Crass, secretos de estado y anarco-punk: la verdadera historia detrás del Thatchergate

Crass representa un ideal, una causa, una cruzada. Coincidiendo con la reedición corregida y ampliada de ‘Tienen una bomba. Manifiestos, Declaraciones y Arte’, recordamos cómo la banda de punk de Essex estuvo a punto de desencadenar la Tercera Guerra Mundial con una cinta de casete.


Ronald Reagan: Le pido moderación. Es absolutamente esencial o todo volará por los aires.

Margaret Thatcher: Mire, nuestros objetivos son fundamentalmente diferentes.

Ronald Reagan: ¿Por qué eliminar el Belgrano? ¿Tú lo ordenaste? Los argentinos se estaban retirando. El secretario Haig había llegado a un acuerdo.

Margaret Thatcher: ¡Argentina fue la invasora! Hemos empleado la fuerza para castigarles lo más rápido posible.

Reagan: ¡Oh, Dios, eso no está bien! 

Este breve extracto ilustra el tono acalorado de la conversación telefónica entre el presidente estadounidense Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher que se filtró a los medios de comunicación en la primavera de 1982. Dos minutos cargados de reproches y declaraciones incendiarias en relación a la Guerra de las Malvinas, en los que Thatcher parecía insinuar que el hundimiento del crucero Belgrano había sido un movimiento deliberado para impedir que prosperaran los esfuerzos diplomáticos por evitar el conflicto. Un secreto de estado que ya por entonces era de dominio público, a la espera de ser ratificado treinta años más tarde, gracias a la desclasificación de una serie de documentos oficiales del Archivo Nacional británico en los que el por entonces ministro de Defensa, John Nott, afirmaba que: «la decisión política (de atacar al buque argentino) fue tomada por un puñado de ministros, liderados por la Primera Ministra».

La conocida como Thatchergate Tape fue considerada por la CIA como un ejemplo de las estrategias de la URSS «para destruir la democracia tal como la conocemos»

Pese a las molestas interferencias y el ruido de fondo producido por la estática, el análisis técnico del Pentágono concluyó que las voces de los mandatarios eran reales. Desde Washington se apresuraron en desmentir el contenido de la grabación, alegando que se trataba de una operación propagandística encubierta. «Este tipo de calumnias se ajusta al patrón de los montajes difundidos por los servicios de inteligencia soviéticos, aunque habitualmente falsifiquen documentos en lugar de cintas», respondió Larry Semakis, subdirector del equipo de contraespionaje del Departamento de Estado, a las preguntas de los periodistas. Lo que fuera con tal de paliar el efecto dominó de los titulares sensacionalistas cuando, al otro lado de la línea, el presidente Reagan reconocía que no le temblaría la mano a la hora de pulsar el botón rojo. «Si hay un conflicto, lanzaremos misiles contra nuestros aliados para que la Unión Soviética permanezca dentro de sus fronteras». Silencio. «¿Te refieres a Alemania?», le cuestiona una incrédula Margaret Thatcher. «Si algún país pone en peligro nuestra posición, podemos decidir bombardear el área problemática y acabar así con la inestabilidad».

La cinta circuló un tiempo por Holanda en vísperas de las elecciones generales británicas de 1983, pero la prensa se mostró recelosa a la hora de publicar una exclusiva sin contrastar y enviada de forma anónima. Aunque Thatcher fue reelegida seis meses después, la conocida como Thatchergate Tape fue considerada por la CIA como un ejemplo de las estrategias de la URSS «para destruir la democracia tal como la conocemos». Sin embargo, cuando un par de años más tarde la prensa británica sacó a la luz la verdadera autoría, a nadie pareció sorprenderle que estuviera detrás cierta banda de punk inglés.

«Fue aterrador —reconoce Penny Rimbaud— ¿Un montón de bromistas anarquistas provocando una guerra mundial? Nos sentimos abrumados y eufóricos., pero no pasó mucho tiempo antes de que un reportero de The Observer  se pusiera en contacto con nosotros para preguntarnos si sabíamos algo sobre las cintas. Toda la operación se había llevado a cabo en absoluto secreto, pero de una forma u otra se las habían ingeniado para culparnos: Después de un agotador día de negociaciones, acordamos admitir nuestra responsabilidad si imprimían los detalles del turbio asunto de las Malvinas en su artículo, cosa que hicieron. Era la primera vez que se cuestionaba abiertamente la integridad de Thatcher. Pero si era verdad que las paredes escuchaban… ¿hasta qué punto estaban al tanto de nuestras actividades?».

LOS GUIÑOLES DE MARGARET THATCHER Y RONALD REAGAN EN SPITTING IMAGE (BBC, 1984)

«Era la primera vez que se cuestionaba abiertamente la integridad de Thatcher. Pero si era verdad que las paredes escuchaban… ¿hasta qué punto estaban al tanto de nuestras actividades?»

Aquellos diálogos fabricados artesanalmente mediante la técnica del “corta y pega” parecían obra de los guionistas Spitting Image, el popular programa satírico de la BBC. En uno de sus sketches más celebrados, emitido en 1984, la marioneta de Margaret Thatcher confesaba su preocupación por los sondeos tras la reelección: «Dios mío. ¡Así nunca ganaremos las próximas elecciones! ¡Necesitamos alguna forma de ganar votos!». «Sugiero una guerra rápida a principios del 87 —proponía el títere de Geoffrey Howe, mano derecha de la Dama de Hierro— Eso nos garantizaría unos cuantos». A lo que Thatcher replicaba, con una carcajada irónica: «Geoffrey, eres un completo imbécil. ¡No podemos declarar una guerra rápida solo para ganar votos!».

Para entender mejor el chiste, debemos remontarnos a octubre de 1982. Más concretamente, a la columna que Robin Eggar dedicó al How It Feels de Crass en el Daily Mirror: «Los jóvenes suelen utilizar la música rock para expresar sus protestas. Por muy desagradables que parecieran ser los Sex Pistols en 1977, sus canciones eran una advertencia escalofriante de la recesión que se avecinaba. Pero la banda anarquista Crass ha ido demasiado lejos con el lanzamiento, la semana pasada, del disco más repugnante e innecesario que jamás haya escuchado». Después de que Thatcher fuera preguntada en la Cámara de Comunes sobre si había escuchado el álbum, era inevitable que tanto ella como su partido tratasen de tomarse la revancha. El encargado de liderar la persecución contra los autores de «la canción más malvada, injuriosa y obscena grabada jamás» no fue otro que el diputado conservador Tim Eggar, a la sazón hermano del periodista indignado. Su participación en un debate radiofónico, ese mismo año, instando a que fuera perseguida bajo la Ley de Publicaciones Obscena fue tan teatral y exaltada que le convirtió en el hazmerreir de la oposición.

«No queríamos seducir a nadie. Queríamos dar información a la gente y luego que se hicieran a la idea. Y se lo poníamos difícil a propósito: si quieres algo, te lo tienes que currar»

«¿Cómo sienta ser la madre de mil muertos? —escupía Steve Ignorant sobre el rostro de Margaret Thatcher— «Les engañaste diciendo que valía la pena el sacrificio. Tus mentiras persuadieron a la gente a aceptar la sangre desperdiciada». Porque, a fin de cuentas, ¿a quién carajo le importaban las Falklands? Aquel archipiélago estratégicamente irrelevante situado en el Atlántico sur llevaba más de siglo y medio sirviendo de pasto a las ovejas. Pero frente al golpe de efecto de una dictadura militar argentina, decidida a desviar la atención del estado catastrófico de la economía con una breve y sorpresiva expedición para recuperar las Islas Malvinas antes de que se cumpliera el 150 aniversario del mandato británico, Thatcher optó por la confrontación directa. Asegurándose el primer golpe contra un crucero que navegaba fuera de la zona de exclusión que ellos mismos habían fijado. Como dice la marcha tradicional inglesa: «Britannia domina las olas, Britannia deprecia las leyes”.

«¿Cómo sienta ser la madre de mil muertos? Les engañaste diciendo que valía la pena el sacrificio. Tus mentiras persuadieron a la gente a aceptar la sangre desperdiciada»

«No queríamos seducir a nadie —continúa Rimbaud—. Queríamos dar información a la gente y luego que se hicieran a la idea. Y se lo poníamos difícil a propósito: si quieres algo, te lo tienes que currar». Detengámonos en un nuevo corte de la cinta:

Ronald Reagan: Hiciste que hundieran el Sheffield. Esos misiles que seguimos en la pantalla… Debísteis verlos también y no se lo hicisteis saber. ¿Qué esperas ganar?

Margaret Thatcher: Lo que te dije antes… “Andrew”.

Un marinero que había servido en el HMS Coventry contactó con la banda para compartir su teoría sobre el hundimiento del HMS Sheffield en las Islas Malvinas, el 4 de mayo de 1982. Un misil Exocet, disparado desde un avión argentino y detectado por los radares a 180 millas de distancia, alcanzó al destructor, fue aparentemente descartado por los oficiales del HMS Invincible. Mientras los otros barcos de la agrupación sí fueron informados sobre la trayectoria del misil y tomaron medidas defensivas, el Sheffield fue deliberadamente sacrificado para proteger al Coventry, entre cuya tripulación se encontraba el príncipe Andrés. «Dama de Hierro, con tu corazón de piedra, ansiosa de enseñar la lección que tu misma infligiste, determinaste, creaste y ordenaste —cantaba Ignorant— Fue tu decisión matar a esos jóvenes».

La casete que trajo de cabeza a la CIA y al MI5 estuvo a punto de hacer tambalear el gobierno de Thatcher, llegándose a plantear la comparecencia de la Primera Ministra en televisión para refutar la autenticidad de la cinta y lavar su imagen. Desde su gabinete la exhortaron a no hacerlo; de lo contrario implicaría aceptar como verosímil el "contenido real" de una grabación falsa.