«La profecía de la sangrienta y satánica revolución socialista»

Marx y Lenin subidos en una tribuna y con corpse paint. Estamos rendidos ante los argentinos Profecium y su disco Socialismo satánico, la primera banda de black metal anticapitalista.

Ya habían llegado las noticias de la fiebre black metalera y pirómana noruega a manos del Inner Circle, el séquito de fans y músicos de la primera generación de bandas black metal que acabó en iglesias ardiendo, enfrentamientos entre antiguos amigos y algún que otro asesinato. El black metal, a mediados de los noventa, gozaba de una nefasta buena / mala fama. Al tiempo que se hablaba de supuestas conexiones del movimiento con la ultraderecha, se publicó lo que fueel primer disco de un grupo black metal que era decididamente revolucionario, que abogaba por colectivizaciones, la lucha de clases, el socialismo.

Profecium

Profecium

No había duda alguna. Socialismo Satánico (1997), segundo trabajo de los argentinos Profecium, comenzaba con un extenso discurso que hablaba de «satánica propuesta», con un lenguaje claramente marxista y que se titulaba «Declaración de principios». Los protagonistas de este levantamiento sería la «clase obrerar infernal». El disco, aunque pasó casi desapercibido, fue pionero en el «Red and Anarchist Black Metal». Porque el black metal también puede lucir una bandera roja o negra, y eso lo demostraron años más tarde, en el 2013, cuando publicaron La victoria final de la hoz y el martillo, un disco que casi parecía el final de algo que comenzaron con su primer trabajo, titulado sencillamente Satanás, al que luego llegaron por todos lados puños alzados, Marx y Lenin subidos en una tribuna y con corpse paint.

Profecium y su «satánica revolución socialista»

Profecium y su «satánica revolución socialista»

«Damos nuestra muerte en el cumplimiento por la profecía de la sangrienta y satánica revolución socialista, que concluya e implante una república obrera basada en organismos de democracia directa de la clase obrera y de los pobres urbanos y del campo, incluyéndonos como marginales dementes, combatiendo por expandir la revolución socialista en todo el mundo, empalando a cuanto explotador se nos cruce en el camino de nuestra venganza.

La santa burguesía y proletariado infernal tienen intereses totalmente opuestos. Es por eso que la única estrategia realista es la guerra de clases contra el enemigo. Luchamos por la independencia de la clase obrera de toda variante patronal y del estado evangelista burgués.

Luchamos por recuperar nuevamente nuestros organismos, como comisiones internas y los cuerpos de delegados.

Mutilemos la cristiana burocracia sindical, los delegados deben responder a los torturados trabajadores y no a los sagrados intereses de los burócratas. Para los heavys indígenas revolucionarios lo único sagrado es el satánico derecho de los explotados a levantarse contra los explotadores.

Solo organismos de masas en batalla, organizados alrededor de las unidades de producción con delegados donde estén representados todos los sectores cogidos, oprimidos y explotados por el dios capital, podrá la clase obrera dar el aguante, acaudillar y dirigir a las masas satanizadas contra el conjunto del sistema enemigo.

Peleamos por recuperar las tradiciones del movimiento obrero donde la solidaridad, el respeto a las decisiones de las asambleas, los fondos obreros intocables y la defensa de los presos obreros, eran su fin.

Hay millones de trabajadores con 12 o 14 horas dejando la vida en el paraíso de las fábricas para que los santos patrones sigan enriqueciendo sus arcas mediante sus leyes esclavistas.

Mientras millones piden un trabajo, un trozo de pan para sus hijos.

Que se pudran...

¡Trabajo para todos!

6 horas de trabajo con un salario igual a la canasta familiar...

¿Cómo que no hay plata?

¡Hijos de un millón de fachos!

¡Mierda! Allí están los millones que nos roban succionando hasta las tripas con la deuda externa. Que la farsa de la crisis la pague el reino de dios, el Banco Mundial, la patronal y el cristiano Fondo Monetario Internacional. Ningún pacto con el imperialismo. Sabemos que la mayoría de los trabajadores no acuerdan aún con nuestra satánica propuesta y que guardan ilusiones en esta democracia para ricos basada en la supuesta igualdad y sus rameras vírgenes. Es necesario dar respuestas a las sectores obreros y populares levantando un programa bastardo de demandas democráticas, llamando a luchar por ella, autoorganizandose frente a los ataques que el gran dios capital se ve obligado hacer contra el más mínimo derecho de los trabajadores y de la juventud. No hacerlo sería un error mortal, ya que corre el peligro de que se la ganen las católicas direcciones burguesas que siempre intentan desviar el ascenso del obrero infernal, engañándolos mediante los mecanismos imperiales de la dictadura del capitalismo. Es por eso que necesitamos una brutal y demoniaca organización satánica, un partido que eduque dementes consientes capaces de formar verdaderos y maliciosos estrategas de la clase obrera infernal.

Para avanzar, hacemos un llamamiento a poner en pie un movimiento por un nuevo partido de trabajadores revolucionarios. Los trabajadores no tenemos fronteras, solo cadenas que destruir. Clamamos por la sangrienta y satánica revolución socialista mundial, para aniquilar este sistema imperialista responsable de todas las cristiandades que hoy sacuden a esta repodrida humanidad, el hambre, la miseria, la desocupación, la guerra.

Siendo así este bestiario movimiento está por la reconstrucción de un partido mundial de la revolución social»