Cansadas


«Nuestra historia, como mujeres y clase obrera, es la historia de unos cuerpos rotos sobre los que se practica una economía extractiva insoportable. Desde las funciones reproductivas hasta los cuidados, pasando por la inevitabilidad del peso doméstico así trabajemos en casa o pasemos diez horas fuera de ella»


                           POR ALANA PORTERO


Pasa la noche de Reyes y el día de fiesta correspondiente y nos encontramos con el año desprovisto del subidón de los buenos deseos o la fantasía de los propósitos. Como barrera mental sirve para estancar miserias. Demasiada molicie como para cargar también con su peso simbólico, está bien inventar un borrón y cuenta nueva mental que nos sirva de dique de contención. Nuestra historia, como mujeres y clase obrera, es la historia de unos cuerpos rotos sobre los que se practica una economía extractiva insoportable. Desde las funciones reproductivas hasta los cuidados, pasando por la inevitabilidad del peso doméstico así trabajemos en casa o pasemos diez horas fuera de ella.

«Del mismo modo que occidente flota sobre las osamentas de las víctimas del colonialismo, el mundo capitalista reposa sobre las espaldas combadas de las mujeres y las actividades que se nos dan por supuestas sin retribución alguna»

Pienso a menudo en la crueldad de algunas dolencias fantasma: endometriosis, fibromialgia, migraña, candidiasis recurrentes, ansiedad o estados depresivos; digo «fantasma» porque a su alrededor hay un entramado necropolítico y sanitario cuyo única labor consiste en minusvalorar las consecuencias de las mismas, despacharlas con medicaciones parche o, directamente, negarlas. Por supuesto, estas dolencias, solemos padecerlas mujeres con mayor frecuencia, a menudo como somatización de ese vaciado de energías y ruptura de nuestros cuerpos que el capitalismo y el patriarcado requieren de nosotras para funcionar. Tengan el origen que tengan, es innegable que son herramientas perfectas para ese primer paso del maltrato que es la luz de gas. Una estrategia cruel e institucionalizada para arrebatarte la confianza y culpabilizarte de tus propios males.

Concentración de empleadas de hogar en el Congreso de los Diputados contra la discriminación laboral. Fotografía: La Sexta.

Concentración de empleadas de hogar en el Congreso de los Diputados contra la discriminación laboral. Fotografía: La Sexta.

EMPEZAR POR CASA

«El anticapitalismo y la lucha obrera empiezan en casa, cambiando el modelo de producción doméstico»

Del mismo modo que occidente flota sobre las osamentas de las víctimas del colonialismo, el mundo capitalista reposa sobre las espaldas combadas de las mujeres y las actividades que se nos dan por supuestas sin retribución alguna. Esa «acumulación primitiva» posfeudal que supone los inicios de la edad moderna, que Federici puso en el mapa y vinculó al cambio de paradigma socioeconómico que acabaría siendo el germen del capitalismo. Una acumulación que pasó forzosamente por la reconversión de las mujeres libres en servidoras o alimento para la pira.

Invocaba el cambio de año como barrera mágica para poner el contador a cero, al menos en nuestras cabezas, como medida desesperada que nos proporcione la fantasía del descanso y del optimismo. A nosotras, cansadas, explotadas y enfermas, se nos deberían disculpar las concesiones al pensamiento mágico; a quienes dominan o se benefician de estas condiciones materiales —a menudo lo tenemos sentado en el sillón de casa—, convendría agitarles en la cara esta frontera temporal del año nuevo como punto y aparte en sus costumbres. Quizá es el momento de preguntar mirando a los ojos y con los brazos abiertos, en lugar de invocar a los poderes patriarcales mediante el «pero si te han dicho que no tienes nada» que exime de toda responsabilidad y lleva el sello de legitimidad oficial.

Las mujeres, aparte de muchas otras violencias, estamos esencialmente cansadas, doloridas y tristes. Nuestros cuerpos están rotos de tanto evitar que se rompan los de otros. Nuestras mentes están sobrecargadas por culpa de la eterna función de piloto automático de nuestras familias. Siempre al tanto de qué necesidades generales y específicas tiene cada uno de los miembros de nuestras casas. Siempre supervisando. Siempre con una copia de seguridad emocional y logística lista por si se estropea algo.

Fotografia: Colectivo Feministas en Movimiento

Fotografia: Colectivo Feministas en Movimiento

LA ESCUCHA ACTIVA

«La escucha activa, la asunción de responsabilidades, las disculpas, la restitución, el acompañamiento y el hacerse cargo son las acciones que podrían dinamitar casi todo lo que está montado alrededor de la cultura misógina que convierte a las mujeres en recursos»

Si nos duelen los huesos, los músculos o no podemos dormir por la noche porque la ansiedad no nos deja, o estamos cada dos por tres comprando pomadas, óvulos y cánulas porque nos come la cándida, o se nos hincha la tripa, o sangramos a destiempo, o perdemos los nervios, o nos duele de tal modo la cabeza que no queremos salir de la cama, o se nos llena la piel de erupciones, o rompemos a llorar sin motivo aparente; no estamos montando un número —por otro lado totalmente justificado—, ni llamando la atención, ni es momento de discutir nuestro estado —un día hablaremos de cómo se aprovecha el cansancio de las mujeres como momento perfecto para discutir—. La escucha activa, la asunción de responsabilidades, las disculpas, la restitución, el acompañamiento y el hacerse cargo son las acciones que podrían dinamitar casi todo lo que está montado alrededor de la cultura misógina que convierte a las mujeres en recursos. El anticapitalismo y la lucha obrera empiezan en casa, cambiando el modelo de producción doméstico. De nada sirve, compañero, que organices piquetes imposibles de cruzar si cuando vuelves a casa tienes el cuerpo de tu compañera, hermana, hija o madre roto de proporcionarte logística, apoyo y cuidados. Cuidar es revolucionario.

Feliz año nuevo.


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