Las calles también eran de ellas: pandillas de chicas en el Nueva York de los cincuenta


Se enfrentaron con navajas y cadenas, y una revista publicó un reportaje sobre bandas de chicas titulado «Girls Sisterhood Republic». La literatura pulp las retrató en plena guerra por el territorio

Fotografías: Vecchio/Three Lions/Getty Images

La amenaza llegaba al caer la noche, justo cuando la ciudad cambiaba, hasta convertirse en un territorio gobernado por seres brutales, un lugar hostil que debía ser evitado a toda costa. Bienvenido a la ciudad oculta. Una selva sin dueño. «La jungla está tranquila —describió el escritor Paloczi-Horvart en un formidable estudio sobre el tema—. De pronto, una manada de bestias comienza a golpear. Gritos, sangre, muerte… Y, después, vuelve a reinar el silencio».

Como si fuese una zona de guerra, cada territorio o barrio estaba dominado por una pandilla, que generalmente usaba nombres espectaculares destinados a infundir miedo, como Vampires, Dragones, Black Angels o la potente banda negra llamada los Egyptian Kings, que controlaban la zona comprendida entre la calle 135 hasta la 155 del Harlem negro. Con ellos se aliaron para contrarrestar la fuerza de los Jesters, amos de otro sector y sus feroces enemigos. El resultado fue una paz precaria, pura supervivencia y conveniencia pandillera, pero que al menos les dio un respiro.

Nueva York era la capital de las tribus guerreras. «Las innumerables zonas de la metrópoli más grande del mundo —escribía un periodista del Newsweek en septiembre de 1959— están divididas en territorios de influencia que son regidos, prácticamente, por bandas de jóvenes inmorales y sin escrúpulos. Ellos dominan con el terror, y los extraños solo pueden atravesar sus dominios después de la caída de la noche bajo su propia responsabilidad y teniendo que hacer ellos solos frente a cualquier clase de peligro». La prensa solía exagerar sus choques, engrandecidos por el cine que ya había creado un subgénero con películas cuyos argumentos siempre eran similares: pandillas de adolescentes que empleaban una violencia arbitraria y sin sentido. Incluían advertencias para el público, incluso al comienzo de la película. Eran productos dominados por moralinas o moralejas, propaganda antipandillera. Pero tampoco había que desdeñar la violencia de las bandas, que en sus escaramuzas empleaban todo tipo de armas, sobre todo armas blancas, como navajas automáticas, machetes o incluso arpones. Ese mismo año, el fotógrafo Bruce Davidson acompañó a una banda de Brooklyn de la que desconocemos el nombre (posiblemente fuesen los Vampires o Egyptian Kings).


CAOS Y MUERTE A MANOS DE LAS REINAS DIPLOMÁTICAS

Existe poca información sobre bandas de chicas en aquel fascinante Nueva York de los cincuenta. Sabemos de enfrentamientos entre bandas exclusivamente femeninas en julio de 1956 en Brooklyn. The Diplomat Queens se enfrentaron a Chaplains, sus enemigas. Lo hicieron usando todo lo que tuvieran a mano (navajas, palos…) en la estación de metro de Evelyn Orr. Una chica de tan solo 12 años murió, en lo que fue el único homicidio de una chica pandillera en el periodo que va de 1955 a 1959, los años dorados de las pandillas.

Sin embargo, el fenómeno parece que fue mayor. Numerosa literatura pulp publicó títulos que reflejaban luchas fratricidas entre chicas. Los títulos lo dicen todo: Gang Girl (Avon Books, 1954), Joe Weiss, Girl Gang (Beacon Books, 1957) o Don Elliott, Gang Girl (Nightstand Book, 1959), todos ellos publicados en aquellos años. Chicas con cadenas y navajas automáticas. Esta tradición, dos décadas después, fue continuada en los setenta por Richard Allen con obras como Knuckle girl (1977) que inspiró al movimiento punk y skinhead. 


UNA «REPÚBLICA» DE MUJERES

Esta serie de fotografías pertenecen a un reportaje de la época titulado «Girls Sisterhood Republic». Se trataba de un grupo de chicas del Lower East Side que fueron retratadas en 1955, el año en que el rock and roll se extendía por todo el país y el mundo entero, en su vida cotidiana. Sin embargo, las escenas se parecen más a una parodia del estilo de vida pandillero. Son forzadas aunque divertidas. Se colocan en la posición de jefas de la banda y exhiben armas junto a carteles de películas sobre crímenes. Hay pistolas fabricadas a mano, parecidas a las que solían circular en las cárceles. Son desafiantes, aunque tienen tiempo para bailar. Documenta, eso sí, una época que comenzaba y también tocaba a su fin: la del rock and roll, la diversión y el hedonismo. Durante los setenta, proliferaron las bandas exclusivamente de chicas, pero la imagen que adoptaron era mucho más dura, casi una emulación de la estética de las bandas masculinas.