El hombre que liquidaba nazis armado con una espada


«Militant men in peaceful times attack themselves»

Maniac (Wolf’s Lair Abyss, Mayhem)

No podemos decir que el mundo haya estado nunca en paz, y aunque parece que las peores guerras de la historia de la humanidad sean cosa del pasado, hoy, como entonces, hay personas que, por conveniencia o convicción, abandonan a su familia, dejan su trabajo y ponen en riesgo sus vidas para viajar a países en conflicto, alistarse en ejércitos o guerrillas y poder, por fin, disparar contra sus semejantes. ¿Son héroes, son rebeldes, son asesinos? Solo sabemos que por alguna razón, el conflicto mayor, la guerra, es su elemento, su mundo y a lo que quieren dedicar sus vidas, y quizá sus muertes. Vamos a hablar de una de estas personas. Vamos a hablar de Jack Churchill, el hombre que luchó contra Hitler armado con una espada.

 

Ceilán, Surrey, Hong Kong, Isla de Man, Birmania, Nairobi, 1906-1940

 

John Malcolm Thorpe Fleming, apodado «Jack» Churchill, nace en 1906 en Ceilán (actual Sri Lanka), aún bajo la égida del Imperio británico, en una familia de funcionarios acostumbrada al viaje, lo que sin duda marcaría el carácter inquieto y desenvuelto del joven Jack. Tras una breve estancia en Surrey, la familia pasa casi una década en el Hong Kong colonial, para asistir, más tarde, al King William’s College entre las brumas de la fría Isla de Man.

 John Malcolm Thorpe Fleming Churchill (Jack «Mad» Churchill) años antes de fallecer

John Malcolm Thorpe Fleming Churchill (Jack «Mad» Churchill) años antes de fallecer

Jack prueba por primera vez la disciplina castrense hasta 1926, al acudir al Royal Military College, la escuela de oficiales de caballería e infantería en Sandhurst, formación que completaría sobre el terreno poco después en Birmania, con el Regimiento Manchester. Es allí donde comienza a hacerse famoso por sus extravagancias, como recorrer los 2400 kilómetros que separan Poona de Calcuta en una moto de principios de siglo, campo a través, enfrentándose a búfalos de agua, cruzando los puentes caminando sobre traviesas y empujando la moto en equilibrio sobre un raíl. Quedaba claro que si las cosas no eran lo suficientemente difíciles, Jack se las pondría complicadas a sí mismo.

En estos tiempos, y durante la Rebelión de Birmania de 1930 a 1930, Jack aprende a tocar la gaita escocesa tomando lecciones de los Cameron Highlanders, y continúa desafiando el statu quo militar apareciendo en los desfiles armado con un paraguas cuando llovía, estudiando las materias que le parecía para los exámenes y tocando la gaita a las tres de la madrugada. No es difícil ver que cualquier esperanza de ascenso parecía prohibida para él... mientras no hubiese guerra.

En 1936, quizá hastiado por la paz reinante, Jack deja el ejército y trabaja en puestos peculiares y variados: desde editor periodístico a modelo en Nairobi, pasando por actor en El ladrón de Bagdad (Douglas Fairbanks), The Drum (A. E. W. Mason) o Un yanki en Oxford (Jack Conway). En estos años también persevera en una de las pasiones que más famoso le harían: el tiro con arco, llegando al nivel de competir por Reino Unido en los campeonatos mundiales de Oslo en 1939. Y mientras, no se olvidó de la gaita: fue segundo en las competiciones de Aldershot, el único inglés entre setenta contrincantes. Un hombre como Churchill no parecía nunca en paz, ni consigo mismo ni con el mundo, y anhelaba una guerra. El mundo pronto se la daría.

Francia, 1940

Churchill vuelve al ejército cuando Hitler invade Polonia en septiembre de 1940 como parte de las BEF y. para sorpresa de propios y extraños (especialmente los últimos). Pronto se hace famoso por aparecer en formación armado con una espada escocesa (una claybeg, un tipo de claymore corto con taza), gaita, arco y flechas. Es de esta época su conocida aseveración: «un oficial en combate sin su espada va vestido de forma impropia».

«Jack se dejó ver montando en moto, con el arco y flechas atados al cuadro, pidiendo un trago y con una gorra de oficial alemán en el faro, mientras sangraba por una oreja y comentaba con despreocupación que la “causa” era una ametralladora alemana»

Con estos últimos inició su propia leyenda entre las filas británicas y alemanas, cuando en retirada cerca del pueblo de L’Epinette (cerca del paso de Calais), Churchill dio la orden de ataque disparando una flecha contra el pecho de un sargento y convirtiéndose en el único soldado con una muerte registrada en combate de tal manera.

 Figura en miniatura de Jack con su arco

Figura en miniatura de Jack con su arco

En Dunkerque, Jack se dejó ver montando en moto, con el arco y flechas atados al cuadro, pidiendo un trago y con una gorra de oficial alemán en el faro, mientras sangraba por una oreja y comentaba con despreocupación que la «causa» era una ametralladora alemana. Churchill se distingue durante la retirada al canal rescatando a un oficial británico herido y recibiendo su primera Cruz Militar Británica. Fue entonces cuando se ganó el apodo de «Jack el Loco».

Noruega, 1941

A su regreso Churchill decide unirse a un nuevo cuerpo expedicionario aún misterioso para todos: los comandos. Fuerzas entrenadas para misiones de emboscada y asalto, en muchos casos tras las líneas enemigas. Un trabajo de su talla, y un entrenamiento que puso a prueba su energía hasta el límite. Precisamente allí y entonces conoció a Rosamund Denny, hija de un armador escocés que sería su mujer hasta su muerte, cincuenta y cinco años después.

 Figura en miniatura de Jack y su espada

Figura en miniatura de Jack y su espada

Ya preparado como comando y sediento de acción, Churchill participó como segundo en la llamada Operación Archery en diciembre de 1941 en Vågsøy (Noruega), e inició el ataque a su más puro estilo: de pie en la lancha, arribando a tierra tocando The March of the Cameron Men a la gaita, tras lo que se lanzó al fragor del combate espada en mano, dando alaridos y lanzando granadas. La operación fue un éxito (cien prisioneros y setenta nuevos voluntarios para unirse a la resistencia noruega) y obligó a Hitler a reforzar sus defensas costeras con treinta mil soldados que ya no podría usar en otros frentes. La leyenda aumentó cuando una carga de explosivos de demolición estalló a su lado, de lo que salió casi indemne, con apenas un corte en la frente y una segunda Cruz Militar Británica.

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 Jack armado con su espada (abajo, en la esquina derecha) en pleno desembarco y en busca de nazis

Jack armado con su espada (abajo, en la esquina derecha) en pleno desembarco y en busca de nazis

Italia, 1943

«Aterrados por la visión del furioso inglés armado con una espada, uno a uno se rindieron: así capturó Churchill a todo el puesto alemán, logrando 42 prisioneros»

A gusto entre los comandos, y visto por el alto mando como un ejemplo a seguir y que podía mantener alta la moral, Churchill se lanza de nuevo armado con su espada, arco y gaitas a la invasión de Sicilia (Catania) y Salerno. En Piegoletti, ante la incapacidad de infiltrarse en silencio, hizo que sus hombres cargaran de noche contra las trincheras alemanas, con él delante, espada en mano, a pecho descubierto y gritando «¡Comando!», lo que aterrorizó al enemigo y facilitó la victoria (136 prisioneros).

Más tarde, esa misma noche, con la única ayuda de un cabo, se infiltró en Molina, y tras hacer preso a un alemán, le obligó a acompañarle puesto a puesto para abrirle paso. Aterrados por la visión del furioso inglés armado con una espada, uno a uno se rindieron: así capturó Churchill a todo el puesto alemán, logrando 42 prisioneros. No contento con ello, tras entregarlos volvió en solitario al pueblo a recuperar su espada y por el camino salvó a una patrulla americana de caer bajo el fuego alemán. Por todo ello recibió la Orden del Servicio Distinguido. Cuando se le preguntó por su hazaña, contestó: «Mientras le digas a un alemán alto y claro lo que tiene que hacer y seas su superior... gritará Jawohl” y obedecerá con entusiasmo y eficacia».

Yugoslavia, 1944. Captura. Campo de concentración de Sachsenhausen

El avance de la guerra traería nuevos escenarios para Churchill. En 1944 aterriza en Yugoslavia con sus comandos para apoyar a los partisanos de Tito, logrando organizar en poco tiempo a 1500 de ellos. Sin embargo, durante un ataque especialmente difícil, solo Churchill y seis de sus soldados lograron llegar al objetivo, y cuando un mortero aniquiló a sus compañeros y le dejó solo ante el enemigo, se puso en pie para tocar a la gaita, a todo volumen Will Ye No Come Back Again? tocar a la gaita mientras los alemanes le rodeaban. Solo una granada fue capaz de hacerle dejar de tocar, dejándole inconsciente.

Capturado, Churchill fue trasladado a Berlín para un duro interrogatorio (por su apellido, se sospechaba que podía ser familiar del otro Churchill), y se las arregló para incendiar el avión tras bajar de él. Poco después, fue confinado en el campo de Sachsenhausen (Alemania), pero como podía esperarse, pronto se fugó junto a otro oficial británico. Trataron del llegar al mar Báltico, pero fueron capturados a pocos kilómetros de la orilla; aparentemente salvaron la vida gracias a un capitán de la Wehrmacht, a quien luego Churchill, en agradecimiento, salvaría de los rusos.

Más tarde, en 1945, fue trasladado al campo de Tyrol para presos destacados custodiado por las SS. Esto no asustó a Jack el Loco, que aprovechó un apagón para huir, llevándose solo una lata en la que cocinó las verduras que robaba en su huida. Caminando casi 250 kilómetros, consiguió cruzar los Alpes por el paso del Brennero y se dirigió hacia Verona. Al octavo día, caminando con un tobillo torcido, divisó una columna de tanques americanos a los que logró convencer de que era un coronel británico.

Churchill se hallaba sano y salvo, pero la guerra estaba a punto de terminar y él ardía en deseos de seguir luchando. Al parecer, dijo a sus amigos: «Al menos, todavía nos quedan los japos, ¿verdad?».

Birmania y la Palestina Británica, 1945-1952

Churchill logró ser trasladado al Pacífico, concretamente a Birmania, pero para su desgracia, a su llegada ya se habían producido los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, lo que al parecer, le hizo exclamar: «¡Si no hubiese sido por esos malditos yankis, hubiéramos podido seguir en guerra otros diez años!».

No obstante, el mundo distaba mucho de estar en paz, y mientras un nuevo conflicto tomaba forma, Churchill siguió preparándose, logrando completar el entrenamiento de paracaidistas a los cuarenta. Fue en 1948 cuando Churchill es enviado, con el primer batallón de la Infantería Ligera de los Highland, a Palestina.

Allí, bajo las balas, con solo doce hombres y ante cientos de árabes armados, un sonriente Jack (luego diría «hay menos posibilidades de que te disparen si sonríes»), expuesto al fuego enemigo, vestido con kilt, bonete, medias y bastón de mando trató de salvar un convoy médico israelí, pero estos rechazaron su ayuda, prefiriendo esperar el apoyo de la organización militar Hanagah... pero estos nunca llegaron, lo que provocó la muerte de los setenta y siete miembros del convoy. Al menos, Churchill sí consiguió evacuar a setecientos doctores, pacientes y estudiantes del hospital Hassadah en el Monte Scopus poco después.

Reserva, surf y retirada, 1952-1996

Por mucho que el mundo siguiera inmerso en conflictos, Churchill no encontró nuevas guerras que le aceptaran, por lo que siguió planteándose desafíos del tipo que fuesen: volvió a aparecer en una película, en esta ocasión haciendo de arquero en Ivanhoe y se hizo instructor militar en Australia, donde se convirtió en ¡un fanático del surf! Diseñó su propia tabla y fue el primero en montar la ola de marea fluvial de metro y medio del río Severn en el sur de Inglaterra.

Su retiro oficial del ejército se produjo en 1959, con dos Órdenes de Servicio Distinguido, pero no dejó de trabajar (siguió siendo un supervisor civil del Ministerio de Defensa), y sus excentricidades tampoco terminaron: de regreso a casa, cotidianamente tiraba su maletín por la ventana del tren (para alarma de otros viajeros) para evitarse cargar con ella.

Hasta el final de sus días se dedicó a elaborar y a navegar modelos de barcos teledirigidos que él mismo construía.

Barcos de guerra, por supuesto.