Taman Shud o el misterio del hombre sin nombre

Playa de Sommerton, Australia, 1 de diciembre de 1948. El cadáver de un hombre yace en el suelo y la policía es alertada de la situación. Llevan el cuerpo sin vida a las dependencias policiales y comienza una investigación que, a día de hoy, todavía no ha visto su fin. La autopsia revela, entre otras cosas, una inusual congestión de cerebro y estomago, lo que lleva a determinar que el hombre fue envenenado pero no se encuentra rastro alguno de veneno. El cadáver carece de cualquier identificación y de su ropa, que parece comprada en EE. UU., han sido arrancadas todas las etiquetas.

 Fotografía del cadáver no identificado

Fotografía del cadáver no identificado

Se hacen públicas fotografías del fallecido y se difunden las huellas digitales del sujeto, pero nadie hace una identificación positiva. A la espera de que alguien reclame el cadáver, las autoridades australianas lo embalsaman, siendo esta la primera vez que se utiliza este procedimiento. Nadie sabe nada, pero unas semanas más tarde, en enero de 1949, es encontrada en la estación de tren de Adelaida una maleta propiedad del fallecido que contiene una serie de prendas de vestir de las que también se han arrancado las etiquetas. La maleta no desvela nada más y el caso pasa al olvido hasta que se decide darle sepultura. Es en ese momento cuando la policía descubre un bolsillo secreto en uno de sus pantalones dentro del cual hay un papel con las palabras «Taman Shud» impresas en él. La hoja de papel es una página arrancada de una colección de poemas persas que lleva el título The Rubaiyat of Omar Khayyam y pertenece a una extraña edición con muy pocos ejemplares en circulación.

Al igual que se hiciera con la fotografía y las huellas del cadáver, las fuerzas del orden piden ayuda a la ciudadanía y, en este caso, obtienen una identificación pero no del cadáver. Un individuo, que prefirió permanecer en el anonimato, entregó a la policía el libro del que había sido arrancada la página. Afirmó que se lo había encontrado en la parte trasera de su coche días después de que lo dejase aparcado sin las llaves puestas en la misma playa de Sommerton donde fue encontrado el cadáver origen de todo este misterio.

El libro tenía dos pistas que en un principio se desvelaron prometedoras. Por un lado en la contraportada del libro alguien había escrito el siguiente mensaje:

 

WRGOABABD

MLIAOI

WTBIMPANETP

MLIABOAIAQC

ITTMTSAMSTGAB

Por el otro lado, había un número de teléfono que correspondía a una mujer, una antigua enfermera en la Segunda Guerra Mundial que vivía en las inmediaciones de la playa de Sommerton. Interrogada con respecto al cadáver, afirmó no conocer al fallecido pero si haber sido poseedora de un ejemplar de un libro de poemas como el que había llevado hasta ella y que, en 1945, había regalado a un militar de nombre Alfred Boxall, el cual entró en escena con su ejemplar de The Rubaiyat of Omar Khayyam intacto, lo que echó una palada de tierra al empeño de descubrir quién era el muerto.

La policía dio por cierto el testimonio de la enfermera y jamás volvió a ser interrogada al respecto, mientras que el libro que contenía el código y que, según los expertos, contendría también la clave para descifrarlo se perdió en los años cincuenta, echando tierra a un misterio que pudo ver la luz en el año 2009 cuando investigadores de una universidad de Australia encontraron evidencias de una malformación genética en las fotografías del hombre de la playa de Sommerton. Según los investigadores, esta malformación era de tipo bastante poco común afectando tan solo a un 2% de la población y las mismas estaban presentes en las fotografías del hijo de aquella enfermera interrogada años atrás. En su afán por descubrir la verdad, se solicitó tanto la exhumación del cadáver como una prueba de ADN al hijo de la enfermera. La justicia australiana dicto sentencia en contra de la petición aduciendo que «hace falta una razón de interés público que vaya más allá de la curiosidad de la gente o el interés científico para tal maniobra», enterrando quizá de una vez por todas el misterio de Taman Shud.