¡Dinamita es libertad! Un paseo psicogeográfico por el barrio londinense de Notting Hill, sus grafitis y los ecos de King Mob


Te llevamos de ruta por los célebres grafitis y los lugares de los legendarios King Mob, (el «Partido del Diablo»), uno de los grupos más radicales y revolucionarios de Inglaterra, medio siglo después de su existencia, cuando paredes y calles eran zonas en guerra y ellos invocaban el espíritu de Jack el Destripador, Sade y William Blake

La noche del 14 de junio de 2017 la torre Grenfell ardió por los cuatro costados. La incineración fue tan completa que los forenses necesitaron meses para concluir que 73 personas habían perdido la vida en el incendio. Tras el fuego llegó el dolor. Después la rabia y las exigencias de justicia. Ladbroke Grove y Portobello Road se llenaron de fotos de desaparecidos. Niños, niñas, familias enteras. Manifestantes airados cortaron las calles. Los vecinos y los comercios de la zona habilitaron refugios y organizaron colectas conscientes de que, una vez más, los políticos no ayudarían: Controlado por los conservadores, el consejo de Kensington era parte responsable en la catástrofe por haber gastado menos de los presupuestado en la reforma del edificio y devolver lo ahorrado a los vecinos que viven en mansiones de nueve millones de euros en concepto de «exceso de impuestos». La torre humeante y carbonizada se erigió así en recordatorio de las divisiones de clase que han definido el distrito desde hace 150 años.

Cartel de King Mob ( King Mob Echo , número 2, 1967)

Cartel de King Mob (King Mob Echo, número 2, 1967)

 GENTRIFICACIÓN, PUNKS Y REVUELTAS BLANCAS

Así fue como un barrio alterado por la gentrificación y el turismo recuperó su carácter guerrero y arisco. Notting Hill, pese a Hugh Grant y Julia Roberts, se resiste a disolverse en una sopa de tiendas de souvenirs y templos hípster al gin & tonic. Su mezcla racial -italianos e irlandeses primero, jamaicanos traídos para aliviar la escasez de mano de obra en la posguerra, pakistaníes en los 60, subsaharianos y magrebíes ahora- y la tradición de conflictos y solidaridad entre ellos han preservado la personalidad belicosa de un barrio que en el siglo XIX estaba partido por un muro de la vergüenza que separaba las favelas de los casoplones. Llegó un momento en que esa división física se hizo imposible. Pero un muro imaginario continuó existiendo. En el lado de los desposeídos la convivencia nunca resultó fácil. Las revueltas raciales de finales de los 50 y de los 70 -que inspiraron a Joe Strummer a componer (la malinterpretada) White riot- sirvieron para dividir a los que siempre debieron permanecer unidos.

 «Un grupo se autodenominó “El partido del diablo” y proclamó “El fin de la música”»

En el ambiente febril y caleidoscópico del Notting Hill de los 60, ese Notting Hill aun no gentrificado, repleto de clubs subterráneos y cochambre, aparecieron unas extrañas pintadas que mezclaban lo popular con la alta cultura. Exabruptos contestatarios, aforismos descontextualizados, frases de humor salvaje y blasfemo que buscaban derruir ese muro invisible que el incendio de la torre Grenfell ha visibilizado de nuevo. El responsable de esos grafitis fue un grupo de agitadores que se veían como una chispa revolucionaria. Un grupo que se autodenominó «El partido del diablo» y proclamó «El fin de la música». Un grupo de revuelta pop inspirado en el dadá que se rebelaba contra la colonización de la vida cotidiana por el capitalismo mientras abjuraba de los hippies y los izquierdistas de salón. Ese grupo se llamaba King Mob, nombre tomado de las pintadas en los muros de la prisión de Newgate, recién liberada por la turba durante los «disturbios de Gordon» de 1780. Desgajados de la Internacional Situacionista, excomulgados por su sumo sacerdote Guy Debord (porque les pilló viendo fútbol en la tele y bebiendo cerveza cuando les visitó sin avisar), King Mob fueron unos contundentes defensores del uso del terrorismo cultural y la delincuencia en la apropiación del espacio público como campo para la lucha de clases. Seguidamente, pasearemos por el pasado y el presente de las calles en las que actuaron, visitando los muros donde dejaron sus grafitis para reivindicar la vigencia de su espíritu irreductible.


UN PASEO POR LOS RASTROS DEL PARTIDO DEL DIABLO

Comenzamos nuestro paseo desde el metro de Notting Hill Gate, enfilando Portobello Road, pasando por delante del número 22 en el que George Orwell vivió unos años hasta marchar a la guerra de España. Venimos silbando «Homeless bones», la melodía que suena durante los títulos de crédito de Otley (1969), una estupenda película de espías involuntarios que en sus primeros compases nos muestra cómo era el mercado de Portobello hace medio siglo. Escondido entre sus fotogramas, oculto entre coches y viandantes, se entrevé un grafiti que dice «Cars are dead!» («¡El coche está muerto!»).

Fotogramas de  Otley  con la pintada de King Mob al fondo

Fotogramas de Otley con la pintada de King Mob al fondo

El mismo lugar en la actualidad. Fotografía: El autor

El mismo lugar en la actualidad. Fotografía: El autor

Poco parece haber cambiado en 50 años. El mercado de Portobello sigue tan bullicioso como entonces, aunque ya no se pueda encontrar a Vivian Westwood vendiendo baratijas para mantener a su novio Malcolm McLaren, por entonces un pobre estudiante de arte. El mensaje que King Mob quería estampar con su pintada permanece tan válido como entonces. En King Mob: a critical hidden history (2014), los hermanos David y Stuart Wise, piezas centrales del grupo, reconocen que, más que una crítica ecologista, la frase apuntaba contra la perdida de potencial social que producen los vehículos; las personas, encerradas en latas de metal con ruedas, no pueden encontrarse con otras por casualidad, hablar, reír, montar a saber qué planes. Lamentablemente, el coche sigue sin morir. De hecho, algo que destaca al mirar las fotos del Notting Hill antiguo es la mínima presencia de vehículos en sus calles comparada con la actual.

Continuamos por Portobello Road. Aunque no es día de mercado, hay unos pocos puestos de antigüedades en la calle y los propietarios de las tiendas para turistas han sacado ya su género más kitsch. Detrás de unos puestos de libros vetustos y cámaras fotográficas, entre dos pastelerías delicatessen, se abre un pequeño pasadizo que conduce a uno de los llamados “mews,” callejuelas adoquinadas en las que hace siglos se alineaban las cocheras de los que podían permitirse un carruaje de caballos, hoy reconvertidas en viviendas de lujo a menudo protegidas por verjas. Allí, una noche de 1968, los King Mob pintaron un eslogan robado al Marqués de Sade que alentaba a la ilegalidad como deber revolucionario: «El crimen es la más elevada forma de sensualidad». De aquello, no quedan hoy más que trazas, sombras.

La legendaria pintada «criminal» de King Mob

La legendaria pintada «criminal» de King Mob

Exactamente la misma pared en la actualidad, así como arriba, a la derecha, donde una vez estuvo el anuncio. Fotografía: El autor

Exactamente la misma pared en la actualidad, así como arriba, a la derecha, donde una vez estuvo el anuncio. Fotografía: El autor

CRÍMENES, CAMPOS DE CONCENTRACIÓN Y SEX PISTOLS

King Mob utilizaban la palabra crimen con varios significados. Uno era el evidente; el grafiti apelaba a la excitación que produce el robo o la destrucción de la propiedad privada. Pero también era la reivindicación de la violencia delincuencial como fuente de imaginación y poesía, como forma de derrocar la pasividad y contemplación que la sociedad quiere imponernos. Los King Mob veían en los delincuentes juveniles a los verdaderos revolucionarios, a los verdaderos herederos del dadá; porque para ellos, citando a Stirner, la revolución es «el gran crimen».

King Mob Echo  número 3

King Mob Echo número 3

Giramos a la derecha un poco más adelante y enfilamos Colville Terrace, la calle en la que vivió durante un tiempo el escritor de ciencia ficción Michael Moorcock y donde el antihéroe protagonista de Distrito 11 (1963) tenía su cuartucho. Torcemos después por Colville Square porque, escondido en un recodo, los King Mob plantaron uno de sus grafitis más polémicos y provocadores, «Belsen lives» («Belsen vive»), en referencia al campo de concentración nazi. Su propósito no era hacer una apología del fascismo sino establecer una analogía con el ocio regimentado de hoteles y ciudades de vacaciones tan popular entre las clases medias de ahora y entonces, una forma suave de totalitarismo aceptado con mansedumbre. Una década después, los Sex Pistols se harían eco de esta idea en su «Holidays in the sun».

«Belsen lives». Extraído de la portada de  Hustler!  #1 (mayo, 1968)

«Belsen lives». Extraído de la portada de Hustler! #1 (mayo, 1968)

La misma pared, ahora vacía, esquina y calle. Fotografía: el autor

La misma pared, ahora vacía, esquina y calle. Fotografía: el autor

Alcanzamos Talbot Road, donde se encuentra Rogue Trade, la última tienda de discos de las decenas que hubo en el barrio, y continuamos por ella hasta llegar a Powis Square, la mítica plaza liberada en 1968 por King Mob en una de sus acciones más conocidas y seguro que la más perdurable. Vestidos con disfraces de animales y repartiendo pasquines a su paso, sus miembros se propusieron derribar las verjas que impedían el paso al jardín privado que ocupaba el centro de la plaza. Los vecinos vinieron en su ayuda enseguida hartos de la falta de espacio para sus hijos; solo unos días antes, un niño que jugaba en la calle había muerto atropellado. Tras la toma, Powis Square se convirtió en un centro autogestionado y, aunque no tan bulliciosa como entonces, continúa siendo el foco de muchas iniciativas y acciones comunitarias en el barrio. Por cierto, el número 25 detenta una posición especial porque sirvió de escenario a Performance (1970) -la fabulosa película de Nic Roeg en la que Mick Jagger interpreta un trasunto de sí mismo- y funcionó de piso franco de la Angry Brigade.

Notting Hell! Flyer de la okupación de Powis square por King Mob

Notting Hell! Flyer de la okupación de Powis square por King Mob


WILLIAM BLAKE, POETAS Y LA DINAMITA QUE LIBERA

En el extremo sur de la plaza, se levanta un bloque de viviendas de protección oficial, uno de los muchos que cambiaron la fisonomía de Kensington durante los 70. Este en concreto reemplazó al edificio en el que los King Mob pintaron otro de sus más brillantes grafitis: «El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría», una cita de William Blake que demostraba su pasión por los autores románticos, no para reivindicarlos con nostalgia sino para «recuperar mediante la transferencia» como decía Marx, su vertiente más subversiva y contracultural.

La famosa pintada con la frase de Blake

La famosa pintada con la frase de Blake

La misma pared, aunque cambiada, y el mismo edificio en la actualidad. Fotografía: El autor

La misma pared, aunque cambiada, y el mismo edificio en la actualidad. Fotografía: El autor

Proseguimos por la amplia Talbot Road hasta llegar a la esquina con Moorhouse Road. Alli deberíamos encontrarnos con el muro que albergó otras de las pintadas más célebres de King Mob, un fragmento del poema Abatimiento (1802), con la que el grupo convocaba el espectro de otro autor romántico, Samuel Coleridge, y que podríamos traducir como «Un dolor sin golpe, vacío, oscuro y más temible / Un dolor sin vehemencia, rígido y torpe». En su lugar nos topamos con el muro exterior de una finca moderna e insulsa. Aun así, resulta posible imaginar el desconcierto de los humildes vecinos del barrio leyendo estos versos del poeta inglés en medio de su paisaje cotidiano de pobreza extrema, miseria y hacinamiento.

La pintada de King Mob en 1968

La pintada de King Mob en 1968

Exactamente el mismo lugar. Hoy muy cambiado. Fotografía: El autor

Exactamente el mismo lugar. Hoy muy cambiado. Fotografía: El autor

Viramos hacia el Norte tomando Shrewsbury Road y nos encontraremos a las puertas del colegio religioso de St Mary of the Angels, adscrito a la parroquia del mismo nombre. Las madres y padres de hoy no sospechan que una explosiva pintada habría saludado a sus hijos e hijas cincuenta años atrás desde la pared al otro lado de la calle: «Dynamite is freedom». Dinamita es libertad. Un grafiti que reflejaba la fe de los King Mob en la dinamita como agente liberador en un contexto en el que la Nueva Izquierda se había convertido, en su opinión, en un nuevo establishment autocomplaciente y paralizante. Como había sucedido con el Captain Swing y el General Ludd, King Mob querían conjurar un espectro que amenazara a la sociedad bienpensante de cualquier signo.

«Dinamita es libertad» (King Mob)

«Dinamita es libertad» (King Mob)

La pared y edificio se mantienen iguales, pero no queda rastro de la pintada. Fotografía: El autor

La pared y edificio se mantienen iguales, pero no queda rastro de la pintada. Fotografía: El autor

NEVER TRUST A HIPPIE!

«King Mob estampó otro de sus grafitis más conocidos: “Todo lo que necesitas es dinamita”. Un evidente juego con el “All you need is love” de los Beatles. Porque, como decían ellos mismos “es mejor ser una persona horrible que un hippy altruista y amable”».

Los grafitis son efímeros por naturaleza. Si se conserva su recuerdo es gracias al interés de algún fotógrafo o a fugaces registros audiovisuales, como en el caso de Cars are dead! o el de esta pintada, recuperada del olvido gracias al fascinante documental Getting it straight in Notting Hill Gate (1970), idealización pionera del barrio que inspiró a muchos hippies a mudarse a la zona, que se convirtieron así en la primera oleada gentrificado de Notting Hill (la película de 1997 provocaría la última, hasta ahora).

Alcanzamos Westbourne Park Road y la tomamos dejando a nuestra espalda el local donde estuvo el Café Rio, lugar de reunión de mafiosillos locales, escritores y artistas como el Rolling Stone Brian Jones durante los primeros 60. Giramos a la derecha en St Luke’s Road. En el número 4, que sirvió de escenario para el clásico del free cinema inglés La habitación en forma de L (1962), un pasaje nos introduce en uno de los más bellos mews del barrio que nos conduce hasta el local donde estuvo The Mangrove, club que fue epicentro del black power londinense, y que terminó cerrando por culpa del hostigamiento policial. Reconvertido ahora en una vivienda de alto standing, quién sabe si sus acaudalados inquilinos saben algo del hervidero contracultural que una vez albergó su cuarto de estar.

Paseamos por All Saints Road para llegar a Basing Street, la calle en la que se encontraban los Basing Studios, que fueron sede de Island Records y en los que grabaron, entre otros, Bob Marley, Led Zeppelin y Jethro Tull. Hoy en dia, la calle no resulta muy agradable. Los estudios están siendo convertidos en pisos de lujo (preservando la fachada, eso sí), y en la acera de enfrente se alinean apartamentos turísticos con sus cámaras de seguridad y puertas con códigos de acceso. El contraste no podría ser mayor con el grafiti que durante años decoró el muro diáfano de la esquina con Lancaster Road: «Los tigres de la ira son más sabios que los caballos del conocimiento». King Mob volvían a invocar a William Blake para producir una «cultura de la revuelta», un estado permanente de descontento y rechazo de lo establecido que permitiría generar una renovación auténtica del mundo.

La pintada, fotografiada por Roger Perry

La pintada, fotografiada por Roger Perry

Mismo edificio, en la actualidad. Fotografía: El autor

Mismo edificio, en la actualidad. Fotografía: El autor

Giramos a la izquierda por Tavistock Road y divisamos de nuevo el bullicio de Portobello Road. En esta zona de Kensington se concentraron los refugiados españoles que llegaron a Londres durante la Guerra Civil. A ellos se unirían los emigrantes económicos de los 50 y 60. Es aquí donde desde hace años está emplazado el Instituto Español y los «Hermanos García», una tienda de alimentación de productos españoles que parecen venidos de otro tiempo. Una forma de reconquista pacífica porque Portobello recibió su nombre en celebración de la captura de ese puerto caribeño durante la Guerra del Asiento (1739-48) contra España. Por eso no nos extrañamos al encontrar un bar de tapas con carteles rojigualdas en la esquina donde en mayo de 1968 King Mob estampó otro de sus grafitis más conocidos: «Todo lo que necesitas es dinamita». Un evidente juego con el «All you need is love» de los Beatles. Porque, como decían ellos mismos «es mejor ser una persona horrible que un hippy altruista y amable».

Dinamita y The Beatles

Dinamita y The Beatles

Lo único explosivo ahora son los precios. Fotografía: El autor

Lo único explosivo ahora son los precios. Fotografía: El autor

Continuamos hacia el Norte por Portobello Road y cruzamos por debajo del Westway, la autopista elevada que corta a Kensington por la mitad y que cambió por completo la fisonomía del barrio. Durante su construcción se derruyeron manzanas enteras de edificios. Se borraron las calles más pobres y sucias que sirvieron de decorado real a la fantástica Leo el último (1970) de John Boorman. La construcción del gigantesco paso a nivel produjo una oleada de protestas. Las vallas que delimitaban las obras se llenaron de grafitis contestatarios. King Mob, por supuesto, también colocó los suyos. Un de ellos fue «El cielo había muerto», una frase que, como cuentan los hermanos Wise, quería apuntar contra el colapso ecológico, pero terminó resonando más bien como un poema decadentista.

«The sky has died». Fotografía: Paul Welch

«The sky has died». Fotografía: Paul Welch

Atrás, el puente. La valla de chapa ha sido sustituida por una verja. Fotografía: El autor

Atrás, el puente. La valla de chapa ha sido sustituida por una verja. Fotografía: El autor

Fue precisamente en esa nueva Interzona, bajo el Westway y a lo largo del metro de la línea de Hammersmith and City, donde King Mob realizaría su obra catedralicia. Un enorme eslogan escrito en letras mayúsculas entre las estaciones de Westbourne Park y Ladbroke Grove que saludó a generaciones de viajeros: «Lo mismo día tras día – metro – trabajo – cena – trabajo – cena – trabajo – metro – sillón – televisión – dormir - metro - ¿Cuánto más puedes aceptar?: Uno de cada diez se vuelve loco - Uno de cada cinco sufre una crisis nerviosa». Un comentario sobre la alienación que producen el trabajo continuado, el ocio programado y el consumismo contra los que King Mob quiso que nos revolviéramos furiosamente. Miramos por la ventana del vagón en el que nos estamos alejando de Kensington buscando algún rastro de esas palabras. Nada queda nada en los muros. Pero sí vemos la torre Grenfell, erguida junto a las vías, cubierta por una enorme lona, pidiendo justicia.

El legendario y gigantesco grafiti de King Mob. Fotografía: Roger Perry

El legendario y gigantesco grafiti de King Mob. Fotografía: Roger Perry

BIBLIOGRAFÍA

 

Cooper, Sam. 2013. The Peculiar Romanticism of the English Situationists. Cambridge Quarterly, 42(1), 20-37.

Eversole, Britt. 2013. Occupy the Fun Palace. Thresholds, 41, 32-45.

Perry, Roger. 1976 (2015). The Writing in the Wall. Plain Crisp Books.

Vague, Tom. 2012. Getting it Straight in Notting Hill Gate: A West London Psychogeography Report. Bread and Circuses Publishing.

Vague, Tom. 2000. King Mob Echo: From Gordon Riots to Situationists and Sex Pistols. Dark Star.

Vague, Tom. 2000. King Mob Echo: English Section of the Situationist International. Dark Star.

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Wise, David, Stuart Wise y Mick Brandt. 2014. King Mob: A Critical Hidden History. Bread and Circuses Publishing.