El fin del mundo que no fue

Llegó a fundar un culto que en gran medida llega hasta nuestros días (los Adventistas del Séptimo Día). William Miller, un agricultor de Nueva Inglaterra, tras una serie de cálculos que aseguraba que eran exhaustivos y, por supuesto, infalibles, determinó que el final de los tiempos, las trompetas del Armagedón, sería entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844.

 Periódico de la época anunciando la profecía

Periódico de la época anunciando la profecía

 Los cálculos de Miller.

Los cálculos de Miller.

Durante ese tiempo, la locura se desató entre los cientos de seguidores de Miller, que se llamaron «Milleristas». Según él, «Cristo aparecería por segunda vez por los cielos, resucitaría a los justos muertos y los juzgaría junto con los justos vivos, los cuales serían arrebatados para reunirse con Él en el aire; purificaría la Tierra con fuego, haciendo que los impíos y todas sus obras fueran consumidas, encerrando sus almas en el lugar destinado al Diablo y sus ángeles; que los santos vivirían y reinarían con Cristo mil años en la tierra nueva; que entonces Satanás y los impíos serían resucitados, siendo esta la segunda resurrección, y, siendo juzgados, harían guerra contra los santos, serían derrotados y lanzados al infierno para siempre». Dejaron todo, se organizaron en comunidades y anunciaron por doquier que el mañana no llegaría.

 Los milleristas esperan la ascensión celestial

Los milleristas esperan la ascensión celestial

 Prensa de la época. Caricatura satírica de un millerista esperando «La Llegada»

Prensa de la época. Caricatura satírica de un millerista esperando «La Llegada»

Inicialmente se dijo que la segunda venida de Cristo se produciría el 31 de diciembre, pero no sucedió nada. Posteriormente siguieron más y más supuestas profecías, todas un fraude. Al llegar la fecha del 21 de marzo de 1844, ante la decepción entre sus miembros y la burla generalizada, muchos perdieron la fe, pero un buen número siguió creyendo en ello, siendo la base de los actuales Adventistas. 

Sin embargo, en un desesperado último intento, el Reverendo Samuel S. Snow, un importante millerita, predijo la Segunda Venida para el 22 de octubre de 1844. La fecha fue aceptada pronto por el mismo Miller. Los milleristas se reunieron en una colina a la espera de la venida de Jesús. Tampoco sucedió nada. Aquel día es recordado como «la gran decepción». Miller se retiró a su granja, donde murió en 1849.