La estrella de pop que se convirtió en asesino

Pasó de antigua estrella del pop español a ser considerado como «el exorcista de Córdoba». El andaluz Álvaro Bustos, al frente de su grupo Trebol, alcanzó fama con su canción «Carmen», que en 1972 llegó al número 1 de las listas de éxitos. Trebol fueron un trío que solía sonar en los guateques de la época, teniendo algunos éxitos más, como «Pajarillo», «Música eres tú», etc.

 

 

Todo fue bien, pero el tirón del grupo fue rebajándose hasta que se disolvieron en 1977. Para Bustos, la vuelta al anonimato fue un mal trago. Durante aquellos años, consumió ingentes cantidades de literatura sobre exorcismos y brujería. Desapareció de la escena pública hasta que volvió a ser noticia, pero esta vez no con una canción o con el regreso de Trebol, sino por algo infinitamente más oscuro y sórdido. El 4 de enero de 1987, tras llegar a su casa, fue a su habitación y descolgó la barra que cubría las cortinas, con la que se fabricó una pequeña estaca. Luego la hundió en sal y restregó con ajo. Seguidamente, bajó a la planta baja y, tras dar la vuelta a todos los espejos que se encontró, fue hasta la habitación de su padre, que entonces dormía, y se sentó al borde de la cama. Allí lo acusó de ser «Satanás». Tras veinte minutos de juicio improvisado, hundió la estaca en su pechó, causándole la muerte.

Tanto en las declaraciones ante la policía y el juez, insistió en que su acción fue necesaria y que lo único que había hecho era liberar al mundo del demonio y el mal. Afirmo que durante la nochebuena de 1986 se había encarnado en Jesucristo y, al ser su padre el Maligno, tenía la obligación de acabar con él. Lo de los espejos, la sal y los ajos, ya sabéis: vampirismo.