Paseo psicogeográfico, realizado la tarde del sábado 12 de abril de 2014, y organizado por La Felguera Editores con motivo de la publicación de Ángeles Fósiles, de Alan Moore (La Felguera Editores, 2014 ).

 
La calle montera a comienzos del siglo XX

La calle montera a comienzos del siglo XX

 RECORRIDO:

 Introducción (Oso y Madroño. Puerta del Sol)

Atentado contra José Canalejas

La Inquisición toma cartas en el asunto

Espiritismo

Espiritistas y anarquistas

Valle-Inclán, la taberna del Pica Lagartos y los conciertos fantasmagóricos de Koons

El ruso Glinka y los disturbios en sus conciertos

El Café Esmeralda y la bohemia

El Ateneo de Madrid: anarquía filosófica

Los almacenes Arias y el eterno fuego

Una iglesia en llamas

El mural de From Hell: Dr. Gull atravesando Montera

 

INTRODUCCIÓN

Alan Moore, en la época en que escribió From Hell, su obra maestra, descubrió un elemento que desde entonces lo ha acompañado en su obra y en su propia visión del mundo: la psicogeografía, una forma de organizar, comprender y relacionarse con el entorno en función de las emociones o, lo que es lo mismo, el estudio de los efectos del medio geográfico al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos. A pesar de que la psicogeografía se creó y desarrolló a finales de la década de los cincuenta y comienzos de los sesenta del siglo pasado de la mano de la Internacional Situacionista, Alan Moore la ha asimilado a partir de Ian Sinclair, un psicogeógrafo y escritor inglés con quien entró en contacto más o menos por aquel tiempo. Desde entonces,  la psicogeografía ha estado presente en todo su trabajo. Cuando esto sucede, Northampton, la anodina y gris ciudad donde vive, se convierte en la capital del mundo, un lugar mágico donde se funden pasado y presente; cada calle o plaza, los hombres que una vez la habitaron o las gestas y crímenes que acontecieron, vuelven a invocarse, a aparecerse: «Al entender Northampton, entiendo el resto del mundo. Para entender el universo, intenta entender la calle dónde vives».

Hoy, nuestro objetivo, es redescubrir la calle Montera, convertirla en la capital del mundo.

ATENTADO CONTRA JOSÉ CANALEJAS

El presidente del Consejo de Ministros y líder del Partido Liberal José Canalejas fue atacado en la mañana de ese día mientras miraba los libros expuestos en el escaparate de la Librería San Martín (tenía por costumbre, cada mañana, parar ante el escaparate de la librería). A las once y veinte, mientras contemplaba un mapa de la Primera Guerra de los Balcanes en plena ebullición entonces, a escasos pasos de la esquina de la Puerta del Sol (actual número 6) con la calle Carretas en pleno centro de Madrid, un hombre se le acercó por la espalda.

José canalejas

José canalejas


El agresor, Manuel Pardiñas, que no figuraba en el registro policial de los anarquistas fichados, le disparó tres tiros por la espalda. Instantes después fue reducido por un policía a golpes de porra y, al sentirse acorralado, se suicidó disparándose dos disparos con la misma pistola del atentado. Canalejas murió antes de llegar a la sede del Ministerio de la Gobernación donde fue trasladado.

Manuel pardiñas

Manuel pardiñas

Francisco Franco publicó, bajo el seudónimo de Jakim Boor, el libro Masonería donde acusó a la masonería de haber asesinado a Canalejas para vengarse de su alzamiento.

La masonería no interviene en la fundación de la calle Montera, pero sí la Inquisición.

 

LA INQUISICIÓN TOMA CARTAS EN EL ASUNTO

Es la Montera una calle empinada que nace en Sol y muere en la Gran Vía, uniendo dos de los ejes principales que marcan el ritmo de la ciudad. En la actualidad es frecuentada por mujeres de «mal vivir» que ejercen el oficio más antiguo del mundo. Queremos conocer hoy el origen de su nombre, que se remonta al S. XVI y procede de una leyenda protagonizada por una mujer. Se trata de una joven viuda de un montero mayor del rey que compró una vivienda al final de esta calle. Según esta vieja historia, a la bella dama le gustaba lucirse en público resaltando su figura, lo que provocaba que los galanes de la Corte se disputaran sus favores. Todas las noches, bajo su balcón, se protagonizaban distintos desafíos entre hombres que intentaban cortejarla. Allí se daban cita caballeros, alguaciles para poner orden y curas para dar la absolución in extremis. El caso llegó a oídos de la Inquisición, quien decidió intervenir personándose en el lugar de los hechos para leer un edicto dirigido hacia las personas que «dieran ocasión a muertes violentas tras pretensiones lascivas». El Santo Oficio llegó a enviar una carta a la mujer, amenazándola con serias consecuencias para su persona. Tanto insistió que la joven decidió marcharse para siempre de la Corte. A pesar de ello, su estancia en la villa no se olvidó porque aquella calle fue bautizada con el sobrenombre con que era conocida, «La Montera».

La puerta del sol está cargada de energías. No olvidemos que no sólo es el lugar en que asesinaron a Canalejas, sino también donde en 1808 se produjo la cruenta muerte de cientos de franceses a manos de los madrileños. Toda la energía de la destrucción que emerge de la Puerta del Sol es posible que nos conduzca a este otro lugar.

 

ESPIRITISMO

Canalejas tenía una prima hermana llamada Leonor Canalejas, que era escritora de relatos espiritas. Si quisiera conjurar el espíritu de José Canalejas es posible que hubiera acudido aquí, a un sitio como este, el local y centro espírita que subsiste en los números 10-12 de la calle bajo el nombre de Centro de Estudios y Divulgación Espírita (CEYDE), fundado en 1977, al calor de las doctrinas espiritas de Alan Kardec, su teórico contemporáneo más célebre.

Desde el principio, Allan Kardec afirmó «que los Espíritus, siendo simplemente las almas de los hombres, no tienen ni conocimiento supremo ni sabiduría suprema; que su inteligencia depende del progreso que hayan hecho y que su opinión no es más que una opinión personal», por lo que «no se debe dar ciegamente crédito a todo lo que dicen los Espíritus». A lo largo de sus escritos habla de espíritus superiores e inferiores: «Encuéntranse en el mundo de los Espíritus, como en la tierra, todos los géneros de perversidad y todos los grados de superioridad intelectual y moral: espíritus buenos y malos, espíritus menores, espíritus malvados y rebeldes, espíritus errantes, espíritus vulgares y espíritus mentirosos que usurpan a menudo nombres conocidos y venerados y dicen haber sido Sócrates, Julio César, Carlomagno, Fenelón, Napoleón, Washington, etc.»

 

ESPIRITISTAS Y ANARQUISTAS

Precisamente, los anarquistas habían estado en contacto con las sociedades espiritistas desde finales del siglo XIX. En Madrid, las primeras asociaciones espiritas surgen a finales del siglo XIX y, en algunos casos, muy pronto se unen al movimiento obrero y, más concretamente, a los anarquistas. Hubo actos en los que coincidían anarquistas y espiritistas; ambos compartían una nueva sociedad, utópica, una terrenal y otra no terrenal, donde serían abolidos los privilegios de clase o de género. No sabemos si Manuel Pardiñas, el anarquista que atentó contra Canalejas, se sintió atraído por el espiritismo. Pero el espiritismo no sólo atrajo a los anarquistas.

 

VALLE-INCLÁN, LA TABERNA DEL PICA LARGARTOS Y LOS CONCIERTOS FANTASMAGÓRICOS DE KOONS

En 1920 el escritor Valle-Inclán fijó una escena de su obra Luces de Bohemia en la calle Montera, lugar donde se encuentra la taberna Pica Lagartos. La sitúa en la calle Montera esquina con la Puerta del Sol, en el corazón de nuestro paseo. Valle-Inclán, igualmente, se interesó por las corrientes esotéricas. El interés que tenía Valle-Inclán por los temas esotéricos está bien documentado, no solamente en sus trabajos literarios sino también en las propias declaraciones del escritor. Gustavo Umpierre, en su artículo «Ocultismo y Alegoría en La Marquesa Rosalinda de Valle-Inclán» señala que la base metafísica del simbolismo es el ocultismo, y el simbolismo es algo que está arraigado en la obra de Valle-Inclán. Como también señala Umpierre, la mención de figuras relacionadas con el mundo del ocultismo, como Hermes Trismegisto, Paracelso, Swedenborg o Blavatsky, son mencionados en muchas de las obras de Valle-Inclán, por ejemplo en La lámpara maravillosa y en Luces de Bohemia. Este es uno de los ejemplos de la gran tradición y simpatía que despertaba el mundo esotérico en numerosos intelectuales. 

valle-inclán

valle-inclán

Uno de nuestros precursores del espiritismo preferidos es Koons. En 1852, Koons, un granjero de Ohio, comenzó a interesarse por el espiritismo y a indagar en el método para poder comunicarse con los muertos. Poco a poco fue aprendiendo técnicas y viviendo diversas experiencias asombrosas. Cuando Koons entraba en trance, se daban cita un sinfín de espíritus con diversas identidades. Y no solo eso. Una vez que la comunicación se establecía (ojos cerrados, escritura automática, recitales aparentemente sin sentido alguno, levitaciones de todo tipo...), recibía encargos de lo más extraños.

En una ocasión, uno de aquellos seres le ordenó construir una habitación especial destinada a la comunicación espiritista. Koons, sobrecogido, le obedeció y hasta fue más allá de sus instrucciones iniciales, construyendo un adosado junto a su casa. El habitáculo estaba hecho con troncos y era minúsculo (cinco metros de largo por tres y medio de ancho); en su interior, repartió una serie de instrumentos musicales; también lo decoró con campanas que colgaban del techo o platos de cobre en forma de pájaros. En poco tiempo, comenzaron a multiplicarse las espeluznantes sesiones, hasta que numerosos vecinos, atraídos por lo que se decía de Koons (una especie de intermediario con las fuerzas invisibles y la divinidad), hicieron cola a su puerta. No estaba solo. Cada uno de sus ocho hijos poseía supuestas dotes de médium y solían asistirlo en las sesiones.

instrumento utilizado por koons

instrumento utilizado por koons

Lo que el público presenciaba era más o menos lo siguiente: Koons, una vez que apagaba todas las luces y la angosta casita quedaba sumida en la más absoluta oscuridad, tocaba su violín y a su alrededor todo parecía cobrar vida. De pronto, y sin hallar explicación alguna, aparecían ante los ojos de los atónitos lugareños otros instrumentos musicales que se unían a extraña pieza hasta crear una gran cacofonía. También flotaban objetos o una pandereta atravesaba rápidamente el habitáculo (en varias ocasiones, algunos vecinos aseguraron distinguir manos sujetando los instrumentos que permanecían suspendidos en el aire). En uno de estos «conciertos», los espíritus llegaron a ser, nada más y nada menos, que ciento sesenta y cinco seres.

Alvis y Quintella Koons Taylor

Alvis y Quintella Koons Taylor

Sus conciertos eran auténticas cacofonías, pero no llegaban a causar disturbios entre el sorprendido público. Glinka sí lo logró.

 

EL RUSO GLINKA Y LOS DISTURBIOS EN SUS CONCIERTOS

Fue el artífice auténticas trifulcas en los teatros rusos con su obra La vida por el zar. En medio de la calle Montera, seguidamente al local espirita, encontramos una placa que lo recuerda. Hubieron disturbios durante el estreno como homenaje al zar Nicolás I, que había asistido al ensayo general del mismo. La causa de la algarada, al menos la más evidente, fue el patriotismo de un libreto que narra el hecho histórico de la autoinmolación del campesino Ivan Susanin para impedir que el enemigo ejército polaco abortara la coronación del joven zar Miguel I y la restitución de la soberanía rusa. Frases como «Dios escogió a nuestro zar, dios le protegerá del enemigo», entonadas fuera de contexto en la emotiva «aria de Vanya» del cuarto acto, o la apoteosis final, momento épico en que el coro al completo celebra la coronación del primer Romanov exclamando «¡Gloria a nuestro zar ruso, nuestro zar soberano enviado de dios!» encajaban a la perfección en un nacionalismo oficial en plena vigencia.

glinka

glinka

Por otra parte, la representación de los polacos como poderosos enemigos del pueblo ruso, agentes secretos y conspiradores, no podía sino constituir una forma muy efectiva de excitar los bajos instintos políticos de un público predispuesto en contra del independentismo polaco reprimido brutalmente tan sólo unos años antes. Es revelador sobre el ambiente de fanatismo que podía alcanzarse en las representaciones de esta ópera, como el testimonio de Tchaikovsky al asistir a una función en el Bolshoi, muchos años después: «Todo el público gritaba "¡Abajo con los polacos!" cuando éstos salían al escenario. En la última escena del cuarto acto, cuando los polacos se disponen a matar a Susanin, el cantante que lo interpretaba sacudió los brazos con tal fuerza que tiró al suelo por accidente a algunos coristas que representaban a los polacos. Cuando los restantes ‘polacos’ vieron que este insulto al arte, la verdad y la decencia era celebrado a gritos por el público, empezaron a tirarse también al suelo haciéndose los muer-tos hasta que sólo quedó en pie el triunfante Susanin, desarmado y agitando el puño, ante el estruendoso aplauso del público moscovita. Cuando fue mostrada la imagen del zar en el epílogo, tuvo lugar un tumulto imposible de describir con palabras».

 

EL CAFÉ ESMERALDA Y LA BOHEMIA

Hemos hablado de anarquistas, espiritismo, círculos literarios, Valle Inclán, etc. Todo ese mundo solía frecuentas los cafés literarios y lugares de mal vivir. Uno de los primeros cafés literarios de Madrid fue el Café Esmeralda, situado entonces en el número 22, esquina a la calle de la Aduana. Es descrito como proporciones muy limitadas y de condición muy modesta, aunque ello no fue impedimento para que en él tuvieran lugar una de las tertulias literarias más famosas de la mitad del siglo XIX y de la que surgiría nada menos que la llamada Generación del 68. Fue uno de los epicentros de la literatura, de los progresistas y liberales y de la temprana bohemia madrileña. El inicio del siglo XX se llevaría por delante al viejo café de la Esmeralda, como más adelante también sucumbiría el edificio situado junto a él, que tenía la misma hechura. 

 

EL ATENEO DE MADRID: ANARQUÍA FILOSÓFICA

Pero no sólo estuvo aquí situado este epicentro de la bohemia. Un número más allá, estuvo situado el famoso Ateneo Científico y Literario de Madrid, en el actual número 24 de la calle de la Montera, lugar que ocupa un ya obsoleto y enorme edificio contemporáneo, con pasaje a la calle de la Aduana. Fue allí donde estuvo la desaparecida casa en que se ubicaron el Banco de San Carlos (antecedente del Banco de España) y el Ateneo Científico y Literario de Madrid. En el año 1820 las mentes ilustradas pensaron en la necesidad de afianzar en el país una mentalidad liberal mediante el debate, la discusión abierta y la expansión de las luces. Aparece entonces el Ateneo, que tras la desaparición del absolutismo de Fernando VII se convertirá en el Ateneo Científico y Literario, luego también Artístico, en el año 1835.  Desde su fundación, es objeto de habladurías. Se dice que «ciertos días, desde las siete de la tarde», a causa del Ateneo, no hay quien pase por allí. No es de extrañar. Ingenios como los de Manuel Becerra, hablando de astronomía; Amador de los Ríos, sobre los judíos; Valera, de la filosofía de lo bello, o Echegaray; de relaciones internacionales, crean expectación.

 

En los heterogéneos ámbitos de la casa -el Wagón, la Cometa o la Cacharrería- maestros y novatos discuten «hasta la anarquía filosófica». La biblioteca sigue siendo el sancta sanctorum del Ateneo.

Hoy no queda más que un casual recuerdo del Ateneo de la calle de la Montera, el nombre de un hotel.

 

LOS ALMACENES ARIAS Y EL ETERNO FUEGO

Los famosos almacenes ardieron en la noche del 5 de septiembre de 1987. El incendio se desencadenó en la tercera planta de los almacenes y, durante las labores de extinción, ya durante la madrugada, una parte de la estructura metálica se desplomó y atrapó a estas 10 personas, que murieron en el acto. En el momento de desencadenarse el incendio, trabajaban 65 de los 126 que formaban la plantilla. El fuego se extendió tan rápidamente, que se gritaba que salieran inmediatamente sin atender al dinero que había en las cajas. Las muertes se produjeron hacia las 2:45 de la madrugada, cuando se desplomó uno de los techos y dejó atrapados a un grupo de bomberos. El entonces alcalde la ciudad, el infame Juan Barranco, estaba en esos momentos en la plaza de las ventas, asistiendo a un concierto de Joan Manuel Serrat. Durante mucho tiempo, se sospechó que el incendio había sido causado por la misma familia Arias, que atravesando una nefasta situación habría quemado el edificio intencionadamente para cobrar el seguro. Debían afrontar numerosos despidos y el incendio pareció una ocasión idónea. Varios testigos, entre ellos bomberos,  dijeron ver tres diferentes focos de origen del incendio. 

 

El sumario judicial relativo al incendio continuaba abierto en 1990, fecha en la que el juez encargado del caso tenía que decidir el archivo de la causa, como así se produjo, después de que los familiares de las víctimas retirasen los cargos contra los hermanos Arias y el Ayuntamiento, por posible imprudencia temeraria. El solar que ocupaban los almacenes, en la calle de la Montera, se negoció por la propiedad y fue adquirido por la empresa británica Virgin para montar una megastore de discos que, finalmente no se llevaría a cabo. En la actualidad el espacio de los antiguos Almacenes Arias lo ocupa una multisala de cines llamada Acteón.

Fue del nombre de los almacenes de donde tomó el nombre la banda punk Derribos Arias. Casi parecían profetizar lo que pasaría después. Derribos Arias duró de 1981 a 1987, pero el año en que se disolvieron se desató el incendio que terminó con el derribo de los almacenes Arias.

poch, cantante de derribos arias

poch, cantante de derribos arias

 

El edificio parecía atraído por el fuego. En enero de 1964 otro enorme incendio casi lo devastó, al afectar a todas sus plantas, pero pudo extinguirse. Frente al edificio, había entonces una cafetería con un nombre nada apropiado: Lucky. De hecho, la publicidad de los almacenes solía aparecer rezar «Los almacenes de la suerte». El lugar estaba ausente de toda suerte.

 

UNA IGLESIA EN LLAMAS

Las autoridades y los madrileños más ancianos recordaron con pavor otro gigantesco incendio que se produjo justo en ese mismo lugar. Allí estuvo emplazada la iglesia parroquial de San Luís Obispo, incendiada por militantes del Frente Popular en la primavera de 1936.

Los madrileños contemplan los restos calcinados de la iglesia de san luis obispo

Los madrileños contemplan los restos calcinados de la iglesia de san luis obispo

Pero, mejor leamos el relato del incendio escrito por un «ciudadano de bien»:

«Pues bien, en mi recorrido por la calle Mayor era muy frecuente encontrarme con alguna manifestación en dirección a la Puerta del Sol, sede entonces del Ministerio de la Gobernación. Puño en alto, profiriendo los insultos mas soeces contra “la caverna”, marchaban hombres y mujeres de rostros patibularios que infundían terror a su paso, siempre violento y amenazador con alusiones a la inmediata revolución para implantar lo que llamaban “comunismo libertario” o “dictadura del proletariado”. Solían ir cantando la “Joven guardia” cuyo estribillo era “no les des paz ni cuartel”, refiriéndose a las derechas en general y a los burgueses y falangistas en particular. Su grito predilecto, siempre alzando el puño amenazador, era “U. H. P.” cuyo significado era “Unión de Hermanos Proletarios”, aunque las siglas recibían frecuentemente otra interpretación. Dentro de estos casi continuos aquelarres no faltaban grupos de mujeres sucias y desgreñadas que, a su vez, entonaban repetidamente el grito de “¡hijos si, maridos no!”, expresión que demuestra que sus seguidoras de estos tiempos son bastante menos decentes que sus antecesoras quienes, al menos, no defendían el aborto como método anticonceptivo ni, por supuesto, la entonces desconocida píldora postcoital, tan difundida hoy desde los medios gubernamentales. Aquellas no admitían maridos, pero, por lo menos, tenían la decencia de no propugnar el asesinato de sus hijos en su vientre. Una tarde, días antes de la festividad de San José, mi padre, que era Teniente de la Guardia Civil, fue a recogerme al Colegio desde donde le acompañé a la Gran Vía donde iba a realizar no sé qué gestiones. Naturalmente, yo iba de su mano sintiendo una seguridad no habitual en aquellos días. Concluidas sus gestiones mi padre se dirigió conmigo hacia la Plaza Mayor para tomar el tranvía que nos llevaría hasta nuestro domicilio. Para ello descendimos desde la Red de San Luis por la calle de la Montera; a mitad de nuestro recorrido vimos a nuestra derecha un numeroso grupo de patibularios congregado frente a la iglesia de San Luis que, violentamente y entre blasfemias, entraban y salían del templo obligando a quienes estaban dentro a salir a la calle donde eran cubiertos de insultos y amenazas. Otros de aquellos energúmenos blandían latas de gasolina con la que rociaban la puerta principal y los pies del templo mostrando así la intención evidente de prenderle fuego. Vista la situación, mi padre, que vestía de paisano, aceleró nuestra marcha para llegar lo más rápidamente posible a la Puerta del Sol, donde se dirigió, una vez identificado, al Teniente jefe del retén de Guardias de Asalto que se encontraban en el edificio formando parte de su guardia. Allí requirió al citado Teniente para que acudiese con sus hombres a la iglesia de San Luis, situada unos 200 metros más arriba, para impedir la actuación de los incendiarios. El Oficial informó a mi padre de que tenía órdenes expresas de no acudir a disolver ningún tipo de manifestación, aunque las intenciones de sus componentes fuesen evidentes. Tras un breve intercambio de frases mi padre se rindió a la evidencia de que las órdenes del gobierno eran no impedir en modo alguno ningún acto de violencia callejera y menos si se dirigían contra la Iglesia. Mi padre intentó volver sobre nuestros pasos hacia la iglesia de San Luis pero el propio Teniente le disuadió ante el peligro que íbamos a correr mi padre y yo. Esto no obstante mi padre se aproximó a la embocadura de la calle de la Montera desde donde presenciamos cómo el edificio de la iglesia era envuelto por las llamas que, en menos de media hora, abarcaron todo el templo del que sólo se pudieron salvar escasos enseres, entre ellos los vasos sagrados que fueron llevados a la cercana iglesia del Carmen ante el regocijo de los allí congregados que impedían el acceso de los bomberos al incendio. Al día siguiente, la prensa daba cuenta escuetamente de lo sucedido sin añadir comentario de condena alguno pues el miedo invadía ya a todos los ciudadanos».

Terminada la guerra civil, lo que quedaba de la fachada de San Luis fue trasladado a los pies de la cercana iglesia del Carmen, remodelada para ampliar la calle de la Salud. Allí está lo que fue portada de San Luis.

Del incendio tan solo se salvó la fachada principal que en 1950 fue colocada en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, que también fue atacada por milicianos de la CNT. El agosto de 1936 se publicó una noticia que aseguraba que se habían encontrado los cadáveres, bajo el altar mayor, de 65 personas, entre los que habían monjas, fetos y niños. Apareció una foto de varios milicianos posando junto a las momias. 

 

EL MURAL DE FROM HELL: DR. GULL ATRAVESANDO MONTERA

Justo frente a los antiguos almacenes, con toda su historia de fuegos eternos, se alza un mural inusitadamente curioso. A nosotros nos parece que la pintura, en la que se ve un cochero atravesando la calle a toda velocidad, recuerda mucho al From Hell de Moore.

Este sorprendente mural muestra al Dr. Gull dentro de su carruaje, en busca de víctimas. Jack el Destripador paseándose por la calle Montera.

Este es un ejemplo de que la historia siempre acaba repitiéndose, paseándose por el presente de los vivos. Tan sólo hace falta reencantar las calles y nuestra mirada y, al igual que hizo Alan Moore con Northampton, convertir Montera en la capital del mundo

mural del dr. gull en la calle montera

mural del dr. gull en la calle montera