Cuando The Beetles (y no The Beatles) desataron el caos en Madrid

Muchos acudieron aquella tarde a la plaza de toros de Las Ventas de Madrid pensando que se encontrarían con John, Paul, George y Ringo, es decir, a los ya famosísimos The Beatles, pero lo que vieron fue a un grupo de avispados imitadores que se hacían llamar The (American) Beetles. Se promocionó como la primera actuación en nuestro país de la «mundialmente famosa atracción». Sonaban casi igual que los de Liverpool y de lejos parecían ser los mismos, pero no. Eran de... Miami. Aún así, en un país poco dado a la visita de bandas internacionales, la llegada de Beetles fue todo un acontecimiento.

The Beetles

The Beetles

Sin embargo, el show, ante un público que rápidamente comprobó que estaba ante un grupo bastante aburrido, acabó con incidentes. El franquismo y su prensa inmediatamente desataron la caza del ye-yé: «Los jóvenes son los culpables», vociferaron. El gamberrismo había llegado a España para quedarse y lo hacía de la mano del... pop.

Cartel del show de The Beetles en la plaza de Las Ventas de Madrid

Cartel del show de The Beetles en la plaza de Las Ventas de Madrid

Tras las palabras de su presentador, Torrebruno (que repitió experiencia un año más tarde cuando, esta vez sí, actuaron los auténticos The Beatles), comenzaron a sonar los Beetles. El primer problema fue cuando los jóvenes desobedecieron la prohibición de invadir la arena (estaban ubicados en las gradas, mientas el grupo tocaba abajo, en el tendido). Varias decenas de ellos, los más atrevidos, a los que ABC calificó como «desaforadamente alborotadores», saltaron las vallas y corrieron frente al escenario, lo que dio lugar a la intervención de la policía, que se vio desbordada.

La Hoja del Lunes, del 14 de septiembre, se hace eco de la confusión respecto a los verdaderos The Beatles

La Hoja del Lunes, del 14 de septiembre, se hace eco de la confusión respecto a los verdaderos The Beatles

Gran parte del público estaba formado por las primeras pandillas de Madrid y, en general, había pocos fans del pop. La tensión creció. Tras el concierto, grupos de jóvenes provocaron incidentes y destrozos en el cercano metro. ABC escribió: «Fue una especie de ridícula locura colectiva, que parecía tener mucho de premeditado. Todo aquel ensordecedor pandemónium tuvo más tarde su epílogo en el metro, lejos de la acción de los agentes del orden».

La Hoja del Lunes, correspondiente al lunes 21 de septiembre de 1964

La Hoja del Lunes, correspondiente al lunes 21 de septiembre de 1964

Precisamente, el periódico Pueblo fue uno de los instigadores de la purga, decididos a condenar al pop al puro vandalismo. En el otro lado, la incansable revista Fonorama, pionera en la defensa del pop y del fan, se hizo eco de las críticas e intentó rebatirlas: «En todos los otros artículos, publicados por otros diarios o semanarios —afirmó en un número publicado inmediatamente después de los hechos—, hablan bien claramente de un solo vagón del metro y no completa­mente destrozado, y vagones, como indican en su repor­taje... ¿reportaje?, bueno si eso es un reportaje... Por favor, sigan leyendo y podrán leer las declaraciones de esa muchachita con pantalones vaqueros, blusa negra y pelo des­melenado. Ella les quiere hacer unas declaraciones. Por nuestra parte solo queremos añadir que cuando la mala fe se adueña de una persona y esta persona es, además, un periodista se pueden desvirtuar, de muchas maneras, la verdad de los hechos».

Fonorama comparó hábilmente la mentalidad hooligan y el fervor futbolero con los shows de la nueva música: «Tengan todos muy presente que la mayoría están criticando algo que no comprenden porque no lo sien­ten. ¿Porqué un aficionado al fútbol se emociona y grita a su equipo favorito, y si alguien pretende llevarle la con­traria en sus ideas se enzarza con él en una batalla campal, que siempre acaba mal?, precisamente porque lo siente. Igual nos pasa a los jóvenes, la música es la expresión pura de nuestro espíritu, aunque esta música lleve un ritmo que no todos pueden seguir. Nunca se me ocurrirá a mí criticar una función de opera, y querré tirar por el suelo a obras maestras de la zarzuela española; nunca lo haría, ¿que por qué? Muy fácil: porque la desconozco, es algo que no me llega, pero el hecho de que —por ejemplo— no nos guste, no quiere decir que sea mala. Debemos respetar los gustos de los demás. El libro de los gustos está en blanco, no lo olviden».

«Desaforadamente alborotadores». Primera página de la crónica del show en ABC (20 de septiembre de 1964)

«Desaforadamente alborotadores». Primera página de la crónica del show en ABC (20 de septiembre de 1964)

Al parecer, uno de los pandilleros más celebres era un tal «Bola», que rápidamente fue señalado por la prensa como el líder de la turba. Fonorama, igualmente, salió en su defensa e incluso lo entrevistó, desmintiendo todas las acusaciones:

«Muchos conocen al “Bola” —se le achacan muchos crímenes, atracos y no sabemos cuántas cosas más—, pero en realidad Eduardo —que este es su nombre— es un chico tranquilo, muy moderno eso sí, pero que no es capaz ni de matar a un mosquito. Su gran afición es la música mo­derna y no desde ahora precisamente. Su afición es desde que grandes voces como Chuck Berry, Gene Vincent, Eddie Cochran, Buddy Holly, Little Richard y otros dieron impulso al “rock”, como han vuelto a hacer ahora Los Beatles.

—Dinos Eduardo, ¿qué opinión sacaste, en general del espectáculo?

—Los chicos tocaban bien, desde luego, peor que los Beatles, pero a veces llegaron a emocionarme. En cuanto al público, lo encontré muy incorrecto, más diría yo, mal educado. Gritaban por gritar, y de música ni idea.

—¿Qué conclusiones sacas de la lectura de los distintos diarios y semanarios, a raíz de este espectáculo?

—Que nos tienen mucha rabia, en especial Pueblo. No acabo de comprender qué le habremos hecho, atacan por igual a todos los jóvenes y a nuestra música de una manera injustificada».

«Ha sido gamberrismo en grandes proporciones». Segunda página de la crónica del show en ABC (20 de septiembre de 1964)

«Ha sido gamberrismo en grandes proporciones». Segunda página de la crónica del show en ABC (20 de septiembre de 1964)

Y no solo eso. Pueblo habló de una muchacha en pantalones vaqueros, blusa negra y pelo desmelenado que arrastró tras de sí a trescientos chicos enloquecidos. Fonorama entrevistó a esta chica, llamada Isabel Rodríguez López:

«—Dinos Isabel, ¿es verdad que arrastraste tras de ti a 200 o 300 muchachos?

—Mentira podrida, éramos solo cinco o seis amigos que no molestamos a nadie, y que, al terminar el espectáculo, nos fuimos a nuestras casas. La mía muy cerca de allí, sin alborotar ni nada.

—¿Llegó alguien a insultarte?

—Sí. No recuerdo quién, me llamó “Macho pirulo».

—O sea, que no todos los groseros estaban en el público. ¿Tienes algo que te gustaría decir?

—Sí, que no hay derecho que nos quieran tomar el pelo de esa manera, y que se ensañen con nosotros, somos tan personas como las demás, y nadie es quién para pretender juzgarnos.

—Gracias, Isabel.

Poco más nos queda que añadir a todo lo antedicho, solo algo queremos hacer constar. Por favor, señores, sean quienes sean, no confundan a los jóvenes con pelo más o menos largo con la “homosexua­lidad”, no tiene nada que ver una cosa con la otra. No se puede insultar a ninguna persona, aunque esta persona sea un joven, por el solo hecho de gustarle llevar el pelo largo, cada cual tiene sus preferencias personales, y nadie, NADIE es quién para meterse, convertirse diríamos mejor, en juez de nadie. Es ya hora de que se den cuenta nuestros mayores de que somos personas como las otras y tenemos, como todos, nuestros propios derechos, y nadie puede pre­tender quitárnoslo por perjuicios tontos».