La novocaína os hará libres

Estaba oculta en maletines, bolsillos falsos, monederos. Podía encontrarse en los lugares del hampa y los cabarets, los locales de cuplé y jazz. El periódico El Sol, el 1 de febrero de 1931, hizo un recorrido por los orígenes de una cocaína y novocaína muy vinculadas al dandismo y la bohemia: «En Europa fue Francia quien primero se entregó  al cocainismo,  y en 1912 comenzaron a conocerse los primeros focos entre los estudiantes y bohemios del Barrio Latino y de Montmartre. Durante la guerra causó grandes estragos en la población civil y entre las tropas, especialmente los aviadores. En cambio, la aviación alemana sufrió más los efectos del morfinismo. En la actualidad, parece haber decrecido el cocainismo en todo el mundo».

 Bohemia, noche y mujer. Las asociaciones de la prensa española y la novocaína ( Estampa , 10 de junio de 1930)

Bohemia, noche y mujer. Las asociaciones de la prensa española y la novocaína (Estampa, 10 de junio de 1930)

La cocaína, a comienzos de siglo, recibía el nombre de «cocó» o «mandanga». Pero los traficantes pusieron de moda una nueva sustancia que se hizo rápidamente famosa a partir de los años 30: la novocaína. «Ya se usan algunos sustitutivos, entre los cuales se distingue la novocaína, con una toxicidad tres veces menor que la cocaína, y como ella, desprovista de acciones secundarias, irritación, etc.» (Crónica, 14 de julio de 1935).

 Sustancias requisadas. Frascos de cocaína y morfina ( Crónica , 27 de octubre de 1935)

Sustancias requisadas. Frascos de cocaína y morfina (Crónica, 27 de octubre de 1935)

  Crónica  (30 de junio de 1935).

Crónica (30 de junio de 1935).

La «mandanga», al ser más cara, dio lugar a que los traficantes vendieran novocaína en lugar de cocaína, mucho más barata y difícil de distinguir previamente. Crónica, el 27 de octubre de 1935, explicó el procedimiento: «Cinco gramos de “coco” pura, por los que se han pagado unos seis duros, se transforman, una vez pasada la frontera, en veinticinco gramos, gracias a la eficaz ayuda del ácido bórico, la fenacetina y la novocaína, que no es tóxico».

  Crónica  (30 de junio de 1935)

Crónica (30 de junio de 1935)

Del mismo modo, Crónica afirmó que «la novocaína es anestésico, no tóxico, y, por tanto, tenía la venta libre. No hay más que esperar la llegada del cliente, y cuando este se presenta, rodear la cosa de mucho misterio e ir sencillamente a la farmacia a comprar el anestésico, que luego se vende como cocaína pura. Las ventajas son dos: primera, que sale mucho más barato, y segunda, que si la Policía sorprende al traficante no puede hacerle nada, porque no se trata de un expendedor de drogas tóxicas, sino, todo lo más, de un ciudadano que se dispone a realizar una minúscula estafa». Sin embargo, los consumidores de droga lo notaban enseguida desde que la consumían. Su sabor era más dulce y descomponía el cuerpo. Nada más tomar una dosis llegaban las náuseas y los dolores estomacales.

 Estuches farmacéuticos de novocaína de la época

Estuches farmacéuticos de novocaína de la época

La novocaína entró rápidamente a formar parte de las sustancias «peligrosas» asociadas al jazz, el ambiente de los cabarets y a la noche. Los periódicos retrataron el ambiente de los locales nocturnos en lugares como el barrio Chino de Barcelona y su consumo de cocaína y novocaína. Hubo periodistas que siguieron durante toda la noche a los «novocainómanos» y aseguraron que eran aspirantes a dandis.

  Crónica  y la novocaína (14 de julio de 1935)

Crónica y la novocaína (14 de julio de 1935)

La asociación entre amantes del jazz, bailarinas y noctámbulos con la novocaína y la cocaína se hizo evidente. Crónica lo explicó así: «Se inicia la Primera Guerra Mundial y Barcelona se llena de cocottes francesas dispuestas a vaciar los bolsillos de una burguesía catalana que ve en el conflicto una ocasión de enriquecerse. Parisinas que llegan acompañadas de una cajita de polvo blanco que al inhalarla provoca risas. La cocaína se convierte entonces en una sustancia cuyo uso denota elegancia, estar a la última, saber vivir la vida, conocer los ambientes canallas de Barcelona. En fin, todo lo que los corridos de Barcelona quieren aparentar [corrido es el nombre que los barceloneses de antes de la Guerra Civil daban a la persona que se corre las juergas]».