El culo de Nicholas Ray en Madrid y su musa Mari Trini


El famoso director de cine abrió el Nikka’s (en realidad el «Nick Ass»), donde actuaron las primeras bandas de rock and roll o una jovencísima Mari Trini vestida de cuero negro y a la que llevó a Londres, o Dizzie Gillespie

El gran Moncho Alpuente, en un hermoso artículo publicado en El País a mediados de 1985, narraba lo que era casi una confabulación secreta, un aventura que funcionó bajo tierra: «Antes de que las almenas de Torres Blancas le dieran al barrio vocación de Manhattan ya se reunían los modernos en esta zona primero en el Nica’s, de Nicholas Ray, y luego en Picadilly y Rock-Ola. Encima de estos locales nocturnos, en la calle del Padre Xifré coincidieron en los años sesenta los directores del nuevo cine español y sus prometedoras actrices, en estos apartamentos se fraguaron grandiosos guiones y apasionantes romances, confabulaciones, manifiestos y líos de drogas. Este era entonces un terreno marginal. Zona de nadie, descampado y límite junto a la pista de Barajas, parecía como si, deseosos de huir de la ciudad algunos de sus hijos más inquietos, se apelotonaran en la vía del aeropuerto para darse fuerzas ante la recta final. La avenida de América era la primera etapa en un viaje que prometía el éxito y la fama a los audaces».

James Dean junto a Nicholas Ray durante el rodaje de Rebelde sin causa. Fotografía: Dennis Stock, 1955

James Dean junto a Nicholas Ray durante el rodaje de Rebelde sin causa. Fotografía: Dennis Stock, 1955

«Nikka’s era, en realidad, “Nick Ass”, el culo de Nicholas Ray, que poco antes había puesto el nombre de Nikka a su segunda hija con Betty Utey»

Luego, las referencias a un Nicholas Ray vecino de Madrid, paseando de aquí a allá, enamorado de la noche y lo que esta traía, aparecieron en varios libros y revistas. El Nikka’s (que Alpuente escribe como «Nica’s»), el mítico local que abrió bajo su auspicio y dirección en María de Molina esquina con Cartagena, junto a las Torres Blancas, sirvió también para teñir otra de esas historias ocultas, pero no del mundo del cine sino del primer rock and roll: «En las sombras de Nica’s se formaron los primeros grupos de rock madrileños, y hay quien afirma que vio cantar y bailar estos ritmos foráneos al mismísimo Camilo Sesto con flequillo y botines». Podías comer algo y ver a una nada en directo, incluso a alguien como el músico de jazz Dizzie Gillespie o a Los Brincos. El nombre reflejaba la mala leche y el humor de Ray, que cada noche se dejaba caer por el club. Nikka’s era, en realidad, «Nick Ass», el culo de Nicholas Ray, que poco antes había puesto el nombre de Nikka a su segunda hija con Betty Utey.

Dennis Hopper y Nicholas Ray en 1971. Fotografía: Mark Goldstein

Dennis Hopper y Nicholas Ray en 1971. Fotografía: Mark Goldstein

Ray llega a España con motivo del rodaje de 50 días de Pekín (Diario de Zamora, 27 de abril de 1962)

Ray llega a España con motivo del rodaje de 50 días de Pekín (Diario de Zamora, 27 de abril de 1962)

 

Su amiga Ava Gardner, otra «madrileña»


Ava Gardner, Nicholas Ray (en la época en que vivía en Madrid) y Charlton Heston durante el rodaje de 55 días en Pekin. Fotografía de Dennis Stock

Ava Gardner, Nicholas Ray (en la época en que vivía en Madrid) y Charlton Heston durante el rodaje de 55 días en Pekin. Fotografía de Dennis Stock

El origen fue su película Rey de Reyes, una cinta que curiosamente, y sin que sepamos la razón exacta, fue un éxito únicamente en nuestro país. A finales de 1959, Ray y su segunda mujer, la bailarina Betty Utey, alquilaron una casa en La Moraleja, muy cerca de donde vivía Ava Gardner, que vivió en España durante un tiempo hasta que se hartó e hizo las maletas, más o menos cuando hizo lo propio Ray. Su vida era convulsa: afectado por el paso de los años (ya no era un chaval, ni mucho menos) y adicto a toda clase de sustancias, además del juego. Luego, lo que vino a continuación, fueron malos augurios, rencillas y malas críticas entre productores y periodistas. Había abandonado los proyectos más comerciales y comenzaba a beber. Iba camino de su propia paulatina destrucción. Ya no miraba a Estados Unidos, sino a Europa, a los directores independientes y las películas de autor. Y un ingreso hospitalario por un problema de salud. Lo ingresaron en el Hospital Angloamericano, llevado por los militares de Torrejón, que por entonces hacían la vista gorda con músicos de rock and roll madrileños, dejándoles entrar y aprovisionarse de discos en las tiendas de la base, o incluso tocando para ellos.

Nicholas Ray en 1968. Fotografiado por Bruno Barbey

Nicholas Ray en 1968. Fotografiado por Bruno Barbey

Una musa llamada Mari Trini


«Era una chica aguerrida y sorprendente. Fumaba cigarros negros y amaba la Formula 1»

El local era un descontrol. Tocaba quien le venía en gana, siempre y cuando a Ray le llamase la atención, como una jovencísima Mari Trini vestida de cuero negro, jersey de cuello alto, melena rubia y guitarra en mano, a quien quiso convertir en una heroína del pop y el beat. Era una adolescente, apenas 15 años. Mari Trini estaba conectada con el incipiente mundo pop de la capital. Cuando Ray la conoció le pareció un diamante en bruto. Cantaba versiones de Brenda Lee o The Everly Brothers. Ray, creyendo que podía convertirse en una famosa cantante pop, la llevó de su mano a Londres, donde le presentó a Peter Ustinov, actuó en un programa de la BBC y conoció a Paul McCartney. También, por consejo de Ray, comenzó a estudiar teatro. Fueron sus primeros coqueteos con la bohemia. Más tarde, se trasladó y actuó en París, donde grabó dos discos y se hizo amiga de Jacques Brel (de quien cantó y grabó alguno de sus éxitos) y conoció a Édith Piaf. Era una chica aguerrida y sorprendente. Fumaba cigarros negros y amaba la Formula 1.

Artículo sobre la relación de Ray con Mari Trini (La Gaceta Ilustrada, febrero de 1965)

Artículo sobre la relación de Ray con Mari Trini (La Gaceta Ilustrada, febrero de 1965)

La cantante durante su etapa francesa

La cantante durante su etapa francesa

Ray dirigió el Nikka’s durante un par de años, tras lo cual el encargado fue su sobrino, que lo convenció para cambiarle el nombre y, en su lugar, abrir el Sum-Sum, un restaurante, pero su aspecto y nueva clientela desdibujaron aquel hermoso retrato del culo de Ray en un Madrid que buscaba, sin conseguirlo, su ritmo. Ray, incansable en su pasión nocturna y alcohólica, abrió otro garito, un piano bar convertido más tarde en un club llamado Tosca hasta que se trasladó a París.