorizado: «Estoy tan harto de virtudes que sería capaz de vomitar —escribió en una crónica posterior—. Me han dicho que los muchachos ya no besan a las chicas sin haber pasado previamente por la alcaldía; que los homosexuales se enmiendan leyendo a Marx en los campos de concentración; que por las noches los taxis circulan iluminados para no albergar a pecadores; que las sábanas de los soldados del Ejército Rojo son inspeccionadas para avergonzar a quienes se masturban; que los niños no precisan ninguna educación sexual porque jamás piensan en estas guarradas; que va a aumentarse el coste del divorcio, con lo cual quedará fuera del alcance de los pobres; que es malsano que la gente goce sexualmente sin reproducirse. Todo esto ha sido demostrado científicamente y todo el mundo acata respetuosamente sus decretos».

Ilustración de Vladimir Milashevski para Cuadros envueltos

Ilustración de Vladimir Milashevski para Cuadros envueltos