Pandillas, ruido y mucho caos: The Kinks en... Tirso de Molina

En 1966, los rudos The Kinks actuaron en un local de la madrileña plaza de Tirso de Molina. El show acabó con incidentes protagonizados por pandillas y con una agresión a Ray Davies

Llegaron con no demasiada publicidad para lo que eran entonces. Vetados en su país y protagonistas de peleas y tumultos en sus shows, llegaron sin demasiada pompa, a pesar de ser recibidos en el aeropuerto por algunos seguidores y las redactoras de la revista Fans. The Kinks, en pleno auge de la pujante escena rockera y yeyé de Madrid, que había vivido el año anterior la visita de The Beatles (y un año antes la de The Beetles, sus imitadores, que acabó con incidentes), parecía una apuesta segura para sus promotores. Era la primera visita del grupo a España y aún la recuerdan Ray Davies y los suyos, siempre rodeados de una fama de gamberros y rudos: fueron estafados, agredidos, detenidos y boicoteados. Y todo ello comenzó en un local de conciertos y espectáculos de variedades, con mal sonido y escasa infraestructura para algo así, situado en la plaza de Tirso de Molina.

 The Kinks en 1965

The Kinks en 1965

En enero de 1966, la prensa española empezó a publicar algunas noticias en las que se decía que The Kinks podrían actuar en nuestro país, algo que finalmente sucedió un domingo por la tarde del 13 de junio en El Palladium de Cristal, también conocido como Yulia, en el número 1 de la plaza Tirso de Molina de Madrid (donde actualmente está en obras un gigantesco edificio comercial que hace esquina, al lado del supermercado Lidl), que se publicitaba como «la sala que está más de moda porque siempre hay ambiente».

 Entrada para The Kinks en Yulia, junio de 1966

Entrada para The Kinks en Yulia, junio de 1966

«No se llenó el local, pero acudieron decenas de gamberros pertenecientes a bandas del extrarradio y dispuestos a boicotear a The Kinks, algo que fue difuminándose con los primeros acordes de “You really got me”»

La tarde empezó mal. Los promotores protestaron al ver que acudían sin su bajista Pete Quaife. Tampoco tenían equipo. Llegaron de Londres con lo puesto y planeando tocar tomando prestado el equipo de los teloneros. Es aquí donde surgen distintas versiones. La primera, las razones de lo que sucedió luego y que durante años airearon The Kinks para no venir a tocar nuevamente: fueron estafados por los promotores, que al parecer aprovecharon este cambio de formación para no pagar a la banda las 10.000 libras de su caché. O puede que nada de eso sucediera, y el ambiente se caldease por lo que vino a continuación. La segunda de las versiones es sobre las bandas teloneras. Hay quien asegura que fueron Los Silver’s, una banda dura, de rock and roll crudo y con seguidores entre los pandilleros de Madrid, y Micky y los Tonys, con fama de bronquistas. Otros sostienen (existe una fotografía que parece confirmarlo) que quienes abrieron la velada fueron Los Botines, con Camilo Sesto al frente, junto a Only Us. No se llenó el local, pero acudieron decenas de gamberros pertenecientes a bandas del extrarradio y dispuestos a boicotear a The Kinks, algo que fue difuminándose con los primeros acordes de «You really got me». Sonaron el clásico «Louie Louie» o versiones de Little Richard, entre otras. Y luego… el caos. Hubo chillidos, silbidos y gente subida al escenario, invadiéndolo, mientras la seguridad del local se veía desbordada. El sonido era pésimo. El músico Salvador Domínguez describe el principio del fin de aquella memorable actuación de esta manera: «Cuando por fin todo parecía ir como la seda, con Mick Avory atizando mandobles a la caja de su batería, Ray Davies hurgó en su nariz, se sacó un moco y se le ocurrió hacer el ademán de lanzarlo al público. El resto fue visto y no visto. En un instante, El Panocha, jefe de una agresiva banda de pandilleros que merodeaban por el concierto, le estampaba una mesa en toda la boca al guarro de Ray y se armaba la de Troya».

 Actual número 1 de la plaza de Tirso de Molina. Antiguo Yulia

Actual número 1 de la plaza de Tirso de Molina. Antiguo Yulia

 El público enloquecido durante su actuación en Yulia. Fotografía:  Fonorama

El público enloquecido durante su actuación en Yulia. Fotografía: Fonorama

La banda se quedó tres días en Madrid, visitando lugares como el Museo del Prado, donde fue fotografiada. Incluso alguno de ellos fue detenido por pisar y echarse en el césped de la plaza de España. Al terminar la noche del show, acabaron en un local de flamenco hasta muy avanzada la madrugada.

 The Kinks en la Plaza de España de Madrid (1966)

The Kinks en la Plaza de España de Madrid (1966)

 Reportaje en  Discóbolo.  The Kinks en el Museo del Prado

Reportaje en Discóbolo. The Kinks en el Museo del Prado

Fonorama, la mejor y más auténtica revista teenager de la época, hizo una crónica del concierto, lo mismo que Discóbolo, que publicó las fotos en el Prado. Y también Fans en su número 57, del 27 de junio de 1966, que llevaba los siguientes resaltados en el artículo:

LOS KINKS

—Sufrieron un accidente al salir de Londres

—Dave es un arco iris ambulante

—Besos, lágrimas y frenesí a cargo de sus fans

—Son maravillosos. Mucho mejor que Los Beatles

—Ray tiene los nervios hechos migas

«Hubo un momento en que no se sabía quiénes tocaban los instrumentos. Al fondo, algunos bailaban frenéticos. Otros cantaban acompañando al conjunto, las sillas comenzaron a retirarse peligrosamente»

Fans, igualmente, recoge algunos incidentes con sillas, pero no confirma la agresión. Su crónica, sin embargo, es maravillosa: «Los gritos comenzaron antes de que tocasen ni una sola nota. A no ser un estruendoso pitido que salía de los amplificadores. Tres minutos transcurrieron en una sinfonía de ruido de amplificadores y gritos del público joven, jovencísimo. Por fin, comenzaron: “You really got me”. De los gritos se fue al llanto. Varias jovencitas, excitadas de dicha, lloraban a lágrima viva, otras saltaron al escenario y besaron en la mejilla a Dave, otras le tiraban del pelo, de la camisa rosa. “De día y de noche”, los llevó al paroxismo. Una enterada jovencita decía: “Son maravillosos. Mucho mejor que Los Beatles, que ya se han pasado casi a lo folclórico”. Estos no, son trepidantes... y cuando pasan a lo lento, consiguen un efecto sensacional. Pero el efecto más que maravilloso, fue delirante. Poco a poco el público rodeaba el conjunto. Hubo un momento en que no se sabía quiénes tocaban los instrumentos. Al fondo, algunos bailaban frenéticos. Otros cantaban acompañando al conjunto, las sillas comenzaron a retirarse peligrosamente. Pero todo acabó tranquilamente, un poco perseguidos por las “fans”, un poco tristes las jóvenes caras, un silencio que ya nos parecía extraño». Seguidamente, publica una entrevista muy loca con la banda donde destaca una pregunta y una respuesta que están llamadas a la posteridad en la historia del pop:

— ¿Qué opinan de la llamada canción de protesta?

— Si se hace en serio, si se toma en serio, estamos de acuerdo. Pero solo con este requisito de la seriedad. Mire, hay una de este tipo muy seria: «Blue suede shoes».